| Alejandro
Alle*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Usted
habrá notado que durante la semana pasada hubo en El Salvador una
noticia económica tan excluyente que se publicaba directamente
en los titulares. ¿De qué se trataba? De la aprobación
del presupuesto.
Me refiero naturalmente al presupuesto general del Estado, herramienta
de gestión que utilizan todos los gobiernos del mundo, aun cuando
sus procesos de elaboración y aprobación suelen diferir
mucho entre diferentes países.
En los Estados Unidos, por ejemplo, durante el mes de febrero el Presidente
propone un presupuesto para el “año fiscal” siguiente,
el cual comienza en octubre (los estadounidenses son raros hasta para
las fechas, ¿vio?…). Claro que lo habitual es llegar a septiembre
con tres versiones diferentes…, que suelen conciliarse a último
momento.
¡Exactamente!, tal como usted lo imaginaba, la costumbre de negociar
votos, así como también la de aprobar las cosas a último
momento, no es una característica exclusivamente cuscatleca.
Es por ello oportuno, pocos días después de haberse aprobado
el presupuesto 2006, analizar conceptualmente en qué consiste un
presupuesto estatal, y qué cosas implica.
La elaboración y aprobación de un presupuesto es un proceso
para decidir cuánto dinero se gastará en hacer funcionar
el aparato estatal de un país, y para determinar cuáles
serán las fuentes de financiamiento de tales gastos.
En buen salvadoreño, todo consiste en establecer dos cosas: Cuánto
pisto gastará el Estado durante el año siguiente, y cómo
lo va a conseguir (¿impuestos?, ¿préstamos?). Suena
fácil, ¿no?
¡Ah!, cuando le hablen de “política fiscal”,
seguramente con voz solemne…, usted pise la pelota con tranquilidad,
al estilo Riquelme, y sepa que la conversación girará esencialmente
sobre esas dos cosas.
En el caso de El Salvador, luego de la reciente aprobación del
presupuesto, quedó establecido que durante el año 2006 el
Estado podrá incurrir en un gasto público de 3,338 millones
de dólares.
Muy bien, pero ¿en qué gasta el dinero un Estado? Si usted
mira el detalle del presupuesto aprobado, que es análogo al de
otros países, verá una distribución específica
por instituciones, tales como Educación, Salud, Organo Judicial,
etc. Aunque desde un punto de vista económico es más interesante
hacer una clasificación conceptual. ¿What?
Es que hay básicamente cuatro cosas en las cuales un Estado puede
gastar dinero: 1) en pagar sueldos y jubilaciones a empleados estatales,
2) en comprar bienes y servicios para mantenerse en funcionamiento, 3)
en pagar intereses y capital de la deuda estatal, y 4) en otorgar subsidios
a distintos grupos (algunos, realmente necesitados. Otros, pícaros
“dizque” empresarios…). Sigue simple la cosa, ¿no?
¿Y cómo se financian tales gastos? En última instancia,
siempre es a través de la carga impositiva, que son las transferencias
obligatorias de recursos desde aquéllos que pagan los impuestos,
hacia aquéllos que reciben los beneficios del gasto estatal.
Pero, ¿no se podría financiar el gasto estatal con endeudamiento?,
¿con la venta de empresas estatales?, ¿o con la emisión
de dinero?
El endeudamiento es una forma aparentemente distinta que tiene un Estado
de financiarse…, pero la realidad es que los préstamos que
hoy toma sólo se podrán pagar cobrando impuestos en el futuro.
Lo cual de por sí no es bueno ni malo, sino un hecho.
La venta de empresas estatales es también otra forma aparentemente
distinta que tiene un Estado de financiarse…, pero la realidad es
que dichas empresas se construyeron con impuestos que se cobraron en el
pasado.
Y si se pudiera emitir dinero, ¡qué fácil sería
para el Estado disponer de más recursos y así financiar
más gasto! Sin ninguna duda sería fácil…, pero
también inflacionario, y por lo tanto injusto con los más
pobres.
La inflación es el peor de los impuestos, ya que afecta en especial
a las personas que tienen ingresos fijos, como los asalariados y los jubilados.
Un círculo vicioso de pobreza.
Habiendo tenido el dudoso privilegio de vivir (mejor dicho, de sobrevivir)
una de las hiperinflaciones más violentas de la historia mundial,
como fue la de Argentina en 1989 (con un inimaginable 200% mensual…,
¡triple ooops!), no le recomiendo esa alternativa…
¡Ah!, por si se la mencionan (con voz seria…), a eso le llaman
“política monetaria”, y en Latino América siempre
ha sido “El problema”, o el “Santo pecado”, como
diría Arjona.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires) Columnista
de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com
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