| Óscar
Rodríguez Blanco s.d.b.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Mañana
será un día muy especial, el amor de Dios se ha hecho presente
entre nosotros. Celebra-mos la Navidad del Señor, la luz anunciada
por el profeta Isaías muchos años antes, brilla sobre nosotros.
En todos los templos y capillas se escucha en tono festivo el “Gloria
a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”,
es el himno que cantaron los ángeles en la noche de paz y de amor.
Después de muchos siglos de espera, y en los que la humanidad habitaba
en tierras de sombra, la luz ha disipado las tinieblas y la noticia no
se ha hecho esperar: “Os traigo una buena noticia, os ha nacido
un Salvador, el Mesías, el Señor”. Ese niño
que ha nacido es también para nosotros el Maestro, el Profeta,
el Hijo Único de Dios, que después de haber predicado el
Reino de su Padre, murió por nosotros y resucitó gloriosamente.
En la misa solemne del Gallo, escucharemos la calenda tomada del Martirologio
Romano, que nos describía lo sucedido en Belén: “Millones
de años después de la Creación, cuando la tierra
era materia incandescente, rotando sobre su eje; millones de años
después de brotar la vida sobre la faz de la tierra; miles y miles
de años después de que aparecieran los primeros humanos,
capaces de recibir el espíritu de Dios; unos mil novecientos años
después de que Abrahán, obediente a la llamada de Dios,
partiera de su patria sin saber a dónde iba; unos mil doscientos
años después de que Moisés condujera por el desierto
hacia la tierra prometida el pueblo hebreo, esclavo de Egipto; unos mil
años después de que David fuera ungido rey de Israel por
el profeta Samuel; unos quinientos años después de que los
judíos, cautivos en Babilonia, retornaran a la patria por decreto
de Ciro, rey de los persas; en la ciento noventa y cuatro Olimpíada
de los griegos; el año setecientos cincuenta y dos de la fundación
de Roma; el año cuarenta y dos del reinado del emperador César
Augusto, estando el universo en paz: El Hijo de Dios Padre, concebido
por obra del Espíritu Santo, transcurridos los nueve meses de su
gestación en el seno materno, en Belén de Judá, hecho
hombre, nació de la Virgen María, Jesús, Cristo”.
En el NuevoTestamento no encontramos la fecha exacta del nacimiento de
Cristo, y de hecho, la fiesta de Navidad se empezó a celebrar oficialmente
a partir del año 345. El 25 de diciembre, solsticio de invierno
en el hemisferio norte, los romanos celebraban una fiesta pagana en honor
al sol, era el día del nacimiento del sol invencible, fiesta de
la victoria de la luz sobre la noche.
Para sustituir esta fiesta pagana, durante el pontificado del Papa Liberio
(352-366) se tomó como fecha inmutable la noche del 24 al 25 de
diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, “el sol de la justicia”,
pues así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, así
la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del error iluminando al
mundo entero.
Para nosotros los cristianos lo importante, es saber, que Cristo nació
y que vino para salvarnos. Es necesario dejarse inundar por esa luz y
sentirse iluminados por ella. Dios nos ama y hay que dejarse amar por
El. El gran misterio que fue anunciado por siglos se ha hecho presente
para que los que andan en tinieblas encuentren la luz de la fe. Es la
luz que necesitamos para que la violencia que azota nuestro país
dñe lugar a la paz, la reconciliación y la fraternidad.
Adoramos reverentes a Dios niño, y que su presencia entre nosotros,
haga desaparecer la soberbia y el orgullo. Si alguien se siente perdido
y desorientado y anda en las tinieblas de la muerte, busque la señal
que nos da el Ángel: “Encontraréis un niño
envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. Caminemos,
no nos detengamos, quizá ese pobre que encuentras en el camino,
ese niño que te tiende la mano buscando pan, ese pordiosero que
toca las puertas de tu casa y de tu corazón, sea la señal
que Dios te brinda para que en ti nazca la felicidad que anhelas.
*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).
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