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La Nota del Día
Un juicio para imponer el silencio histórico
Es inconcebible que el gobierno francés o polaco enjuicie a alguien por expresar opiniones o referirse a hechos históricos conocidos aunque sean debatidos
Publicada 19 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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Un juez suspendió, en Estambul, el juicio que el gobierno de ese país ha incoado contra el novelista más conocido de Turquía acusándolo de “insultar el honor de la nación” proceso que ha causado un enorme repudio en Europa.
En una entrevista a un periódico suizo, el escritor Orhan Pamuk habló de su consternación por las matanzas perpetradas por Turquía de kurdos y armenios a principios del siglo XX, un capítulo trágico que la nación simplemente ha borrado de su memoria histórica: tales horrores no existieron; todo es una invención de nacionalistas kurdos exaltados. El problema, desde luego, es que pese a lo cerrada que era Turquía bajo los otomanos, el genocidio trascendió las fronteras, pues además dio lugar a un éxodo de ambas nacionalidades hacia Europa y Estados Unidos.
Los comentarios del novelista le llevaron a los tribunales acusado de deshonrar al país. Pero el juez ha suspendido el proceso mientras los acusadores no demuestren en qué consiste el agravio, qué pruebas objetivas existen. Y esto resulta imposible presentar, pues son juicios subjetivos y además se derivan de lo que el mundo conoce aunque haya millones que lo niegan. Turquía quiere hacer con su historia lo que la Unión Soviética hizo con la suya: suplantarla por cuentos y fábulas.
Pero el juicio no queda a puertas cerradas, pues la opinión pública informada rechaza que cualquier persona, y obviamente un hombre de la categoría de Pamuk, sea censurada y perseguida por manifestar sus ideas. El gobierno turco ha atacado un derecho y una libertad fundamental del hombre.
El caso no pudo suceder en un peor momento para Turquía, que gestiona su incorporación a la Comunidad Europea. Es impensable que la UE acepte la membresía de una nación que persigue a escritores, o para el caso a cualquiera, por externar una opinión; la UE reconoce el papel fundamental de la libertad de palabra para la democracia y la defensa del Estado de Derecho. No puede un país miembro diferenciarse del resto en los fundamentos básicos, como es el caso de la separación de Iglesia y Estado, un principio que los islámicos turcos encuentran muy difícil, o imposible, de aceptar.
Guerra sin cuartel contra la razón
Es inconcebible que el gobierno francés o polaco enjuicie a alguien por expresar opiniones o referirse a hechos históricos conocidos aunque sean debatidos. La única excepción es la referente al nacional-socialismo: es prohibido a los Estados miembros glorificar a los nazis o abogar por ellos, prohibición que por cierto no se aplica al comunismo, que bajo Stalin perpetró genocidios diez veces más grandes que los hitlerianos.
Pamuk ha venido, con sus declaraciones, a descorrer el velo de la hipocresía oficial: sí hubo una espantosa matanza de kurdos y armenios por parte del ejército turco. Y en la misma manera como se debe hablar sobre ese genocidio, se tienen que encarar los graves problemas que amenazan a Turquía, principalmente la propagación del fundamentalismo islámico por obra de los subsidios de países árabes. Muchos hacen del islam una religión militante y expansiva que busca ocupar todos los espacios. Se trata de una guerra contra “los infieles” que no reconoce cuartel ni admite otro resultado que la victoria final. Igual como el comunismo en todas sus variantes.

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