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En El Salvador
El patrimonio prehispánico

Los vestigios evidencian culturas muy diversas. En 1524, los conquistadores españoles se encontraron con pueblos de habla nahua, maya, lenca, cacaopera… Y la población ya era muy densa

Publicada 26 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Sébastien Perrot-Minnot*
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

En 1912, en una conferencia dictada en París, el sabio salvadoreño Atilio Peccorini, lamentaba la poca atención hacia el inmenso patrimonio prehispánico de su Patria. Más de ocho décadas después, la investigación arqueológica ha logrado grandes avances, no obstante se requiere todavía grandes esfuerzos para explorar el legado prehispánico, preservarlo y valorarlo.

Duele oír, a veces, comentarios sobre la supuesta modestia del pasado precolombino de El Salvador, cuando la realidad es muy diferente.

Son más de 600 los sitios prehispánicos actualmente registrados por el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura, Ministerio de Educación), la institución oficial a cargo del patrimonio arqueológico. Estos sitios representan casi 3000 años de desarrollo indígena.

Las acrópolis, pirámides, plataformas, canchas de juego de pelota, residencias y calzadas cohabitan con vestigios menores pero no menos impresionantes: esculturas, petrograbados, vasijas, incensarios, navajas y puntas de obsidiana, adornos u objetos ceremoniales de jade y concha…

Por otra parte, los restos de humildes casas, la vajilla y las piedras de moler nos dejan un emocionante testimonio de la vida diaria de estas poblaciones antiguas, cuya dieta se basaba en el maíz.

Los vestigios evidencian culturas muy diversas. En 1524, los conquistadores españoles se encontraron con pueblos de habla nahua, maya, lenca, chorotega, cacaopera… Y la población ya era muy densa.

Los primeros habitantes del territorio salvadoreño se adaptaron muy bien a distintos entornos geográficos, en las montañas y la costa. Se beneficiaron de las fértiles tierras volcánicas, pero a la vez, sufrieron por los desastres causados por los volcanes.

El sitio de Joya de Cerén, inscrito en la lista del patrimonio mundial de la Unesco desde 1993, permite apreciar las trágicas consecuencias de una erupción ocurrida en el año 600 d. C.

Es posible que los desafíos de la naturaleza hayan tenido como consecuencia un avanzado desarrollo social y técnico de los grupos humanos.

Por otro lado, este desarrollo se hizo en relación con otras regiones, a veces lejanas, de Centro América y México.

Una compleja red comercial permitía el intercambio de cacao, obsidiana, sal, plumas, conchas, jade, pedernal, cerámica, etc.

Hoy en día, pocos sitios arqueológicos de El Salvador han sido restaurados y arreglados para recibir a los visitantes. A veces, los vestigios del grandioso pasado prehispánico se ven miserables, alterados por el saqueo, las construcciones modernas, los cultivos…

Pero no significa que dichos vestigios sean perdidos. Siempre es tiempo de preservarlos y valorarlos.

El legado prehispánico es un legítimo motivo de orgullo para la nación salvadoreña, y su protección es un patriótico deber. Además, los sitios fortalecen el desarrollo del turismo cultural, que atrae a tantos visitantes a Guatemala y México, por ejemplo.

Concluiré notando que el pasado prehispánico dejó también sus huellas en tradiciones y leyendas actuales.

Como las columnas del poema de Paul Valéry (1919), las antigüedades de El Salvador podrían decir: “Caminamos en el tiempo/Y nuestros cuerpos resplandecientes/Tienen pasos inefables/Que marcan en las fábulas…”

*Arqueólogo francés. perrotminnot@yahoo.fr

 

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