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Palabras
Primavera de los barriletes
Es la tradición infantil del arte
de elevar piscuchas de papel. Una costumbre de antiquísimos orígenes,
seguramente orientales.
Publicada 27 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Como parte de nuestra cultura, el cometa o papalote representa a la
niñez. Niñez de una raza que se expandió por el mundo,
buscando sus sueños y que pintó en su cielo la colorida
y fugaz primavera de los barriletes.
Los antiguos vientos fríos y salvajes de la infancia, en estos
días de nuestra primavera austral, elevaron siempre los sueños
y las piscuchas de la gente. Era el deseo de que un dragón de colorido
celofán surcara los aires, al igual que se alzan los sueños
de aquellos que anhelaron volar con las alas del corazón.
Siempre comparé a las piscuchas con las ilusiones humanas. Se elevan
en el aire, a gran altura, pero su vida pende de un hilo frágil
como el mismo destino de los hombres. Los impetuosos chiquillos que elevaron
sus papalotes --y se volvieron diestros en el arte de elevar cometas--
tendrían mañana que enfilar en el aire sus sueños
y proyectos.
Como lo hicieron con las piscuchas voladoras. Esas que cual las golondrinas
de Capistrano, siempre volvieron al año entre los vientos azules
de nuestra floración austral, sobrevolando el barrio.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Década de la locura
Los desórdenes, lo que los comunistas llaman “la protesta
social”, son una permanente provocación a la paciencia del
público y a las autoridades. En los años anteriores a la
década de la locura, las marchas y demostraciones se montaban todas
las tardes, por lo general a lo largo de la Rubén Darío.
Con el tiempo las marchas se fueron volviendo más virulentas, hasta
llegar a los enfrentamientos que terminan con “muertecitos”.
Y una vez que se produce el “muertecito”, por lo general estudiantejos
o sindicalistas que sirven de carne de cañón, sobreviene
la crisis y surge la muy orquestada denuncia internacional.
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