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Cartas a los jóvenes
El inmenso valor de la pureza

La pureza es una cualidad, es un adjetivo. No es algo que exista por sí misma. Pero sí es algo que mejora lo especialmente valioso. Ello porque es propio de la naturaleza humana no corrompida

Publicada 26 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
PRIMERA PARTE
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

Queridos jóvenes: escribo a todos los que tienen un espíritu joven, limpio, alegre, generoso, cualquiera que sea vuestra edad. Hay gente de pocos años que ya tienen su alma sucia, turbia, sin ilusiones, envejecida. Esos no entenderán lo que escribo. Y existen también algunas personas que conservan, en medio de las arrugas de la piel y los achaques de una edad avanzada, una perenne juventud de ánimo, que sí sabrán agradecerme lo que hoy quiero decirles.

Ya en otra ocasión señalé como una muestra de decadencia cultural, de una sociedad y unas costumbres enfermas, el gusto por lo sucio, por lo desaseado, por lo ruinoso, lo chocante --incluso repelente--, toda esa miseria estética y moral que pretenden mostrarnos como algo novedoso, como un logro artístico, abominando de cualquier forma de belleza agradable.

Se encuentra con frecuencia en la pintura contemporánea, en esos cuadros de colores oscuros o indefinidos, donde si dibujan la figura humana es adoptando deformidades grotescas, ridículas o repelentes.

El español Gutiérrez Solana, el belga James Ensor y sobre todo el irlandés Francis Bacon, son una buena muestra, todavía con cualidades artísticas, de esto que les digo. Ese mal ha ido avanzando y muchas de las obras de arte actuales son verdaderos adefesios y mamarrachos.

Se encuentra aún más exagerado en esos conjuntos musicales que se fotografían compitiendo en ademanes agresivos, gestos sombríos, incluso patibularios y escasa vestimenta también oscura, rota y descuidada, con adornos de pretensiones cadavéricas o infernales. La moda lo exige, piensan. Sería triste que ustedes lo estimaran por bueno. De esos “artistas” no necesito nombrar ejemplos. Los jóvenes de edad pueden señalar muchos más nombres de los que yo podría mostrar.

La pureza es una cualidad, es un adjetivo. No es algo que exista por sí misma. Pero sí es algo que mejora lo especialmente valioso. Ello porque es propio de la naturaleza humana no corrompida, el gusto por lo puro en sus diversas manifestaciones. Si alguien recibe una joya como regalo le gusta que el oro sea oro de verdad, oro puro y no una falsedad de cobre o de latón. Si la joya lleva un brillante o una esmeralda, que sean de gran pureza, sin una veta de alguna otra sustancia que la afee.

En el lenguaje corriente --”en román paladino, el que cada quien habla con su vecino”-- también si queremos asegurar algo que estamos diciendo, insistimos en que es “la pura verdad”, que lo hacemos “por puro desinterés”, o por “puritito amor”. Si estamos sedientos no queremos beber cualquier agua, sino la que es pura, cristalina, sin contaminantes. Hasta esos cigarros que se llaman “puros” deben su nombre a que están hechos sólo de un enrollado de puras hojas de tabaco.

Si vamos al diccionario de sinónimos encontramos que lo puro se hermana y casi se iguala con lo limpio, lo íntegro, lo inmaculado, lo incontaminado, lo pulcro, lo diáfano, lo casto, lo honesto, lo intacto, lo genuino, lo valioso.

A estas alturas de mi carta, más de alguna lectora o lector estará pensando: ¿A dónde quiere usted ir a parar?... Ya lo he dicho: a que es una muestra de salud mental y moral el que sintonicemos con agrado, con amor, a que nos guste, lo que es limpio, nuevo, nítido, puro, porque eso ya es una nota de belleza. ¿Quién le regalaría a la novia o a la mamá un ramo de flores mustias, ajadas o sucias? ¿Quién envolvería un regalo de Navidad en un papel de periódico atado con una pita vieja y una chonga sacada del basurero? Repito que está en nuestra naturaleza, casi espontáneamente, la inclinación por lo que muestra en alguna de sus distintas formas, la cualidad y calidad de la pureza.

Por eso, queridos jóvenes, cuando se ataca a alguna forma de pureza --mucho más si va contra vuestra pureza en el amor-- bajo el disfraz de progreso, liberación, placer o felicidad, entonces pónganse en guardia porque alguien, de seguro, quiere engañarles. No teman amar la pureza del cuerpo, la castidad en lo sexual, incluyendo la virginidad, antes del matrimonio. Les dirán que eso es ridículo, anticuado, nocivo. No les crean. Todo eso es bueno, muy bueno, contrario a lo que les pretenden enseñar alguno de los vendidos a la internacional de la muerte.

Pero de esa pureza, la del cuerpo y del poder genésico ya les hablaré en mi próxima carta. ¡Cuídense y que Dios me los bendiga!

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net

 

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