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Economía para todos
Presupuesto (marque ya 3338)

La inflación es el peor de los impuestos, ya que afecta en especial a las personas que tienen ingresos fijos, como los asalariados y los jubilados. Un círculo vicioso de pobreza

Publicada 27 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

Usted habrá notado que durante la semana pasada hubo en El Salvador una noticia económica tan excluyente que se publicaba directamente en los titulares. ¿De qué se trataba? De la aprobación del presupuesto.

Me refiero naturalmente al presupuesto general del Estado, herramienta de gestión que utilizan todos los gobiernos del mundo, aun cuando sus procesos de elaboración y aprobación suelen diferir mucho entre diferentes países.

En los Estados Unidos, por ejemplo, durante el mes de febrero el Presidente propone un presupuesto para el “año fiscal” siguiente, el cual comienza en octubre (los estadounidenses son raros hasta para las fechas, ¿vio?…). Claro que lo habitual es llegar a septiembre con tres versiones diferentes…, que suelen conciliarse a último momento.
¡Exactamente!, tal como usted lo imaginaba, la costumbre de negociar votos, así como también la de aprobar las cosas a último momento, no es una característica exclusivamente cuscatleca.

Es por ello oportuno, pocos días después de haberse aprobado el presupuesto 2006, analizar conceptualmente en qué consiste un presupuesto estatal, y qué cosas implica.

La elaboración y aprobación de un presupuesto es un proceso para decidir cuánto dinero se gastará en hacer funcionar el aparato estatal de un país, y para determinar cuáles serán las fuentes de financiamiento de tales gastos.

En buen salvadoreño, todo consiste en establecer dos cosas: Cuánto pisto gastará el Estado durante el año siguiente, y cómo lo va a conseguir (¿impuestos?, ¿préstamos?). Suena fácil, ¿no?

¡Ah!, cuando le hablen de “política fiscal”, seguramente con voz solemne…, usted pise la pelota con tranquilidad, al estilo Riquelme, y sepa que la conversación girará esencialmente sobre esas dos cosas.

En el caso de El Salvador, luego de la reciente aprobación del presupuesto, quedó establecido que durante el año 2006 el Estado podrá incurrir en un gasto público de 3,338 millones de dólares.

Muy bien, pero ¿en qué gasta el dinero un Estado? Si usted mira el detalle del presupuesto aprobado, que es análogo al de otros países, verá una distribución específica por instituciones, tales como Educación, Salud, Organo Judicial, etc. Aunque desde un punto de vista económico es más interesante hacer una clasificación conceptual. ¿What?

Es que hay básicamente cuatro cosas en las cuales un Estado puede gastar dinero: 1) en pagar sueldos y jubilaciones a empleados estatales, 2) en comprar bienes y servicios para mantenerse en funcionamiento, 3) en pagar intereses y capital de la deuda estatal, y 4) en otorgar subsidios a distintos grupos (algunos, realmente necesitados. Otros, pícaros “dizque” empresarios…). Sigue simple la cosa, ¿no?

¿Y cómo se financian tales gastos? En última instancia, siempre es a través de la carga impositiva, que son las transferencias obligatorias de recursos desde aquéllos que pagan los impuestos, hacia aquéllos que reciben los beneficios del gasto estatal.
Pero, ¿no se podría financiar el gasto estatal con endeudamiento?, ¿con la venta de empresas estatales?, ¿o con la emisión de dinero?

El endeudamiento es una forma aparentemente distinta que tiene un Estado de financiarse…, pero la realidad es que los préstamos que hoy toma sólo se podrán pagar cobrando impuestos en el futuro. Lo cual de por sí no es bueno ni malo, sino un hecho.

La venta de empresas estatales es también otra forma aparentemente distinta que tiene un Estado de financiarse…, pero la realidad es que dichas empresas se construyeron con impuestos que se cobraron en el pasado.

Y si se pudiera emitir dinero, ¡qué fácil sería para el Estado disponer de más recursos y así financiar más gasto! Sin ninguna duda sería fácil…, pero también inflacionario, y por lo tanto injusto con los más pobres.

La inflación es el peor de los impuestos, ya que afecta en especial a las personas que tienen ingresos fijos, como los asalariados y los jubilados. Un círculo vicioso de pobreza.
Habiendo tenido el dudoso privilegio de vivir (mejor dicho, de sobrevivir) una de las hiperinflaciones más violentas de la historia mundial, como fue la de Argentina en 1989 (con un inimaginable 200% mensual…, ¡triple ooops!), no le recomiendo esa alternativa…
¡Ah!, por si se la mencionan (con voz seria…), a eso le llaman “política monetaria”, y en Latino América siempre ha sido “El problema”, o el “Santo pecado”, como diría Arjona.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires) Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

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