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Educación
Promesa de los cupones
Los cupones serán combatidos por
los sindicatos de maestros y por los administradores de escuelas públicas.
Ellos controlan en la actualidad un sistema educativo monopólico.
Publicada 18 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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Milton
Friedman*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
San Francisco. (AIPE).- La mayoría de las escuelas de Nueva Orleans
está en ruinas, lo mismo que las viviendas de los niños
inscritos en ellas. Esos niños están hoy dispersados por
todo el país. Es una tragedia y también una oportunidad
para reformar radicalmente el sistema educativo.
Las escuelas destruidas no prestaban un buen servicio. Como escribe Chris
Kinnan: “El sistema de escuelas públicas de Nueva Orleans
ha estado fallando durante años. Según las normas estatales
de calidad educativa, 73 de sus más de 120 escuelas se consideran
por debajo de un nivel aceptable”. (”Cupones para Nueva Orleans”,
National Review Online).
Las escuelas de Nueva Orleans fracasan por las mismas razones que fracasan
en otras ciudades grandes; porque las escuelas pertenecen y son operadas
por el Gobierno. El Gobierno decide qué se va a producir y quién
va a consumir sus productos, generalmente asignando los estudiantes a
escuelas según el lugar donde viven.
El único remedio para padres descontentos es mudarse a otra parte
o renunciar al subsidio gubernamental y pagar doble por la educación
de sus hijos: una vez con sus impuestos y por segunda vez al colegio privado.
Este tipo de organización enfocada de arriba hacia abajo no funciona
mejor en Estados Unidos de lo que funcionaba en la Unión Soviética
o en Alemania Oriental.
En lugar de reconstruir las escuelas, el Estado de Luisiana que ha tomado
el control del sistema escolar de la ciudad de Nueva Orleans, debe aprovechar
la oportunidad para otorgarle poderes al consumidor, a los estudiantes,
entregándole a los padres cupones por un valor equivalente a, digamos,
tres cuartas partes de lo que cuesta educar a un estudiante en una escuela
pública, lo cual puedan utilizar únicamente como gastos
de educación. Los padres así tendrían la libertad
de escoger la educación que consideren mejor para sus hijos. Esto
introduciría la competencia que hace falta en el sistema actual
y el sistema funcionaría de abajo hacia arriba, lo cual ha tenido
un éxito comprobado en las demás áreas de nuestra
sociedad.
Para hacer efectiva la competencia, Luisiana debe ofrecer un clima favorable
a los nuevos colegios, sean estos parroquiales, sin fines de lucro o con
fines de lucro. Para ello se debe dejar claro que los cupones no son una
medida pasajera de emergencia sino que se trata de una reforma permanente
del sistema educativo.
Esto cubriría las necesidades de la actual emergencia y los cupones
podrían ser utilizados por los estudiantes que están actualmente
diseminados por todo el país para pagar por su educación
donde se encuentren. En lo que respecta a Nueva Orleans, ello le permitiría
a los colegios privados que sobrevivieron el huracán incrementar
el número de estudiantes y admitir a aquellos que regresan a la
ciudad.
Más importante aún, los cupones fomentarían la creación
de nuevos colegios por parte de la empresa privada. ¿Hay, acaso,
duda alguna que el mercado privado proveería escuelas para los
niños que regresan a Nueva Orleans mucho más rápido
que el Estado?
Los cupones serán combatidos por los sindicatos de maestros y por
los administradores de escuelas públicas. Ellos controlan en la
actualidad un sistema educativo monopólico y están decididos
a no soltar ese control, cueste lo que cueste.
A pesar de la oposición sindical, la reforma lograría los
propósitos de Luisiana mucho mejor que el sistema actual. El objetivo
estatal es la educación de los niños, no la construcción
de edificios ni el manejo de las escuelas. Esos son los medios para alcanzar
un fin. El objetivo se alcanzaría mucho mejor con un mercado competitivo
en la educación que a través del monopolio estatal. Los
padres, con el poder que les dan los cupones, tendrían entonces
mucho dónde escoger. Y como sucede en otras áreas, ese libre
mercado competitivo conduce a mejoras en la calidad y a reducción
en los costos.
Si milagrosamente Luisiana lograra vencer la oposición sindical
y promulga la utilización de cupones, no sólo se beneficiaría
ese Estado sino a toda la nación, al dar un ejemplo a gran escala
de lo que el mercado logra cuando se le permite operar con libertad.
*Artículo originalmente publicado por el Wall Street Journal. www.aipenet.com
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