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Con alegría
“Y nació el Niño Jesús”

Las mujeres pedimos las virtudes de la sabiduría, la docilidad y la paciencia, para poder desempeñar el difícil rol que nos está encomendado. Sacar adelante a nuestra familia, en hogares luminosos y alegres

Publicada 24 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
E
l Diario de Ho
y
editorial@ elsalvador.com

La alegría por el nacimiento de Cristo inunda al mundo, y en la misa de Nochebuena la profecía de Isaías resume el contenido de la fiesta: “Hoy nos ha nacido el Redentor, el Mesías, el Señor”.

Las alegres notas de los villancicos nos llenan el corazón de esperanza y nos animan a asomarnos ante la cueva de Belén: José, asombrado ante el prodigio que sus ojos contemplan y por la responsabilidad que le ha sido encomendada de cuidar en la tierra al Hijo de Dios y a su Madre. María, la siempre Virgen, que tras dar a luz en forma milagrosa al Mesías, lo envuelve en pañales y le adora, al ponerle en el pesebre. Y Jesús, que se ha hecho niño por amor a los hombres y abre sus ojos ante este mundo desde el portal.

Los pastores que llegan con sus humildes dones son una representación de todos los hombres de buena voluntad que esperamos la paz de Dios. Los reyes, con sus ricos presentes, postrados de rodillas en adoración confirman la majestad del recién nacido.

Nosotros, con la distancia de los siglos, pero con la actualidad de lo trascendente, tambièn estamos expectantes ante ese gran misterio y conscientes de que es la oportunidad de acercarnos, dejar algún regalo y pedir algún favor.

No es oportuno pedir bienes temporales, porque ellos llegan por añadidura y de todos modos, son perecibles y pronto desaparecen.

Es la ocasión de pedir dones espirituales, de los que estamos tan necesitados, y que al ser compartidos con los demás aumentan de manera considerable.

Es tiempo de pedir la tan ansiada paz para nuestra Patria, que llegará cuando exista dentro de cada familia. Para que sea santuario de amor y comprensión, donde un hombre y una mujer, unidos por el amor, traigan al mundo unos hijos que crezcan bajo la protección y al abrigo de sus padres.

Un refugio donde todos se sientan queridos, donde se les enseñe a crecer en generosidad, en espíritu de servicio, en honradez y caridad para con sus semejantes.

Pedir respeto por la ley de Dios, para poder así obedecer a las leyes, que basadas en la justicia, en el derecho y en el bien común, permitan la convivencia en paz y armonía.

El respeto a la vida desde el momento de la concepción, el respeto a la inocencia de los niños, tan mancillada por espectáculos que pretendiendo divertir, son únicamente fuentes de lucro que están corrompiendo a la niñez.

El sentido de responsabilidad para los adolescentes y jóvenes, para que estén conscientes de que son arquitectos de su propio destino, y que el buen uso de su libertad, es lo que les permitirá tomar, en estos momentos tan difíciles, las decisiones adecuadas.

Las mujeres pedimos las virtudes de la sabiduría, la docilidad y la paciencia, para poder desempeñar el difícil rol que nos está encomendado. Sacar adelante a nuestra familia, en hogares luminosos y alegres, luchando por adquirir esa madurez, tan necesaria para que las personas bajo nuestro cuidado, la adquieran mediante la práctica de valores espirituales.

Que nuestras hijas sean esas mujeres fuertes que describe la Escritura y nuestros hijos encuentren el camino recto, con la práctica de la fortaleza, la rectitud y el temor de Dios.

Es el momento de recordar, ante el pesebre del Niño Dios, las bellas estrofas de la Oración a la Bandera: agradecer por los cielos, por los campos, los ríos, los volcanes y los mares. Por sus fábricas y talleres, donde se forjan las industrias y surgen las bellezas del arte.

Para que logremos perdonar las injurias, comprender a nuestros hermanos y recordar, que el que hoy vemos reclinado en el pesebre, es el mismo Dios que ha querido dar a nuestra patria, el regalo inmenso de su nombre.

Que el Niño Dios derrame sus bendiciones sobre El Salvador.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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