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Conversatorio
Respuesta a los críticos

Las opiniones no son dogmas o axiomas, sino pensamientos discutibles. Si las opiniones fueran axiomas, todos seríamos sabios. Pero lamentablemente, por más que quisiéramos, no lo somos

Publicada 14 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Carlos Sandoval*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

(Primera parte)

Sería inelegante y descortés ignorar o menospreciar las críticas a la nota “El genio maligno” de la historia. Además de ser un elemental deber de cortesía, es una necesidad dialogar para contrastar opiniones, puntos de vista, decires, pareceres.

Opinar es lo más común y sencillo, pues el habla es algo esencial en la naturaleza humana. El hombre se podría definir como un animal que habla. En nuestra sociedad abundan las opiniones acerca de los más diversos temas y complejos problemas. Unas son veraces, algunas, falsas y otras, hipócritas. Hay tantas maneras de opinar como puntos de vista. Por ello lo peor que le puede suceder a uno es casarse con su propia opinión. El fanático no es sólo el que no puede cambiar de mentalidad, sino también el que se apasiona por su opinión.

Afortunadamente la opinión es dialéctica porque arrastra en su seno la antiopinión. Etimológicamente el concepto dialéctica procede del griego “dialogoma”, dialogar, y diálogo, a su vez, significa tanto conversar, razonar y hablar como reflexionar, someter a y calcular.

La opinión, de acuerdo a lo anterior, sería una “forma de discurso explicativo”. Aunque no es lo más confiable, una manera sencilla de descubrir la verdad es contrastando opiniones por medio del conversatorio o especie de mesa redonda entre varias personas. A pesar de que no somos dialogantes, sino malhablantes, hay que darle la oportunidad al diálogo, al coloquio, al palique, para que en forma consensuada encontremos la verdad.

Las opiniones no son dogmas o axiomas, sino pensamientos discutibles. Si las opiniones fueran axiomas, todos seríamos sabios. Pero lamentablemente, por más que quisiéramos, no lo somos. Las opiniones son pareceres muy personales, muy íntimos y, sobre todo, muy discutibles.

Después de leer las críticas al artículo mencionado al comienzo, debo decir que el común denominador de ellas es la defensa apasionada del marxismo. Y esto es verdaderamente preocupante porque la pasión es una perturbación o afecto desordenado de la mente. Lo contrario es el gozo del espíritu. Yo no voy a decir, como los políticos, que “aunque no comparto una opinión, la respeto”, porque despediría un tufillo de tolerancia hipócrita. Desde el momento que alguien dice algo, está expuesto a la crítica, la discusión, la refutación, la controversia, la duda. Una opinión que no se discute no es verdadera opinión, sino algo vago o cantinflesco. Lo que no tiene sentido no se discute, sólo da irritación o risa.

Debido a que son varios los “contraopinantes”, debo hacer una síntesis apretada de las tesis principales de cada uno. El Lic. Cristian Contreras, residente en Bélgica, dice que: 1) el marxismo seguirá galopando mientras exista la explotación capitalista, y 2) el marxismo cometió el error de autocalificarse de materialista, cuando es una doctrina idealista.

En cuanto a la primera tesis debo decir que la verdad es que las protestas han sido más trágicas en el socialismo real que en la democracia liberal. Las protestas populares llegaron a tal exacerbación en Europa que las masas --convertidas en Príncipes-- derribaron el Muro de Berlín, desintegraron la URSS, destrozaron las estatuas de Lenin y Stalin, revertieron a sus países el sistema liberal y sus jefes fueron acusados de genocidas como Stalin (URSS), Mao Tse Tung (China), Pol Pot (Camboya), Ulbricht (Alemania), Kadar (Hungría); Milosevic (Yugosla-via), Ceausescu (Rumania), Jaruzelski (Polonia), Zhivkov (Bulgaria) y muchos otros.

En lo que respecta a la segunda afirmación es necesario aclarar que el marxismo es materialista, no en el sentido peyorativo de conceder importancia a los bienes materiales (”materialist girl”, por ejemplo), sino en el sentido filosófico de considerar al mundo como simple materia.

Lo opuesto al idealismo que lo califica de espiritual. Lenin, por ejemplo, dice que “en el universo sólo hay materia”. Esta fórmula ha confundido a algunos académicos, pues deducen infantilmente que si todo es materia, también lo es la conciencia, el espíritu. El calificativo de idealista es correcta, si su acepción no es filosófica, sino general. Decir, por ejemplo, que una persona es idealista significa que cree en fantasías, utopías, ensoñaciones.

Sin embargo, el hombre no vive de ilusiones ni de utopías, sino de alimento, vestido, vivienda, salud, como dijo Marx. La ilusión comunista fue el mayor escándalo político del Siglo XX, pues como dijo Boris Yeltsin “el experimento marxista sumió al pueblo soviético en la mayor miseria al condenarla a vivir por debajo del nivel de pobreza y además, con la humillante tarjeta de racionamiento” y sentenció: “Esto nos recuerda constantemente que fuimos esclavos en este país”.

Si Marx hubiera experimentado el socialismo estalinista, fase superior del comunismo, es seguro que sus críticas lo hubieran confinado a la Siberia.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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