| Rodolfo
Chang Peña*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Todo
parece desbordarse en los últimos meses del año 2005, los
presupuestos familiares, los homicidios de empleados del calamitoso transporte
público, las manifestaciones del comercio callejero, que quiere
apoderarse de todos los espacios, aunque ello signifique quebrantar la
ley y los derechos del comercio formal; la escandalosa impunidad que ha
llegado a extremos peligrosos, la preocupante indiferencia hacia los niños
lesionados y fallecidos a causa de incendios en coheterías y el
desquiciante atascamiento de las calles a toda hora y por todos los rumbos.
Pese a todos los factores en contra, el espíritu navideño
se ha hecho sentir este año como pocas veces y la mayoría
de salvadoreños sensatos parecen haberse contagiado de la emoción
de hacer un regalo o ser objeto de uno. Está visto que de un lado
en El Salvador no existe el “analfabetismo emocional”, aunque
del otro todavía persisten niveles importantes, porque desde las
últimas semanas de octubre, más que planear qué van
a comer la gente se preocupa más por qué regalar en esta
Navidad y fin de año.
La tendencia en los tiempos actuales es hacer un regalo útil en
la Navidad, y la idea ha evolucionado tanto que conozco algunas empresas
con tanta calidad humana, que invitan a sus empleados a que seleccionen
el regalo que más les convenga, actitud por cierto atinada en estos
dorados tiempos en que muchas cosas se hacen a la carrera, o para salir
del paso.
Es natural que el sector femenino se sienta complacido en parte porque
al ser ellas las líderes del hogar, siempre consideran los alimentos
como el primero en escoger, pero muchas sueñan también con
artículos imperecederos como pequeños hornos de mesa, vajillas,
juegos de cacerolas y electrodomésticos, que ahora existen en una
enorme variedad y que gracias a la globalización están al
alcance de todos los bolsillos.
La costumbre de intercambiar regalos entre amigos, parientes, compadres,
compañeros de escuela, colegio, universidad y de trabajo ha cambiado
mucho en los últimos tiempos, se ha pasado de los “cortes”
de tela y ropa confeccionada para los “estrenos”, cakes, lociones,
perfumes y corbatas a las frutas importadas, licores y vinos, dulces y
chocolates importados, viandas propias de la época, discos compactos
y libros.
Van quedando en el olvido tal vez para nunca más volver, las tarjetas
navideñas con paisajes cubiertos de nieve y los tradicionales mensajes
sobrecargados de deseos de dicha, paz, traquilidad, etc., etc., un tanto
“descafeinados”, porque a la legua denotan que son más
cumplidos que deseos sinceros que vienen de adentro.
Además de los regalos, muchas instituciones acostumbran llevar
a sus empleados a paseos para compartir un almuerzo y pasar un rato departiendo
en forma refrescante, tocando tópicos completamente ajenos al trabajo
diario. Desde mi óptica, estos convivios tienen una especial importancia
porque contribuyen positivamente con el clima organizacional, integración
de jefaturas con operativos y fortalecimiento de las relaciones interpersonales
hoy en día indispensables para el desarrollo exitoso de cualquier
trabajo.
¡Qué mal se siente uno en una empresa en la que los jefes
son personas huidizas, distantes, lejanas, que jamás hablan de
asuntos ajenos al trabajo! Peor todavía, cuando no se valora en
su justa perspectiva y dimensión el trabajo que realiza cada miembro
del personal y se reparten responsabilidades de capitán con sueldo
de marinero.
Aun cuando las Sagradas Escri-turas no mandan la observancia de la celebración
de la Navidad, de hecho ninguna fuente histórica determina la hora,
día y mes del nacimiento de Cristo y que los argumentos para establecer
el 25 de diciembre como la Navidad, son poco claros, la tradición
ha convertido la época en un período de intercambio de regalos,
banquetes y celebraciones ruidosas.
No obstante, es posible rescatar un tiempo para la reflexión, para
confirmar la amistad y el amor con las personas que nos rodean, intentar
con decidido empeño cumplir aunque sea con la cuarta parte del
mandamiento de amar al prójimo, agradecer a Dios Padre por el aire
que respiramos, porque tenemos trabajo y por darnos esperanzas que las
cosas van a mejorar en el 2006.
* Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.
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