Marvin
Galeas*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En
octubre de 1999, en el restaurante de mi amiga Nor-ma “La Chilena”,
la periodista Janet Cienfuegos Ochoa, por aquel entonces editora de espectáculos
de El Diario De Hoy, me propuso que escribiera una columna semanal para
su sección. Acordamos que saldría cada jueves y que tendría
cuatrocientas palabras. Ni una menos. Ni una más. En honor de la
bebida que acompañaba aquel almuerzo, decidimos ponerle a la columna
el nombre genérico de “Vino Tinto”. Así comenzó
una de las más apasionantes aventuras periodísticas de mi
vida.
Fue a mitad de los setenta en el colegio de Costa Rica, donde estudiaba
bachillerato, cuando me hice un apasionado de las columnas. Por entonces
admiraba a don Enrique Benavides, cuyo estilo mordaz y ameno influyó
mucho en mi manera de expresarme por escrito. A mi regreso al país,
teniendo 17 años, junto a mi hermano Geovani, tuvimos a cargo una
página literaria en un vespertino, donde escribimos algunos artículos
sobre teatro, poesía y cultura en general. Nada serio.
Un año después era redactor de sucesos, es decir carros
robados, riñas de cantina y botellazos pasionales en el desaparecido
diario “La Crónica”. Una vez, no recuerdo por qué
razón el jefe de redacción, el poeta Jaime Suárez,
me encargó que escribiera algo comentando, en clave cómica,
los últimos sucesos políticos. Fue mi primera columna. Se
llamaba “Política del Humor” y la firmé con
el impresentable seudónimo de Kropotkincito, en honor al anarquista
del Siglo XIX Piotr Kropotkin. La pequeña sección dejó
de salir pocas semanas antes que Jaime fuera asesinado y el periódico
cerrado de manera definitiva.
Mi próxima y prolongada parada fue en la Venceremos. De esas aventuras
hay un libro escrito, varios trabajos académicos, canciones, afiches,
documentales y hasta una horrorosa película venezolana llamada
“Trampa para un gato”. Mi trabajo consistió en escribir
un noticiero que tenía el bélico nombre de “Plomo
informativo”, que yo mismo leía. También escribí
guiones humorísticos y comentarios. Estos últimos tenían
que ser aprobados por un colectivo de corte stalinista.
En 1989, antes de la ofensiva de noviembre, ocurrió un hecho que
hoy me parece premonitorio. Los dirigentes comunistas chinos habían
perpetrado la masacre de Tiananmen y me pareció que era un hecho
digno de comentarse en la radio. Escribí un artículo, que
nadie revisó, condenando la matanza y acusando a los dirigentes
comunistas de asesinos. La cosa causó algún revuelo en el
FMLN. Cuando escribí el tal artículo pasé por alto
el nimio detalle de que sería leído por la voz oficial de
la guerrilla.
Algo me dijeron los comandantes, pero eran tiempos de Perestroika y los
dirigentes del ERP, fueron benévolos conmigo. Recuerdo que Ana
Sonia Medina, la comandante Mariana, me dijo en tono de complicidad: “Masacre
es masacre, en El Mozote y en China”. Pocos meses después
envalentonado por ese episodio, escribí otros artículos
destacando la lucha del movimiento Solidaridad de Polonia y condenando
la expulsión de Cuba de dos periodistas de la revista Sputnik.
Pero esta vez no tuve tanta suerte. Joaquín Villalobos revisó
el artículo y me dijo: “Este artículo es tan derechista
que te sugiero lo mandés a El Diario De Hoy”. Jamás
se publicó. Exacta-mente 10 años después Janet Cienfuegos,
me estaba invitando a escribir precisamente para El Diario de Hoy, donde
nadie me revisa los artículos que escribo, ni a Joaquín
Villalobos tampoco.
Pasé 20 años en el mundo de la radio. Hice de todo: jefe
de prensa, director de programación, locutor, entrevistas y hasta
visité agencias de publicidad para “incrementar las ventas”.
En el ínterin fui corresponsal del diario El Sol de México
y colaboraba para algunas publicaciones.
Hice algunas cosas en la televisión, tuve una corta pero intensa
experiencia en la revista El Sal-vador Ahora, decenas de entrevistas para
este periódico. Y sin embargo la aventura de esta columna y el
intenso diálogo con los lectores es de las cosas más estimulantes
que he hecho en el campo del periodismo.
En los últimos tiempos han aparecido nuevas plumas como columnistas
en los diferentes medios. Hay de todo: excelentes analistas, escritores
sensatos, liberales, conservadores o socialistas; hay también maestros
del enredo gramatical, irredentos amargados, iracundos revolucionarios
y lo más grotesco: el columnista que perdió totalmente el
sentido de la realidad al creerse poseedor único y absoluto de
la verdad. A
quel que, enloquecido sin duda, establece los parámetros de cómo
debe ser la izquierda y la derecha, quién es buen periodista y
quién no, quién es crítico y quién no, quién
sabe de música, de cine, de cualquier cosa y quién no. Todo
un caso.
*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv
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