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Breve Análisis
Juventud y satisfacción en 2005

El hecho de que los más jóvenes sean los más satisfechos es lo más positivo de todo. De cualquier manera que interpretemos este resultado, es claro que las nuevas generaciones no se amilanan frente a los problemas del país

Publicada 16 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Manuel Hinds*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La semana anterior mencioné una encuesta publicada en La Prensa Gráfica, en los primeros días de diciembre, como ejemplo de la persistente contradicción entre una realidad (la falta de mano de obra) y la idea que tiene la gente de que sobra la mano de obra y hay gran desempleo.

Al final discutí la posibilidad de que hubiera una inercia publicitaria. Como todas las encuestas dicen que hay mucho desempleo, la gente dice que hay mucho desempleo, aunque sea clarísimo que el desempleo es bajo, ya que hasta hay que importar extranjeros para levantar las cosechas. Esto parece confirmarse con un resultado que es común entre esta y otras encuestas: la gente ve mucho mejor la situación de su entorno inmediato (que puede medir directamente), que la del país en conjunto (que no puede medir y por tanto confía en lo que lee para formarse una opinión).

La diferencia se ve clara en estas cifras: mientras que el 38% pensaba que El Salvador estaba peor en 2005 que en 2004, el 50% pensaba que el año ha sido muy bueno o bueno y el 66% que había sido entre muy bueno y aceptable. Encon-tramos, pues, una situación en la que la gente siente que está bien individualmente pero piensa que el país tiene que estar mal porque así lo dicen las encuestas. De esta forma, las encuestas condicionan a la gente a que diga lo que dicen las encuestas.

El lenguaje también afecta la manera en la que la gente interpreta las encuestas. Como todas las otras, la gente en general ha tendido a interpretar ésta de una manera negativa, como una muestra más de lo desastroso que está el país. Veamos las cifras.

La gráfica anexa muestra la satisfacción con 2005, en el total de la muestra y por rangos de edades. Las curvas en la gráfica están construidas de manera acumulativa de izquierda a derecha. La suma de todas las categorías al extremo derecho es menos de 100%, porque porcentajes apreciables de los encuestados dijeron que no sabían o no querían contestar.

Hay dos puntos interesantes en la gráfica. Primero, existe una clara relación entre los rangos de edades y el grado de satisfacción con el año 2005. Lo más interesante de esto es que el grado de satisfacción está en relación inversa con la edad. Los más jóvenes (de 18 a 26 años) son los más satisfechos.

En este grupo, casi las dos terceras partes consideran que el 2005 fue muy bueno o bueno, mientras que casi las tres cuartas partes (71%) piensan que fue al menos regular o aceptable. El rango menos satisfecho fue el de más de 53 años. Los rangos también entre estos dos muestran que mientras más joven era el encuestado, más satisfecho está con el año.

El segundo punto interesante es que a pesar del bombardeo continuo condicionando a la población a sentir que todo es malo en el país, los números indican que existe un grado bastante alto de satisfacción. Aun en el grupo menos satisfecho, el de 53 años y más, los que piensan que el año 2005 fue muy bueno, bueno o aceptablemente regular suman 61%.

En el promedio de todas las edades (que se confunde en la gráfica con el rango de 27 a 38 años), los que piensan así son las dos terceras partes. Hay muy pocos países con un grado de satisfacción tan alto. Esto explica por qué el electorado ha confirmado el mandato presidencial al mismo partido por 20 años, a pesar de que las encuestas han dicho por muchos años, y cada vez con más saña, que el país está cada vez peor. Una cosa es decirle algo a un encuestador y otra muy distinta es elegir a un Presidente. Ésta última es la hora de la verdad.

El hecho de que los más jóvenes sean los más satisfechos es lo más positivo de todo. De cualquier manera que interpretemos este resultado, es claro que las nuevas generaciones no se amilanan frente a los problemas del país, están dispuestos a resolverlos y ven su vida con el optimismo del que sabe resolverlos. Ojalá que los viejos aprendamos de los jóvenes.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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