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Espectacular
La magia de la música

La Navidad Sinfónica que se ofreciera en el Teatro Presidente, fue un antídoto que constituyó una magnífica preparación durante este tiempo de Adviento para disponer nuestro espíritu para la llegada del Niño Dios.

Publicada 18 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Desde que aparecieron los anuncios en los periódicos, el espectáculo prometía ser bueno. El fin de la temporada 2005 de la Orquesta Sinfónica Juvenil, ofrecería durante tres días un programa de Navidad, en que además participaría la Banda de Música de la Escuela Militar Gerardo Barrios, la Banda de Música Militar de la Fuerza Aérea Salvadoreña y los coros del Cenar y ProArte. Sin embargo, asistir requería una cierta dosis de esfuerzo, ya que en esta época, todo es carreras, compromisos y mucho trabajo por la cercanía de la Navidad y del fin de año.

El segundo día el Teatro Presidente lucía casi lleno, contando siempre con los numerosos familiares de los músicos ejecutantes y mucha expectativo sobre el desarrollo de un programa tan singular. La primera parte del programa fue cubierta por dos romanzas de Beethoven, en que se lució como solista el joven Cristian Blanco y la Sinfonía Pastoral.

La segunda parte correspondía al programa navideño. Sorpresivo y espectacular el abrirse el telón y presentar un gigantesco árbol de Navidad, juegos de luces con los tradicionales verde y rojo y derroche de guirnaldas iluminadas que hacían del escenario un mundo de fantasía.

Y con este marco, dio inicio un espectáculo de una calidad artística y creativa, como pocas veces hemos visto en nuestro país. La labor del director titular de la Sinfónica Juvenil, maestro Martín Jorge, es verdaderamente titánica, ya que esta presentación es producto de muchísimas horas de sacrificio para coordinar los ensayos de tantos miembros y obtener al final un resultado excelente.

Los villancicos tradicionales ejecutados por la orquesta y los coros tuvieron especiales características: la solemnidad del “O Tannenbaum”, la alegría campanera del “Jingle Bells” y la ternura de “Noche de Paz”, a cuyos acordes ingresaron los integrantes del nacimiento viviente de la Parroquia Cristo Redentor.

Silenciosamente, casi inadvertidos entraron desde el fondo de la sala, José y María llevando al Niño Jesús, acompañados de reyes y pastores portando cada uno una linterna. Al subir al escenario, completaron el retablo viviente de una tarjeta navideña, al postrarse de rodillas a adorar al Mesías.

Las sorpresas de la noche continuaron con el ingreso marcial de las dos bandas militares, que acompañarían el Adeste Fideles, en una combinación resonante y llena de contenido espiritual. Eran tantos los músicos que no cabían en el escenario, pero la ejecución del tradicional villancico llenó de emoción el corazón de todos los presentes.

El teatro verdaderamente vibraba con la música. Y ante la merecida ovación del público puesto de pie, nos regalaron como gran final, parte de la Overtura 1812 de Tchaikovski, donde el lujo de los instrumentos de viento recordó el sonido de las campanas de Moscú, los cañones del ejército francés y los marciales acordes de la Marsellesa, en la célebre batalla que perdiera Bonaparte.

Los salvadoreños debemos estar agradecidos con el profesor Martín Jorge, que durante estos años ha dedicado grandes esfuerzos dirigiendo la Orquesta Sinfónica Juvenil. Increíble labor del Director de Arte, don Alejo Campos, ya que la maravilla que disfrutamos esa noche, apenas deja entrever el sacrificio largo y escondido de los meses de preparación.

Y por supuesto, felicitar de todo corazón a los integrantes de la orquesta, de las bandas y de los coros por su capacidad de derrochar arte y llevar luz, esperanza e ilusión a los que tuvimos la suerte de escucharles.

Lástima los que no aceptaron la invitación y la pospusieron a compromisos sociales, fiestas y otras ocupaciones en que no interviene el espíritu. Cuántas veces se oye decir que en el país no hay nada qué hacer y que las noticias que los medios de comunicación nos traen son espeluznantes.

La Navidad Sinfónica que se ofreciera en el Teatro Presidente, fue un antídoto que constituyó una magnífica preparación durante este tiempo de Adviento para disponer nuestro espíritu para la llegada del Niño Dios.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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