Julia
Regina de Cardenal*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En
diciembre de 1531, en el Cerro de Tepeyac, se aparece la Virgen a un indio
llamado Juan Diego, diciéndole que le pida al obispo del lugar
que se construya un templo dedicado a Ella en ese sitio.
El obispo le solicita una prueba de la aparición. María
hace crecer entonces un jardín de rosas en tierra semidesértica
y hace que Juan Diego las recoja en su tilma y las lleve al obispo. Al
abrir la tilma frente al obispo, aparece la imagen de la Virgen María
retratada y caen las flores al piso. Esta imagen se conserva actualmente
en el templo, dedicado a la Virgen de Gua-dalupe en Tepeyac.
Es la aparición más estudiada. Científicos de la
NASA y otros, utilizando la última tecnología digital han
analizado los ojos de María, detectando que al acercarles la luz,
la retina se contrae, y al retirarla se vuelve a dilatar, como ocurre
con los ojos vivos. Asi-mismo, al tomar la temperatura de la fibra de
maguey, material de que está hecha la tilma, ésta mantiene
una temperatura constante de 36.6 grados, la misma del cuerpo de una persona
viva.
También han descubierto dos escenas exactas en ambos ojos, con
imágenes de 13 personas en un espacio de 8 milímetros; tamaño
tan diminuto, que ningún artista podría pintar. En la primera
están el obispo Zumárraga, frente a Juan Diego abriendo
su tilma, el traductor de náhuatl, una mujer de raza negra y otros
testigos.
La segunda escena, ubicada en el centro de los ojos, es más pequeña
y contiene un matrimonio de indígenas con varios hijos. La imagen
del obispo fue agrandada hasta poder observar en sus ojos una imagen,
de una cuarta parte de un millonésimo de milímetro, de Juan
Diego, abriendo su tilma.
Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración
de la imagen, la forma en que fue pintada, ni la técnica de pintura.
NASA afirmó que el material no es ningún elemento conocido
en la tierra. Varias veces se han pintado agregados a la tela pero éstos
desaparecen, quedando de nuevo el diseño original.
Se descubrió, pasando un rayo láser sobre la tela, que los
colores flotan en el aire a una distancia de tres décimas de milímetro
sobre el tejido, sin tocarlo. No hay explicación de cómo
la fibra de maguey sigue intacta a pesar de que esta tela no puede durar
más de 30 años.
En 1791, accidentalmente cayó ácido muriático en
el lado superior derecho de la tela. A los 30 días, sin ningún
tratamiento, se reconstituyó el tejido dañado, quedando
apenas una breve decoloración. Asimismo, un hombre dejó
un arreglo floral cerca de la tilma, con una bomba que destruyó
todo alrededor menos la tilma. Una cruz de metal que fue totalmente doblada,
se guarda como testimonio en el templo.
Según estudios astronómicos, las estrellas en el manto de
María responden a la exacta configuración de la constelación
del día de la aparición.
Un médico colocó su estetoscopio debajo de la cinta que
María posee (señal de las indígenas al estar encinta)
y escuchó latidos rítmicos de 115 pulsaciones por minuto,
como un bebé en el vientre materno. El Niño Jesús
está vivo en su vientre.
La Virgen apareció embarazada unos días antes de Navidad
y todas estas señales nos deben ayudar a prepararnos mejor para
recibir a su Hijo, nuestro Salvador, que pronto nacerá.
Pidamos a María, iluminada por la luz de Jesús en su vientre,
que ilumine nuestro camino hacia su Hijo y que interceda por la paz del
mundo y por la conversión de todos.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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