elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Existe riesgo con 27 mil ojivas nucleares

Peligro. El exceso de este tipo de armas incrementa las posibilidades de un lanzamiento accidental, en particular por parte de Rusia, cuyos viejos sistemas de mando y control se vuelven menos confiables con cada año que pasa


Publicada 16 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

The New York Times
Internacionales
internacionales@elsalvador.com

Foto AP

El New York Times dijo lo siguiente en uno de sus editoriales del martes, 13 de diciembre:
Mohamed Elbaradei, el director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, enfureció a la administración del Presidente George W. Bush hace unos cuantos años al desafiar sus alegatos, carentes de fundamento, con respecto a que Iraq se estaba preparando para reanudar trabajos en armas nucleares.

Resulta que ElBaradei también puede ser franco, de manera útil, con respecto a verdaderos peligros nucleares.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en Oslo, el sábado pasado, ElBaradei habló acerca de la necesidad de darle a su dependencia nuevas herramientas para lidiar con países, como Irán, que explotan su derecho legal a experimentar con tecnologías nucleares de aplicación civil para dominar todos los pasos necesarios en la fabricación de bombas nucleares.

Sin embargo, él también le dio énfasis a la importancia de los esfuerzos mundiales en contra de la proliferación, incluida la necesidad de que las potencias nucleares ya establecidas lleven a cabo reducciones más notables en sus arsenales de la Guerra Fría.
Además, notó que aún existían aproximadamente 27,000 ojivas nucleares por ahí, muchas de ellas con detonadores de los más sensibles. Una abrumadora mayoría de ellas están en Rusia o en los Estados Unidos.

No caer en error

Los estadounidenses han llegado a considerar que la no proliferación involucra solamente a países como Irán y Norcorea. Es de importancia esencial eliminar los programas de esos países. Sin embargo, dirigir la mirada sólo hacia los rebeldes, como prefiere el gobierno del Presidente George W. Bush, es un serio error. El Tratado de No Proliferación Nuclear se formó en torno a una gran negociación. Los países que no tienen armas nucleares accedieron a no adquirirlas.

Y los cinco signatarios del tratado, armados con tecnología nuclear – Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña y Francia – accedieron a empezar a deshacerse de las propias.

Washington y Moscú ya accedieron a reducciones ulteriores, pero el tratado que encarna este acuerdo no contiene ninguna programación específica, ningún sistema serio de verificación y ninguna garantía de que cualquiera de las reducciones será permanente.

Desarme

El exceso de ojivas nucleares incrementa el riesgo de un lanzamiento accidental, en particular por parte de Rusia, cuyos viejos sistemas de mando y control se vuelven menos confiables con cada año que pasa.

Si este gran número de ojivas se asegura pobremente (de nuevo, un riesgo real en Rusia), estados rebeldes o terroristas pudieran considerar que es más fácil poner sus manos sobre material fisible. Y la credibilidad del Tratado de No Proliferación Nuclear es socavado.

Al no cumplir con su compromiso con la reducción de armas nucleares y guiñarles el ojo a algunos aliados nucleares como la India, Pakistán e Israel, que siguen estando fuera del tratado de no proliferación, Washington dificulta la creación de un consenso internacional en contra de programas como el de Irán y desalienta a otros países para que no sigan el peligroso ejemplo de Teherán. Si queremos escapar a la autodestrucción, creo que las armas nucleares no deben tener lugar alguno en nuestra conciencia colectiva, ni papel alguno en nuestra sociedad.

Con ese fin, tenemos que asegurar de manera absoluta que ningún otro país adquiera armas nucleares.

Los estados poseedores de armas nucleares deben tomar medidas concretas hacia el desarme nuclear. Y debemos poner en vigor un sistema de seguridad que no se base en la disuasión nuclear’’, expresó durante su discurso al recibir el Nobel de la Paz ElBaradei.

“Es incomprensible que quince años después de la Guerra Fría los líderes de las potencias nucleares, con arsenales dispuestos en máxima alarma, sólo dispongan de treinta minutos para decidir si responden a un ataque”, subrayó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




elsalvador.com WWW