María
A. de López Andreu*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Los
anuncios, la música en la radio, los adornos, las carreras…
incluso el incremento en el tráfico vehicular, ¡todo nos
indica que casi es Navidad! Y, aunque pareciera que se ha perdido el verdadero
sentido de esta celebración, es gratificante constatar con cuánta
espiritualidad se reviven tradiciones que nos recuerdan quien es Jesús,
hecho bebé y nacido de la Virgen María, la razón
única para esta magna fiesta.
Una de esas tradiciones es la Corona de Adviento, de la que ya hemos comentado
anteriormente. Sus tres velas moradas (que se encienden el primero, segundo
y cuarto domingo de Adviento) nos recuerdan que estamos en tiempo de reparación
y sacrificio, a la espera del nacimiento de Jesús. La tercera vela
(de color rosado) simboliza la alegría de saber que ese gran momento
está cada vez más cercano.
¡La alegría! Pareciera redundante, considerando que “Navidad”
y “alegría”, prácticamente son sinónimos.
Pero basta con mirar a nuestro alrededor, para darnos cuenta de que no
es así: vemos tantas personas disgustadas, agresivas, poco amables.
Lejos de “sacar el ángel”, pareciera que lo esconden
en el más oscuro rincón de su personalidad.
Otros quizá guardan en su alma profundas penas, acrecentadas por
recuerdos que, en estas ocasiones, se magnifican. Y muchos, sumidos en
preocupaciones, tratan de asimilar un año en especial difícil
y ven hacia el próximo con recelo y negativismo.
Por eso me llegan al alma las palabras escogidas por la Iglesia para este
tiempo que, de por sí, debemos dedicar al análisis y auto
evaluación. En el Segundo Domingo de Adviento nos enseña,
en frases de Jesús, las palabras más bellas y consoladoras
de toda la Sagrada Escritura: “Venid a mí los que estáis
agobiados y sobrecargados, que Yo os aliviaré”.
Y en el recién pasado domingo de la alegría, San Pablo nos
manda: “Hermanos, vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias
en toda ocasión, puesto que esto es lo que Dios quiere de ustedes
en Cristo Jesús”.
El mundo ha tenido un año muy duro. La naturaleza se mostró
embravecida e implacable: terremotos, huracanes, incendios forestales,
tornados y cuanto mal puede suceder, sucedió. Las secuelas han
sido terribles y pasará un buen tiempo para que éstas puedan
superarse totalmente.
Los salvadoreños, aunque en menor medida, también hemos
tenido un año difícil y complicado. Siendo un país
pequeño, nos hemos visto afectados por los cataclismos acaecidos
en otras latitudes y, además, hemos sufrido en carne propia un
cuasi-diluvio (fenómeno totalmente desconocido para nosotros),
inundaciones, fuertes temblores y hasta una erupción volcánica.
Todo eso, para un mismo año, ¡es demasiado! En especial si
añadimos las “catástrofes”económicas
causadas por el precio excesivo de los derivados del petróleo,
etcétera, etcétera, etcétera.
Es aquí donde, teniendo fe, el Adviento deja de ser un tiempo de
reparación para convertirse en uno de inmenso consuelo: Jesús
no es un personaje histórico, desaparecido hace tiempo; Él
es Dios Vivo y está permanentemente con nosotros: es nuestro apoyo,
nuestro testigo, nuestro defensor y guía. Contamos con Él
siempre… siempre: ayer, hoy, mañana, en las buenas y, especialmente,
en las malas. ¿Cómo no estar alegres, si Jesús está
siempre a nuestro lado?
De allí la recomendación-mandato de San Pablo: “Vivan
siempre alegres”.
Porque la alegría --la real, la verdadera-- no consiste en reír
sin parar, ni en tener una vida fácil y cómoda. La alegría
es un sentimiento profundo, íntimo, sereno, incomparable, que vivimos
cuando tenemos la plena convicción de haber cumplido con nuestro
deber; es decir, con la voluntad de Dios.
Mañana, al encender las cuatro velas de nuestra Corona de Adviento,
encendamos con especial devoción la vela rosada de la alegría;
encendámosla, no sólo en la corona, sino, principalmente,
en nuestra vida y en nuestro corazón. Llenémonos de gratitud,
de positivismo, de fe en Dios, en nuestro prójimo… y en nosotros
mismos.
Porque el Divino Niño está con nosotros hoy… y lo
estará durante cada día de 2006. Así sea.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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