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Lejos de casa. Cindy fue atropellada cuando pedía limosna. Su madre perdió la tutela. Foto: EDH |
Alejandra Dimas/Yensi Ortiz
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Se trata de un bebé de ocho meses, a veces regurgita la leche, se orina cuando recién le cambian el pañal, llora inconsolablemente sin motivo aparente, pero no merece que le castiguen a tal grado de que los golpes estén dentro de la clasificación de maltrato infantil.
De enero a octubre, atendieron 225 casos de maltrato infantil, pero en la tabulación de noviembre y lo que va de diciembre hay más registros sin tabular.
Generalmente es en la consulta de emergencia cuando quedan al descubierto los casos de maltrato.
Acá es importante el ojo clínico y buen juicio del médico porque deben notar si hay cicatrices viejas, lesiones repetidas en la misma parte del cuerpo o si el niño ha consultado antes por la misma causa.
Luego interviene Pediatría Social, en ese departamento se encargan de informar a la Fiscalía cada vez que encuentran indicios fuertes de maltrato o abuso sexual, negligencia o abandono.
El maltrato más común es la negligencia, entendido como cuando el bebé se orina y no le cambian pañal o está enfermo y llevan a consultar cuando el padecimiento ha ganado terreno.
A finales de septiembre, su madre lo llevó a la Emergencia del Hospital Bloom para que le ieran algo que calmara las convulsiones del pequeño Iván (nombre ficticio).
Cuando el médico preguntó los síntomas que tuvo el niño previo a la crisis, la mujer dijo que cuando llegó del trabajo, lo había encontrado enfermo y su marido lo cuidó durante el día. En un descuido, el bebé se cayó de la cama y se puso mal.
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Pero al médico que lo recibió le pareció un caso de abuso. Lo escribió en el expediente e informó al departamento de Pediatría Social para que el personal haga entrevistas a los encargados.
En el cuadro de Iván consta que la madre no vio cómo sucedió el hecho, sin embargo, los síntomas del bebé concuerdan con el síndrome del bebé sacudido.
Esta forma de maltrato infantil causa lesiones cerebrales, parálisis cerebral, ceguera, dificultades de aprendizaje y comportamiento y hasta la muerte.
“Cuando el niño fue examinado, tenía una hemorragia en el cerebro y en la retina”, recordó Juan José Saravia, jefe de Pediatría Social.
Hogar temporal
Iván está en el albergue la Estrella de la Esperanza, ubicado en el edificio anexo del Bloom.
El caso de Iván lo investiga la Fiscalía de Mejicanos y aunque se sospecha que las lesiones las ocasionó el papá del niño, no hay una acusación formal.
El agresor casi siempre es una persona cercana
De la mayoría de casos de maltrato que recibe el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (Isna), el 9% de menores ha sido víctima de algún familiar.
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Último caso. Walberto fue golpeado por el padrastro. Foto: EDH |
Las razones por las cuales los niños han recibido golpizas rayan en lo absurdo.
Muchas veces es porque el padre llegó pasado de copas y su hijo se le atravesó en el camino, o porque las niñas no hicieron limpieza y se dedicaron a jugaron toda la tarde y hasta porque perdieron un objeto.
“Tenemos el caso de dos hermanitas de 10 y siete años víctimas de maltrato de la mamá porque perdieron el celular y ellas dijeron que se los habían robado”, dijo una sicóloga del Isna.
Aunque a veces es factible que vuelvan al hogar, otras es necesario que el niño pase a alguna institución que les proteja. La opción también son los hogares sustitutos.
Los padrastros son en su mayoría quienes comenten abuso físico y sexual. Actualmente el Isna tiene a un niño de un año y medio a quien el padrastro lo golpeó sólo porque el niño lloró cuando lo colocaron en la cuna. La madre, sin embargo, prefirió defender a su marido y le dio la razón por la paliza que le propinó a su hijo.
Hay niños referidos del Hospital Bloom porque recibieron el alta y nadie fue por ellos. Otros llegan con marcas obvias, como quemaduras de cigarro, golpes con guías eléctricas, garrotes y hebillas de cincho.
El espacio donde el médico también debe ser sicólogo
Lolita apretó fuerte los labios cuando escuchó que su madre iría al mercado por el mandado para el almuerzo. Sólo se quedaría con su padre, quien desde hace dos años ya no se portaba como tal.
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A salvo. Lolita asiste a clases y se distrae con juegos. Foto: EDH |
El hombre obligaba a sus tres hijos menores a cortar zacate en el patio y aprovechando la complicidad de la casa vacía ubicada en una zona rural de Sensuntepeque, Cabañas, sodomizaba a su hija desde que tenía nueve años.
Acaba de cumplir 11, y dos meses de dormir sin tener que estar pendiente de que su padre no se levante a tocarla por las noches.
El abuso del que fue víctima no ha podido borrarle la sonrisa sincera con la que saluda. Tiene el rostro salpicado de pecas y una nariz perfecta, como las que les tallan a las vírgenes de porcelana.
Escapó de aquellos episodios casi de casualidad cuando la dominó un arranque de valentía.
Un médico del área de Emergencias del Hospital Bloom le preguntó desde cuándo sentía el dolor abdominal y el piquetazo que sentía en la cabeza, razones por las que llegó a consultar.
El doctor fue suspicaz hasta que logró la declaración de violación y lo apuntó en el expediente para que el caso lo llevara el departamento de Pediatría Social del Bloom, donde atienden la situación de niños que llegan por lesiones y los acompañantes argumentan accidentes o golpes involuntarios.
La niña todavía está a la espera de que la Fiscalía de Sensuntepeque resuelva su caso.
En tanto el Instituto para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia determinará si tiene algún familiar que se haga responsable de ella.
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