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Opinando
Graves anomalías

La incapacidad de los gobiernos para actuar en un contexto visionario, de responsabilidad, sin compromisos y ataduras, ha imposibilitado gestiones que propicien un mejor país

Publicada 27 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Rafael Rodríguez Loucel*
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

La sociedad salvadoreña está enferma, lo confirman las cotidianas dimensiones de las tragedias, relatadas una y otra vez hasta el cansancio, por los medios de comunicación que nos enteran de las noticias del día. Son el mismo cúmulo de problemas, denunciados y sometidos al enjuiciamiento popular, una y otra vez, ampulosamente analizados por los políticos de turno, que aseguran sus prontas soluciones, de una vez por todas.

Aparecen en las pantallas de los televisores y en las fotografías de los rotativos importantes, preocupados por asegurarnos el bienestar, la paz y la tranquilidad de los millones de esperanzados salvadoreños, sedientos no sólo del agua del Anda sino también de la seguridad ciudadana, que gozan unos pocos que pueden comprar lujosos carros 4x4, y pagar los guardaespaldas que los protegen.

Un examen de la situación de hoy en día, apunta a la existencia de problemas palpables y a la persistencia de dañinas actitudes, que supuestamente se atribuyen a la gran existencia de “malos”, empeñados en hacernos la vida a cuadritos, a pesar de la buena voluntad de las autoridades responsables. Entre ellos, unos y otros se acusan de ineficiencia, de proteger sus intereses y de estar inmersos en los más recónditos antros de la corrupción y las actividades mafiosas.

Hay problemas palpables y otros de actitudes. Entre los primeros figura el incremento de la violencia y por ende la inseguridad ciudadana. Las noticias cotidianas de los medios de comunicación que hacen bulto son la descripción de asesinatos, la época es propicia para su incremento estacional, la policía es impotente y las maras han desbordado el control de las autoridades, llegándose a los linderos de la anarquía como ha acontecido en otros países. El papel del Estado ha sido vulnerado, hay dos gobiernos, dos tributaciones para diferentes fondos, dos ciudades, dos gobernantes tal vez y hasta dos países.

A propósito de esto último y según la presentación del Informe del Desarrollo Humano del PNUD, parece que hemos estado analizando y planificando un país que no es. El verdadero es de 20.000 kilómetros cuadrados, de 8 millones de habitantes, con 14+1 departamentos, con una dependencia exagerada de las remesas familiares y una política migratoria deliberada. El lector tiene todo el tiempo y libertad de interpretar esta afirmación.

Volviendo al tema de la violencia, según Vargas Llosa, remembrando a Ortega y Gasset, expresa que “la masa es también una realidad nueva en las democracias donde el individuo tiende cada vez a ser absorbido por conjuntos gregarios a quienes corresponde el protagonismo de la vida pública, un fenómeno en el que se ve un retorno del primitivismo y de ciertas formas de barbarie disimuladas bajo el atuendo de la modernidad”.

Todas las anomalías como las antes descritas tienen sus antecedentes. El conformismo, la apatía, la adaptación a las circunstancias, el temor al cambio, las dependencias; los defectos ancestrales y/o culturales, que en gran parte ha impedido el crecimiento individual y de la sociedad en su conjunto. La sociedad salvadoreña ha fallado en la evolución de su crecimiento y por lo contrario se ha estancado. No ha podido conformar o aceptar su propio diagnóstico, del cual partir para avanzar; la apariencia de pretender ser una ciudad de hierro y cemento se ha convertido en un avance cosmético focalizado que oculta su verdadera realidad social del resto del país: de índices de educación, salud y calidad de vida en general, extremadamente bajos.

La incapacidad de los gobiernos para actuar en un contexto visionario, de responsabilidad, sin compromisos y ataduras, ha imposibilitado gestiones que propicien un mejor país a pesar de que este valga la pena. Aprovechando el espacio y sólo para mencionar otras cosas que quizás sólo a algunos nos incomodan y nos hastían que se susciten en un país pobre, está la politiquería, que nos tiene secuestrados.

*Colaborador de El Diario de Hoy y vicerrector de la Universidad Tecnológica de El Salvador.

 

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