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La Nota del Día
La nefasta tradición de maltratar niños

Los niños son maltratados y al crecer se convierten, en una significativa parte, en maltratadores de sus hijos o hijastros

Publicada 27 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Falta en El Salvador, como lo dice el vicepresidente del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, Norberto Liwski, una ley de protección integral de la niñez, pero más que leyes lo que se necesita es recuperar la buena conciencia sobre la protección que nos merecen los niños en general y los propios en particular. En nuestro país el maltrato a los niños es una nefasta herencia de viejos tiempos, quizá originada por las actitudes que tuvieron los indígenas hacia ellos.

El mal tiene su punto de partida en los hogares y la actitud del varón salvadoreño respecto a sus hijos. El “gran deporte nacional” ha sido, para la mayoría de hombres, seducir a la mujer, embarazarla y emprender la fuga. De allí tantos hogares con niños sin padre, donde el compañero de la madre se considera un personaje posiblemente transitorio pero además no merecedor de cariño de parte de los hijastros. O todavía peor, el compañero de la mujer es el que castiga, es la amenaza permanente, el violador potencial de las niñas, el que da mal ejemplo. Al final de sus vidas estos hombres viven sin afecto de nadie, olvidados.

Hasta hoy lo que domina es una especie de círculo vicioso: los niños son maltratados y al crecer se convierten, en una significativa parte, en maltratadores de sus hijos o hijastros. Aunque muchas familias y parejas hayan emigrado en el último par de décadas del campo a las ciudades, lo que prevalece son los hábitos y tradiciones de la campiña, vale decir de la parte más primitiva de la sociedad.

Obviamente, “con la educación, el ejemplo, la vida recatada” las familias pueden cambiar, pero son cambios no generalizados y siempre muy restringidos. ¿Es que la solución sería, como afirma Liwski, que se decretaran leyes? Creemos que eso es al menos parte de la solución y de acuerdo con las leyes que se contemplen, pues “leyes” son muchas, inclusive las regulaciones que prohiben o limitan en gran manera el aprendizaje de los niños y el trabajo de los adolescentes. Leyes perversas tienen resultados perversos, como en el caso que señalamos.

Que cada varón cuide a sus hijos

La ley (o conjunto de leyes) que hace falta, es la que obligue al varón a sostener a sus hijos, imponiendo fuertes sanciones al que no lo haga. En los tiempos presentes, con las pruebas de DNA un varón no puede desconocer a sus hijos y, a la inversa, tampoco puede una mujer inescrupulosa meterle un niño de otro. Eso tiene un efecto inmediato: que los hombres van a pensarlo antes de embarazar a una mujer, pues la posibilidad de fuga se termina. Esa clase de legislación tiene un efecto muy estabilizador sobre la vida de la familia, pues obliga a todos a poner algo de su parte para que lo inevitable no salga tan mal.

Pero también hay que educar bien a los niños para que aprendan moral, para que tengan arraigadas nociones sobre el bien y el mal, que sepan en qué consiste el trato constructivo y civilizado hacia sus semejantes. Eso implica una mejora en la enseñanza y un reforzamiento al estudio y las prácticas conducentes a hacer de cada alumno una persona de bien.


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