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La Nota del Día
Buenas noticias del sector agrario

La agricultura es, sobre todo en un país como el nuestro, la médula de la economía y la más sólida base para el desarrollo

Publicada 22 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Por primera vez en muchos años hemos tenido un crecimiento importante en agricultura, lo que se atribuye a aumentos en exportaciones no tradicionales, a la reactivación del cultivo de algodón y a mejores precios internacionales para café y azúcar. La agricultura, señala el ministro Mario Salaverría, generó casi mil millones de dólares, lo que unido a los rendimientos de la agroindustria duplica la cifra a dos mil millones. Esto sucede pese a la inseguridad física y a la falta de mano de obra.

La gran ironía es que se tengan que importar trabajadores de Honduras y Nicaragua para levantar las cosechas, como antes braceros y mano de obra calificada salvadoreña contribuía al desarrollo agrícola en esos países.

Pese a lo que hemos crecido todavía no se logran los niveles de producción que tuvo el país antes de la reforma agraria y la agresión comunista. Hasta entonces El Salvador fue un modelo para el resto de Centro-América gracias a la eficiencia con que se trabajaban las propiedades, al uso de tecnología punta, al dinamismo empresarial y a la permanente reinversión de beneficios en mejorar la infraestructura.

El país se mantiene bajo el negativo peso de las demenciales reformas duartistas, principalmente en lo que toca a los límites de los tamaños de las propiedades y el que las mejores tierras continúen en manos de “cooperativas” incapaces de hacerlas producir. No sólo incapaces, sino que todas están en quiebra, en una trágica bancarrota de iniciativa, bancarrota financiera, bancarrota en tecnología, bancarrota de ideas, bancarrota de aliento y empuje. Seguimos bajo el grotesco esquema impuesto por la locura en marzo de 1980.

En aquel entonces, como siguen pensando algunos al día de hoy, se creyó que el factor esencial para producir riqueza era la tierra; siendo así, la forma de mejorar el nivel de vida “de los campesinos” pasaba por hacerlos dueños de las tierras que trabajan.

Buenas leyes generan fertilidad

Pero la tierra apenas aporta aproximadamente un quince por ciento del conjunto de factores que conducen a la producción final. La mayor parte es trabajo y a eso se agrega la inversión, tecnología, mercadeo, administración y, lo menos pero lo más, el instinto y la experiencia del agricultor.

De igual manera como los músicos, los instrumentos y el escenario no son capaces de hacer buena música sin un director calificado. Al faltarle a la agricultura los verdaderos agricultores, el conjunto apenas trasciende la etapa de la supervivencia, donde “coyol quebrado coyol comido”, sin dejar coyoles para crear y aumentar riqueza.

La evidencia más contundente al respecto es el triste estado de las grandes haciendas del pasado, ahora en poder de quienes las tienen transformadas en potreros muertos. Usulután, entre otros, es el departamento de las vitrinas tristes, de las tierras abandonadas, del desastre que dejó el loco al país.

La agricultura es, sobre todo en un país como el nuestro, la médula de la economía y la más sólida base para el desarrollo. De allí lo buenas que son las buenas noticias que nos da el ministro, y la necesidad de ir poniendo orden en el sector, lo que pasa por una eventual derogación de las limitaciones “a la tenencia”. De buenas leyes es que se deriva la fertilidad de la tierra.


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