Jorge
Ernesto Peña Villacorta*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Leyendo
algunos artículos referentes a la recaudación tributaria,
me pareció interesante reflexionar respecto a la administración
tributaria de nuestro país. Como preámbulo, considero recalcar
que el gasto social, mal llamado gasto, debería ser inversión
social, es de los más bajos en toda Latinoamérica, tal como
lo dicen los estudios de organismos internacionales.
Indudablemente se debe a las bajas recaudaciones. Primera-mente por efecto
del bajo crecimiento económico que, en los últimos cinco
años, se ha mantenido en un promedio del 2% anual. Lógicamente
los déficit fiscales año con año han tenido que equilibrarse
con fondos vía préstamos, sobre todo de corto plazo que
tanto daño le hacen al país.
Es aquí, precisamente, donde debo enfatizar en el grave peligro
que se cierne para la economía de nuestro país. Estudios
serios claramente nos dicen que la deuda total del sector público
sobrepasa el 45%, lo que se traduce en una seria necesidad de elevar los
niveles de recaudación. Este panorama no es muy halagador dado
que, de alguna manera, el Gobierno central tiene que hacer llegar mayores
ingresos a su caja. Surge aquí la pregunta ¿de dónde
obtendrán esos ingresos?
En la actualidad los mayores fondos que obtiene el Gobierno provienen
del IVA, con un aproximado del 50% y el impuesto sobre la renta con una
participación estimada del 30%; el resto (20%) de los aranceles,
impuestos selectivos, etc.
Con la implementación del TLC, el próximo año, los
aranceles prácticamente se irán reduciendo a niveles mínimos.
Esta situación presionará a nuestro Gobierno a buscar otras
fuentes de ingreso o bien esperar a, que en teoría, la apertura
incentive la inversión extranjera y genere mayores fuentes de empleo
que, a su vez, se traduzca, como efecto de correlación, en una
mayor demanda interna, que permita generar mayores recaudaciones en concepto
de IVA e impuesto sobre la renta.
Este fenómeno económico está por verse. Esperemos
que, en alguna medida, tenga mayores consecuencias positivas que negativas.
Pero la realidad nos está diciendo que el panorama económico,
cada año se vuelve más complicado, teniendo como efecto
mayores bajas en el poder adquisitivo de las personas, en especial de
los estratos de más bajos ingresos, quienes se ven apoyados, en
sus presupuestos, con las ayudas de la remesas familiares.
De seguir paliando los déficit fiscales con mayores deudas y de
no dar los resultados favorables con la entrada en vigencia del TLC, ¿qué
le queda al Gobierno? Probable-mente verse tentado a reflexionar (por
no decir estudiar mayores tasas de impuestos) sobre las principales fuentes
de ingresos como son el IVA y la renta.
Pues bien, aquí les va la receta que organismos internacionales
están dando para mejorar la situación fiscal y tributaria
de nuestro país: Con relación al impuesto sobre la renta,
se sugiere reducir la brecha entre la renta bruta y la renta imponible.
Para esto es necesario limitar el monto de los gastos deducibles, eliminar
la depreciación acelerada para nuevas inversiones, eliminar los
gastos en concepto de salud y educación, gravar los intereses devengados
por depósitos en el sistema financiero, aplicación del criterio
de renta mundial (que paguen impuestos los extranjeros que trabajan en
nuestro país).
En cuanto al impuesto al valor agregado, se recomienda ejercer mayores
controles al sector informal, para incorporarlos al sistema tributario.
De no lograrse mayores ingresos al fisco, se recomienda incrementar el
IVA del 13% al 15%.
Se habla de otras reformas pero conviene reflexionar sobre esta receta
que, posterior a las elecciones de alcaldes y diputados, podría
estarse discutiendo.
Si bien es cierto que tenemos un serio problema fiscal, también
es cierto que el pueblo salvadoreño ya no aguanta con mayores cargas
económicas (aumentos desmesurados de precios en productos básicos,
gasolina y diesel, servicios básicos como luz y agua, impuestos
municipales, etc.).
Del menú antes expuesto y para no afectar más el bolsillo
de los salvadoreños, sería conveniente que el Gobierno ejerciera
un estricto control en el sector informal ya que, atrás del telón,
de todas estas ventas ambulantes y negocios informales, se mueven grandes
intereses económicos formados por grupos de alto poder financiero,
que están lucrándose sin pagar los impuestos respectivos,
léase el contrabando, grandes redes de distribución bajo
el disfraz de pequeños negocios, etc.
Incluso en el sector formal, en especial el comercio, debe ser más
estricto el Ministerio de Hacienda para no tolerar la evasión a
través de la subfacturación.
Lógicamente el actuar de esta manera, traería serios problemas
confrontativos entre algunos sectores económicos de nuestra sociedad
y las autoridades centrales; sin embargo, deberán prevalecer más
los intereses de las familias salvadoreñas que la maximización
de utilidades de algunos sectores económicos en particular. En
otras palabras, como tanto se dice, trabajar más por un DESARROLLO
ECONÓMICO CON ROSTRO HUMANO.
*Economista MAE. jpvillacorta@hotmail.com
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