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Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Se acerca la Navidad y lo primero es desearles a todos los lectores de este diario y en especial a los que siguen esta columna, sean cristianos o no, crean o no en el sentido genuino de esta fiesta, desearles, insisto, que aprovechen este día y los que le anteceden y siguen, para pasarlos en paz y felicidad con sus seres más queridos.
Les animo también a que se acuerden de los que perdieron todo en los pasados desastres climáticos y tengan algún tipo de acogida o regalos para algunas de esas familias y sus niños, que aún están sin casa ni trabajo.
Son días estos en los que el primer obstáculo para encontrar el verdadero sentido a la Navidad consiste en superar toda una serie de verdaderos enemigos del Niño-Dios y de todos los niños: la versión consumista, publicitaria y estereotipada de miles de falsos Santa Claus anunciando una bebida, una marca de cerveza, una venta de repuestos de carro o cualquier otra orientación puramente comercial de esta fiesta.
Hay que evitar los regalos nocivos para los pequeños, los compromisos fastidiosos y superficiales, el ruido y las prisas. Hay que saber apagar muchas veces la televisión y encontrar, en cambio, los momentos de silencio reflexivo y contemplativo que nos ayuden al verdadero espíritu navideño que es de paz y de amor a todos los seres humanos.
Si crees en el Niño-Dios y si en tu casa hay niños, monta un Nacimiento ayudado por ellos mismos, los pequeños. Si no crees en el misterio religioso de la Navidad, busca al menos aquello que te lleve a estar en paz con tu conciencia y con tus parientes, tus compañeros de trabajo y tus vecinos. Ya hay demasiado odio y maldades en nuestro país y en el mundo. No seas tú uno de los que contribuyen a ello.
¡Ah! y si vas a elegir tarjetas navideñas de felicitación, por favor no tengas la ingenuidad de comprar las de la UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia). Esta organización hace tiempo que traicionó sus obligaciones con los niños del mundo y ha caído en las manos de la internacional anti-población.
Durante décadas, la UNICEF disfrutaba de un sólido y bien ganado prestigio muy por encima de otras organizaciones internacionales. Trabajaba con eficacia bajo un fuerte compromiso para mejorar la salud y la vida de tantos niños como fuera posible, cualquiera que fuera su raza, país, religión o cultura.
Sin embargo desde la mitad de la década de los noventa, algunos observadores comenzaron a preocuparse por sus cambios programáticos e ideológicos. Ello se agudizó cuando en 1995 fue nombrada como su directora ejecutiva, Carol Bellamy, una feminista de Nueva York, conocida por su ardiente apoyo al aborto. En 1996, el Vaticano retiró su contribución económica anual, precisamente por las campañas de la UNICEF promocionando el aborto y la distribución de anticonceptivos entre los adolescentes sin permiso de los padres. Después siguieron quejas en Latinoamérica por los materiales de presunta educación sexual, de los que tuvimos triste ejemplo con el “de adolescentes para adolescentes”.
Hoy la UNICEF sigue promoviendo el aborto, financiando la anticoncepción, la homosexualidad, el feminismo radical y los programas orientados en contra de los derechos de los padres sobre sus hijos. Financia, por ejemplo, los programas del “Population Council”, de la “Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF)”, de la “Marie Stopes International” y de la “Lovelife”, todas ellas conocidas por su promoción del feminismo radical, el aborto legal y la disminución de la natalidad en los países subdesarrollados.
Se podría decir, irónicamente, que para hacer que cada vez haya menos niños pobres, desnutridos, enfermos o sin educación, han llegado a la solución de que ahora lo más eficaz es que cada vez haya menos niños.
En diciembre de 2003, el Libro Blanco del Grupo de Investiga-ción de las Organiza-ciones Internacionales, dirigido por Douglas A. Sylva, Ph.D., publicado por el “Catholic Family and Human Rights Institute”, recoge datos de todas esas actuaciones fuera de los fines para los que fue creada la UNICEF, y pidió, especialmente a los países donantes, lo que sería lo ético, lo legal y lo que tanta gente desea: una reforma de la UNICEF que la devuelva a sus compromisos originales.
Como quien dice, dentro del ambiente navideño, la UNICEF hace tiempo que le dio una patada a Santa Claus, otra a los Reyes Magos y ha pasado a integrar, con otras agencias de la ONU y otras poderosas organizaciones de alcance mundial, el grupo de los Herodes actuales: la internacional de la muerte.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy lfcuervo@telemovil.
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