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Conversando sobre política
El triunfo de Evo Morales

Debemos saber que Bolivia es un país con un alto porcentaje de población indígena; esta realidad constituye la existencia de “clivajes”, que no son más que elementos que fracturan a la sociedad

Publicada 21 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Luis Mario Rodríguez*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Entender el triunfo del boliviano Evo Morales en las recientes elecciones presidenciales, es mucho más complicado de lo que algunos piensan. No representa ni el “avance esperanzador” de la izquierda en Latinoamérica, que muchos se han adelantado a sentenciar ni tampoco ha sido un golpe de suerte de Morales, ya que el candidato contra el que peleó la batalla electoral, Jorge Quiroga, no sólo fue un excelente contrincante sino uno que ya había gobernado Bolivia y que los ciudadanos de ese país respetan y admiran por sus jóvenes pasos en la política, desde que fue nombrado Ministro de Hacienda con apenas, si no me equivoco, treinta y dos o treinta y tres años de edad.

Comprender entonces el triunfo del “cocalero”, tiene que ver con varios factores: los clivajes (fracturas sociales), la polarización del sistema de partidos boliviano a partir del año 2002 (multipartidista, osea, más de dos partidos relevantes), el sistema de gobierno que algunos conceptualizan como “presidencialismo parlamentarizado” y posiblemente, los errores heredados desde el gobierno de Hugo Banzer Suárez, tras el golpe que éste último perpetró el 21 de agosto de 1971.

En primer lugar debemos saber que Bolivia es un país con un alto porcentaje de población indígena; esta realidad constituye la existencia de “clivajes”, que no son más que elementos que fracturan a la sociedad y que por lo tanto marcan una divergencia, que transformados en un movimiento político pueden llegar a tener logros electorales importantes, tal y como se han presentado en Bolivia.

Los movimientos campesinos reavivaron dimensiones étnico-culturales e ideológicas como la democracia comunitaria, el valor cultural simbólico de la hoja de coca, el rechazo a la economía de mercado y la globalización, que ya estuvieron presentes en la práctica política de Evo desde la formación del movimiento cocalero y su ingreso al Parlamento Boliviano en 1997. En los comicios de 2002, los partidos Movimiento al Socialismo (MAS) y Movimiento Indígena Pachacuti (MIP), se transformaron de movimientos indígenas a movimientos políticos, logrando una representación política de carácter histórica, transformando el sistema de partidos junto a la Nueva Fuerza Republicana (NFR), partido de corte populista, desplazando así al que había sido el partido histórico Acción Democrática Nacionalista (ADN), el cual formaba parte del “trípode” de partidos que había gobernado Bolivia desde 1985.

El segundo de los factores que debemos tomar en cuenta y que probablemente tenga lugar en Bolivia si Evo Morales no logra la mayoría absoluta tras el recuento final de los votos, es el denominado “presidencialismo parlamentarizado”. Este sistema, reflejado en el artículo 90 de la Constitución Boliviana, establece la posibilidad para el Congreso de la República de elegir por mayoría absoluta de votos, en votación oral y nominal, al Presidente y Vicepresidente de la República, entre las dos fórmulas que hayan obtenido el mayor número de sufragios válidos, en caso que ninguno de los candidatos, como decíamos al inicio, haya obtenido en las elecciones generales, la mayoría absoluta de votos.

En otras palabras, lo que conocemos como “segunda vuelta electoral”, que en nuestro caso se dio para las elecciones en las que resultó ganador el doctor Armando Calderón Sol, quien compitió contra el doctor Rubén Zamora, producto de una votación popular, en Bolivia se realiza en el Congreso y son los diputados quienes eligen la fórmula presidencial, esto quiere decir que el Congreso tiene la tarea de reemplazar al electorado.

Aunado a lo anterior, también es posible que el Congreso elija como Presidente al perdedor, como de hecho ha sucedido en Bolivia en 1989 con Paz Zamora, quien quedó tercero en los comicios generales; en 1985 con Paz Estenssoro, quien quedó segundo y entre 1979 y 1980 a dos líderes de partidos marginales, Gue-vara Arce y Gueiler.

La desaparición del trípode de partidos que eligieron en el Congreso presidentes desde 1985 y el ingreso de los partidos indígenas MAS y MIP, convirtieron al sistema de partidos boliviano de multipartidista moderado a multipartidista polarizado. Esta polarización que introdujo la llegada del partido de Evo Morales en el 2002 al Congreso boliviano, no se puede entender con los parámetros tradicionales de izquierda y derecha, porque en este caso, los conflictos sociales se miden a través de las identidades étnico culturales.

Lo que está claro estimados lectores y bajo la humilde opinión del suscrito, es que no estamos frente a la “izquierdización de América Latina”, sino frente a casos donde las particularidades étnicas, han permitido a movimientos como el cocalero, la oportunidad de gobernar un país.

Esperemos que lo hagan bien, aunque la posible anulación de los más de 70 contratos de exploración de gas con empresas extranjeras y su posible nacionalización que anunció el nuevo gobernante durante su campaña y la conferencia del pasado domingo por la noche, parado frente a una mesa cubierta de hojas de coca, renovando su promesa de detener la erradicación de la hoja de coca, auguran lo contrario. No estamos por tanto frente a un Lula brasileño, un Lagos chileno o un Rodríguez Zapatero español.

*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República.

 

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