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Opinando
¡Se desborda barbarie criminal!

No se ha hecho el más leve esfuerzo por diseñar una política criminal para el país, ni un esfuerzo conjunto para la prevención y combate de esta feroz delincuencia que sofoca y aterroriza

Publicada 21 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Armando Rivera Bolaños*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

En una macabra sucesión de crímenes horrendos sucedidos en menos de cuarenta y ocho horas, la conciencia colectiva de los salvadoreños se ha visto conmovida por esos actos de barbarie criminal, cuyo impacto patológico es de tal magnitud que tarde o temprano hará sus efectos dañinos en la salud mental de toda la sociedad.

Por muchos esfuerzos que hagamos por substraernos a esta espantosa realidad delincuencial, nuestro cerebro retorna a la memoria esas imágenes dantescas, como extraídas de los cuentos de Edgar Allan Poe, o como retazos de aquellas películas de vampiros que asustaron con sus vuelos y sombras nuestra quietud infantil, cuando vimos con ojos de incredulidad alucinante cómo un niño de apenas tres añitos de edad fue ahorcado, dejándolo sus infames asesinos pendiente de una soga (así como mirábamos las fotos de loslíderes nazis ejecutados en Nüremberg), mientras a su lado, yacían los cadáveres de su madre y otra señora, humildes mujeres de la campiña de Huizúcar, en el departamento de La Libertad.

Y de pronto, cuando apenas dábamos un suspiro de alivio, en la cárcel de mujeres de Ilopango, ante la presencia de custodios, un grupo de pandilleras, aprovechando que las autoridades del centro preparaban la festividad navideña para los niños de las internas, se abalazan contra una señora acusada de robar furgones, y en forma despiadada, con lujo de barbarie, le destrozan su cabeza utilizando objetos punzocontundentes de hierro, sin mostrar en su traslado la más mínima expresión de arrepentimiento por lo sucedido.

Pero ese mismo día de los hechos en Ilopango, el horror se vuelve a apoderar de nuestras almas, cuando en horas de la tarde, otra humilde mujer de la campiña, con seis meses de embarazo y cinco niñitos atrás, es muerta a balazos junto a una de sus hijitas, de apenas dos años de edad. Y esto que sólo hablamos de hechos recientes y relevantes en cuanto a la saña con que fueron cometidos, pero sin olvidarnos de los descuartizamientos de personas, los hallazgos de cabezas, los cementerios clandestinos, los asesinatos de personas ligadas al transporte colectivo y muchos más, que hace aflorar la inseguridad ciudadana, misma que se vive y palpa en cada hogar, en cada calle, camino o carretera de nuestro país. Sencillamente, debemos decirlo con franqueza: ¡la barbarie criminal se ha desbordado!

Pero, ¿qué hace la Fiscalía General de la República y ciertos jueces de paz e instrucción? Se esfuerzan porque queden en prisión los rateros que hurtan celulares de un valor no mayor a treinta dólares, o castigan conductores borrachos sin que hayan cometido accidente alguno, o mandan a la cárcel al enfermo drogadicto que consume unas cuantas “piedras” de crack, o sea, concentran sus mejores experiencias en delitos de bagatela, de poco impacto social, pasándose la pelota desde la audiencia inicial hasta la preliminar, obviando las medidas alternas, con decisiones que según ellos hacen sabia jurisprudencia, hasta que saturan a los juzgados de sentencia.

No se ha hecho el más leve esfuerzo por diseñar una política criminal para el país, ni un esfuerzo conjunto para la prevención y combate de esta feroz delincuencia que sofoca y aterroriza, contentándose con echarle la culpa sólo a las maras, pero sin hacer estudios psicocriminológicos serios, de alto contenido científico, que encuentren las razones causales de esta asustante situación sociopatológica en que nos vamos hundiendo.

Bueno, ni siquiera creo que se haya diseñado un plan de verdadera protección para testigos, bastándole a los fiscales con ponerles a ellos un apodo o seudónimo, pero que en menos de lo que canta un gallo ya lo sabe hasta la comadre de la barriada donde viven, ya no digamos los criminales. ¡De verdad que somos tan ingenuos que hasta se nos cae la baba!

*Abogado y notario. Psicólogo.

 

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