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La Nota del Día
Mata más el exceso que la carencia

Si en los dos últimos siglos en Occidente hemos escapado de las hambrunas, es gracias al capitalismo, a la producción en masa que va tras las necesidades de los compradores

Publicada 14 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

En un noticiero internacional se dijo, lo que es un dato asombroso, que dentro de treinta años más individuos morirán por exceso de comer en Estados Unidos, que la totalidad de personas que mueran de hambre en el resto del mundo. De la condición primaria del hombre, estar siempre amenazado por las hambrunas, estamos pasando a las sociedades del exceso, donde los ciudadanos medios tienen sobrepeso y los pobres tienden a ser gordos.

En algunos Estados norteamericanos, y la tendencia va en crecimiento, la obesidad es ya un problema grave de salud pública. Y una de las medidas que están siendo adaptadas es la de prohibir la venta de refrescos dulces y chucherías en las escuelas públicas. Por reacción, algunas marcas de alimentos hacen énfasis en el bajo contenido de carbohidratos que contienen, aunque la mayoría busca siempre al mercado obeso. Y obesos en extremo se ven por todas partes, con dimensiones que nadie cree posible hasta que no las “contempla con sus propios ojos”.

La abundancia parece desmentir a Malthus, quien sostuvo que el hombre se multiplica sin control siguiendo la disponibilidad de alimentos. Cuando faltan estos sobrevienen las hambrunas y la muerte, pero si abundan, la especie se multiplica hasta repetir el ciclo. Malthus formuló lo que es la ley de la vida, la regla férrea e implacable que rige la existencia de cuanto ser puebla la tierra, desde las bacterias hasta los elefantes. Si en los dos últimos siglos en Occidente hemos escapado de las hambrunas, es gracias al capitalismo, a la producción en masa que va tras las necesidades de los compradores.

Se van flacos y vuelven gordos

Hace cincuenta y más años, las más espantosas hambrunas se daban en la India, pese a que ese subcontinente tiene más área de siembra por habitante que Francia. Pero la razón era muy clara: después de independizarse de los ingleses, bajo quienes nunca se produjeron hambrunas, el sucesor de Ghandi, Nehru, impuso una economía socialista dirigida centralmente. Y como siempre acontece con los países que caen en el socialismo, la consecuencia no se hizo esperar: bajó la producción a niveles aberrantes y la gente comenzó a morir de hambre. Los cuadros de miseria que se veían en la India trasciende lo que cualquier hispanoamericano puede imaginar; en Bombay, Calcuta y las grandes ciudades de la India vehículos recorren las calles al amanecer recogiendo los cadáveres de los que han muerto durante la noche en las aceras.

Pero con el capitalismo, el nuevo sistema que se ha ido adoptando en la India, las cosas están cambiando: han surgido polos de desarrollo industrial, el país se ha colocado en el mapa tecnológico internacional y goza además de una de las tasas de crecimiento económico más elevadas del mundo. Y con el crecimiento llega la comida, con la comida las calorías y con las calorías la gordura. Se comienza a sufrir de sobrepeso en la China, en los tigres del Asia, en el Este europeo y ahora en la India. Y los que antes eran pobres dan rienda suelta a lo que durante su previa vida no pudieron: comer lo que les da la gana y comer en abundancia. De allí que cuando vuelven los ilegales, vuelven gordos.


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