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EL SALVADOR EN PERSPECTIVA
Más oposición contra ilegales

Ignoramos cuál será la suerte de los ilegales que ya se encuentran adentro, que en estos momentos se discute en el Congreso de EE.UU. Pero sea cual sea la decisión del momento, el problema persistirá.

Publicada 18 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Mario Rosenthal*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El Gobierno del Presidente George W. Bush sufre una constante crítica, que cuestiona el aparente conflicto entre los sentimientos humanitarios de la política tradicional de la inmigración de su país, que están grabados en la estatua de La Libertad, en la entrada al puerto de Nueva York, que abre sus brazos a los que sufren pobreza y persecución en el mundo diciendo: “Dadme tus masas cansadas y pobres”, y las medidas severas que se imponen contra los inmigrantes indocumentados.

El Presidente ha apoyado muchas medidas que favorecen a los inmigrantes indocumentados, pero ha dicho que Estados Unidos se fundó en base del derecho y de la legalidad, y que hay que respetar las leyes para tener una sociedad estable y pacífica y que los indocumentados violan las leyes de la migración.

A propósito de esta situación nos atrevemos a comentar que los salvadoreños nunca se han distinguido por su respeto y obediencia a las leyes. Al contrario, es notorio que la conducta por lo general se basa en una total falta de respeto a las leyes. Parece que lo que manda en la psicología de la población es nunca aceptar un “no”, creer que nada es imposible aunque vaya contra las leyes de la gravedad y que si no hay santo que haga el milagro hay que canonizar uno.

Es admirable tener la confianza de superar cualquier obstáculo y esto nos revela una característica muy salvadoreña que está a la vista de todos. La obediencia a las leyes es someterse a una regla intangible. Ante una línea pintada en el suelo, que marca el límite hasta donde se permite pasar, la reacción de personas condicionadas a la obedencia es no pasar, aunque es posible hacerlo.

Pero cuando se trata de personas que no hacen caso a límites intangibles, la línea pintada en la carretera o el rótulo de no cruzar no significa nada, para impedir el paso se necesitan sapos sembrados en el suelo. Pero aún más, para asegurar que se respete la prohibición de no circular se tiene que poner un supersapo que hace difícil o peligroso cruzar.

Esa es la situación en la frontera de mil y pico de millas entre Estados Unidos y México, que han aprovechado millones de personas de todo el mundo para introducirse ilegalmente y que sigue dando el paso por la barrera intangible a cientos más, a diario, especialmente de México y Latinoamérica.

Se estima que en estos momentos hay por lo menos once millones de ilegales residiendo en Estados Unidos, entre ellos es posible que estén por lo menos entre un millón y medio y dos millones de salvadoreños, de modo que es un problema concerniente a todos nosotros.

Ignoramos cuál será la suerte de los ilegales que ya se encuentran adentro, que en estos momentos se discute en el Congreso de EE.UU. Pero sea cual sea la decisión del momento, el problema persistirá a largo plazo.

Lo seguro es que el control de la frontera y de los admitidos temporalmente como turistas o trabajadores, será más vigoroso. Otra faceta del problema es el instinto humano de hacer hogar, el deseo de ser de alguna parte, de pertenecer a un lugar. Los inmigrantes se puede decir, nunca dejan de ser salvadoreños, pues no se incorporan del todo a Estados Unidos.

Pero lo más importante es el efecto sobre su conducta reflejada en la falta de respeto a las leyes intangibles, que se dejan de obedecer por falta de, por así decirlo, supersapos u otras barreras que son materialmente imposibles de franquear. Bien se dice que todo lo que no está clavado al piso es del primero que lo agarra, sin hablar de las cosechas de frutales, hasta los aguacates y el café, si no se cuidan.

Esto se extiende al concepto de culpabilidad o inocencia que se declara, según las circunstancias. No tenemos remedio para esta situación, lo único que podemos decir es que muchos asaltos armados, asesinatos y hasta las masacres de que culpan a los mareros, se deben a los falsos valores que justifican el desprecio a las leyes.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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