| Eduardo
Torres*
El Diario de Hoy
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En
estos tiempos de frenética actividad cotidiana, producto de la
globalización como fenómeno histórico, en el contexto
de las características carreras de fin de año, no puede
haber fecha más propicia que este día --de la Noche Buena--
para auto evaluarnos, interiormente, y ver cómo se encuentra cada
quien en la vida. Virtuoso quien día tras día, ha logrado
ya con ayuda superior tener esto como prioridad uno en su vida.
Décadas después de que sinónimo exclusivo de inteligencia
era el coeficiente intelectual -”IQ”- de cada quien, surgió
con fuerza en los ochenta y noventa la tesis de la inteligencia emocional,
que en mucho equivale decir sentido común. Frecuente es observar
enormes talentos desperdiciados por falta de ella, para no tocar todavía
el tema del sufrimiento humano, pero es que excluyendo principios y valores,
todo lo demás cambia en la vida.
Habiendo avanzado tanto la medicina durante el siglo pasado, erradicando
enfermedades como la viruela y el sarampión-, los desafíos
se centran ahora en enfermedades como el Sida y, producto del estrés
en que vivimos, cáncer, corazón y las enfermedades de la
mente y del alma, léase adicciones, que inevitablemente llevan
al exacerbado sufrimiento humano.
La inteligencia espiritual, que no necesariamente tiene que ver con religión,
pero si con principios y valores, toma fuerza en este nuevo milenio cuando
la pregunta de muchos es hacia dónde vamos, en un mundo en que
los críticos de la globalización la tildan de “deshumanizada”.
Siendo la globalización un fenómeno histórico, como
en su momento fue la revolución industrial, el punto no es si nos
gusta o no nos gusta, pero cómo podemos tener éxito en el
contexto histórico en que vivimos.
En el libro “Si Aristóteles dirigiera la General Motors”,
cuenta su autor, el filósofo Tom Morris, que a fines del siglo
pasado el mundo empresarial en los Estados Unidos se planteó reorganizar
sus empresas, rediseñando procesos de realización del trabajo
a la búsqueda de una mayor eficiencia y nuevas formas de excelencia
comercial. El problema, afirma este filósofo, es que después
de todas las estrategias, técnicas y datos están las personas
que hacen el trabajo y éstas con frecuencia se sentían con
temor a perder sus posiciones laborales, es decir “más víctimas
que beneficiarios de las nuevas estrategias empresariales para lograr
el éxito”.
Al aplicar la sabiduría antigua a lo que hoy veo, dice el filósofo
Morris, “observo que los mismos principios que promueven el florecimiento
humano en los contextos personales, familiares y de amistad, pueden aplicarse
también a temas relacionados a los negocios y a la excelencia mercantil”.
La inteligencia espiritual, que a través de la práctica
de valores nos ayuda a tener asideros firmes en este cambio de época,
es la tendencia en boga. Y como todo empieza por uno mismo, la búsqueda
de la felicidad, el sentido en la vida y la realización en el trabajo
son fundamentales para la autorrealización.
Habiendo al final dos caminos en la vida de cada quien, uno luchar para
vivir según los designios de Nuestro Señor Jesucristo y
dos, decidirse a vivir vida animal, que conforme va degradándose
la persona --ya lo decía un autor espiritual, que el hombre, por
sí solo, puede cometer los crímenes más horrendos--,
pues se sumerge en estadios inferiores de desesperación y sufrimiento.
Cuántas veces no habremos estado frente a personas que claman por
ayuda con acciones autodestructivas, quizá hasta sin darse cuenta,
y nosotros les desviamos la mirada.
Por ello es que se vuelve ahora propicia la reflexión personal,
no del rumbo del país sino de algo más difícil, que
es mirarnos hacia adentro y decirnos a nosotros mismos cómo andamos.
La buena noticia es que hay conductores de almas que pueden ayudarnos..
La mejor noticia es que hay un Dios, todopoderoso y omnipresente, que
mandó a su hijo, cuyo nacimiento celebramos mañana, a sacrificarse
por nosotros para enseñarnos a cómo ganarnos el cielo.
Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.
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