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Tiempo de Navidad
Nació de Santa María Virgen

Para nosotros los cristianos lo importante, es saber, que Cristo nació y que vino para salvarnos. Es necesario dejarse inundar por esa luz y sentirse iluminados por ella. Dios nos ama y hay que dejarse amar por Él

Publicada 24 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Óscar Rodríguez Blanco s.d.b.*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Mañana será un día muy especial, el amor de Dios se ha hecho presente entre nosotros. Celebra-mos la Navidad del Señor, la luz anunciada por el profeta Isaías muchos años antes, brilla sobre nosotros. En todos los templos y capillas se escucha en tono festivo el “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”, es el himno que cantaron los ángeles en la noche de paz y de amor.

Después de muchos siglos de espera, y en los que la humanidad habitaba en tierras de sombra, la luz ha disipado las tinieblas y la noticia no se ha hecho esperar: “Os traigo una buena noticia, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Ese niño que ha nacido es también para nosotros el Maestro, el Profeta, el Hijo Único de Dios, que después de haber predicado el Reino de su Padre, murió por nosotros y resucitó gloriosamente.

En la misa solemne del Gallo, escucharemos la calenda tomada del Martirologio Romano, que nos describía lo sucedido en Belén: “Millones de años después de la Creación, cuando la tierra era materia incandescente, rotando sobre su eje; millones de años después de brotar la vida sobre la faz de la tierra; miles y miles de años después de que aparecieran los primeros humanos, capaces de recibir el espíritu de Dios; unos mil novecientos años después de que Abrahán, obediente a la llamada de Dios, partiera de su patria sin saber a dónde iba; unos mil doscientos años después de que Moisés condujera por el desierto hacia la tierra prometida el pueblo hebreo, esclavo de Egipto; unos mil años después de que David fuera ungido rey de Israel por el profeta Samuel; unos quinientos años después de que los judíos, cautivos en Babilonia, retornaran a la patria por decreto de Ciro, rey de los persas; en la ciento noventa y cuatro Olimpíada de los griegos; el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de Roma; el año cuarenta y dos del reinado del emperador César Augusto, estando el universo en paz: El Hijo de Dios Padre, concebido por obra del Espíritu Santo, transcurridos los nueve meses de su gestación en el seno materno, en Belén de Judá, hecho hombre, nació de la Virgen María, Jesús, Cristo”.

En el NuevoTestamento no encontramos la fecha exacta del nacimiento de Cristo, y de hecho, la fiesta de Navidad se empezó a celebrar oficialmente a partir del año 345. El 25 de diciembre, solsticio de invierno en el hemisferio norte, los romanos celebraban una fiesta pagana en honor al sol, era el día del nacimiento del sol invencible, fiesta de la victoria de la luz sobre la noche.

Para sustituir esta fiesta pagana, durante el pontificado del Papa Liberio (352-366) se tomó como fecha inmutable la noche del 24 al 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, “el sol de la justicia”, pues así como el sol despeja las tinieblas durante el alba, así la presencia de Cristo irrumpe en las tinieblas del error iluminando al mundo entero.

Para nosotros los cristianos lo importante, es saber, que Cristo nació y que vino para salvarnos. Es necesario dejarse inundar por esa luz y sentirse iluminados por ella. Dios nos ama y hay que dejarse amar por El. El gran misterio que fue anunciado por siglos se ha hecho presente para que los que andan en tinieblas encuentren la luz de la fe. Es la luz que necesitamos para que la violencia que azota nuestro país dñe lugar a la paz, la reconciliación y la fraternidad.

Adoramos reverentes a Dios niño, y que su presencia entre nosotros, haga desaparecer la soberbia y el orgullo. Si alguien se siente perdido y desorientado y anda en las tinieblas de la muerte, busque la señal que nos da el Ángel: “Encontraréis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. Caminemos, no nos detengamos, quizá ese pobre que encuentras en el camino, ese niño que te tiende la mano buscando pan, ese pordiosero que toca las puertas de tu casa y de tu corazón, sea la señal que Dios te brinda para que en ti nazca la felicidad que anhelas.

*Párroco de la iglesia María Auxiliadora (Don Rúa).

 

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