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Época para regalar

Van quedando en el olvido tal vez para nunca más volver, las tarjetas navideñas con paisajes cubiertos de nieve y los tradicionales mensajes sobrecargados de deseos de dicha, paz, traquilidad

Publicada 22 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Rodolfo Chang Peña*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Todo parece desbordarse en los últimos meses del año 2005, los presupuestos familiares, los homicidios de empleados del calamitoso transporte público, las manifestaciones del comercio callejero, que quiere apoderarse de todos los espacios, aunque ello signifique quebrantar la ley y los derechos del comercio formal; la escandalosa impunidad que ha llegado a extremos peligrosos, la preocupante indiferencia hacia los niños lesionados y fallecidos a causa de incendios en coheterías y el desquiciante atascamiento de las calles a toda hora y por todos los rumbos.

Pese a todos los factores en contra, el espíritu navideño se ha hecho sentir este año como pocas veces y la mayoría de salvadoreños sensatos parecen haberse contagiado de la emoción de hacer un regalo o ser objeto de uno. Está visto que de un lado en El Salvador no existe el “analfabetismo emocional”, aunque del otro todavía persisten niveles importantes, porque desde las últimas semanas de octubre, más que planear qué van a comer la gente se preocupa más por qué regalar en esta Navidad y fin de año.

La tendencia en los tiempos actuales es hacer un regalo útil en la Navidad, y la idea ha evolucionado tanto que conozco algunas empresas con tanta calidad humana, que invitan a sus empleados a que seleccionen el regalo que más les convenga, actitud por cierto atinada en estos dorados tiempos en que muchas cosas se hacen a la carrera, o para salir del paso.

Es natural que el sector femenino se sienta complacido en parte porque al ser ellas las líderes del hogar, siempre consideran los alimentos como el primero en escoger, pero muchas sueñan también con artículos imperecederos como pequeños hornos de mesa, vajillas, juegos de cacerolas y electrodomésticos, que ahora existen en una enorme variedad y que gracias a la globalización están al alcance de todos los bolsillos.

La costumbre de intercambiar regalos entre amigos, parientes, compadres, compañeros de escuela, colegio, universidad y de trabajo ha cambiado mucho en los últimos tiempos, se ha pasado de los “cortes” de tela y ropa confeccionada para los “estrenos”, cakes, lociones, perfumes y corbatas a las frutas importadas, licores y vinos, dulces y chocolates importados, viandas propias de la época, discos compactos y libros.

Van quedando en el olvido tal vez para nunca más volver, las tarjetas navideñas con paisajes cubiertos de nieve y los tradicionales mensajes sobrecargados de deseos de dicha, paz, traquilidad, etc., etc., un tanto “descafeinados”, porque a la legua denotan que son más cumplidos que deseos sinceros que vienen de adentro.

Además de los regalos, muchas instituciones acostumbran llevar a sus empleados a paseos para compartir un almuerzo y pasar un rato departiendo en forma refrescante, tocando tópicos completamente ajenos al trabajo diario. Desde mi óptica, estos convivios tienen una especial importancia porque contribuyen positivamente con el clima organizacional, integración de jefaturas con operativos y fortalecimiento de las relaciones interpersonales hoy en día indispensables para el desarrollo exitoso de cualquier trabajo.

¡Qué mal se siente uno en una empresa en la que los jefes son personas huidizas, distantes, lejanas, que jamás hablan de asuntos ajenos al trabajo! Peor todavía, cuando no se valora en su justa perspectiva y dimensión el trabajo que realiza cada miembro del personal y se reparten responsabilidades de capitán con sueldo de marinero.

Aun cuando las Sagradas Escri-turas no mandan la observancia de la celebración de la Navidad, de hecho ninguna fuente histórica determina la hora, día y mes del nacimiento de Cristo y que los argumentos para establecer el 25 de diciembre como la Navidad, son poco claros, la tradición ha convertido la época en un período de intercambio de regalos, banquetes y celebraciones ruidosas.

No obstante, es posible rescatar un tiempo para la reflexión, para confirmar la amistad y el amor con las personas que nos rodean, intentar con decidido empeño cumplir aunque sea con la cuarta parte del mandamiento de amar al prójimo, agradecer a Dios Padre por el aire que respiramos, porque tenemos trabajo y por darnos esperanzas que las cosas van a mejorar en el 2006.

* Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.

 

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