Alejandro
Alle*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
¿En
qué se parecen un lago de montaña y un terreno? En que ambos
tienen el potencial de producir riqueza, siempre y cuando sea posible
aprovecharlos de forma adecuada. Con el agua del lago puede generarse
algo tan valioso como la energía eléctrica (¡gracias,
Maxwell!), mientras que con el terreno puede facilitarse el acceso al
financiamiento.
¿Cómo es eso? Ocurre que un terreno, un edificio, o una
máquina, de por sí ya son bienes de capital y tienen sus
funciones “físicas” naturales: en el terreno se puede
construir una fábrica, en el edificio puede funcionar una oficina,
y con la máquina pueden producirse mercaderías.
Pero a su vez, cuando las personas pueden demostrar la posesión
de un título de propiedad adecuadamente registrado sobre tales
bienes, se les facilita la enorme la posibilidad de generar nueva riqueza
a partir de ellos, en lo que constituye una especie de función
“inmaterial”. Un círculo virtuoso, que suena a David
Copperfield, ¿no?
No se trata en verdad de ninguna magia, sino simplemente del hecho que
en ciertas sociedades, en algunas más que en otras…, los
bienes de capital pueden llevar una “doble vida” (¡ooops!),
cosa que les permite desempeñar no sólo sus funciones “físicas”
naturales, sino también servir como garantía de las obligaciones
que contraiga su dueño (¡Ahh!, era eso…).
¿Dónde podemos ver una manifestación a gran escala
de esta doble vida que suelen llevar los bienes de capital? Sólo
en los países desarrollados. ¿Y qué es lo que ocurre
en las sociedades subdesarrolladas? Hay enormes cantidades de capital
“muerto”, porque sus dueños no pueden demostrar títulos
de propiedad.
Moraleja: “El capital que no puede llevar una doble vida, está
muerto” (no se entusiasme, que esto no aplica para las personas…,
no vaya a ser que su esposa lo termine corriendo de la casa).
Quien estudió este tema a profundidad es Hernando de Soto, un investigador
peruano que además de escribir un libro llamado “El misterio
del capital”, dirige un instituto que colabora con jefes de Estado
de todo el mundo, y cuya misión es “apoyar a los países
en vías de desarrollo en su tránsito hacia una economía
de mercado moderna”.
En el mencionado libro, de Soto destaca algo que en Latino América
vemos a cada paso, y es que pese a tratarse de países subdesarrollados,
nos encontramos a diario con gente talentosa, entusiasta, y que posee
una gran habilidad para aprender con rapidez a utilizar las tecnologías
modernas.
Asimismo, hay otro dato que destaca de Soto, y que tampoco debería
sorprendernos: en los países subdesarrollados las personas pobres
(es decir, la mayoría de la población) poseen una cantidad
considerable de bienes, pese a lo cual se les hace muy difícil
prosperar.
¿Cuál es el problema? Que por diversas razones, entre ellas
la burocracia estatal, esas personas suelen carecer de registros adecuados
de sus bienes, lo cual les impide acceder al financiamiento bancario,
es decir, a un préstamo formal. Por ejemplo, tienen casas construídas
en terrenos cuya propiedad no pueden demostrar, o son propietarios de
negocios informales.
¿Y cuando necesitan financiarse? Lo hacen pagando tasas altísimas,
en el mercado financiero informal, lo cual les impide salir de la pobreza.
Un círculo vicioso, que suena al infierno del Dante, ¿no?
En las sociedades desarrolladas, por el contrario, cada parcela de terreno,
cada casa, y cada máquina se encuentra de manera adecuada representada
en un documento de propiedad debidamente registrado. Esto es fundamental
para el desarrollo económico, en especial de los más pobres,
y en ello se basa todo el trabajo de Hernando de Soto.
A esta característica particular que tienen los bienes de capital,
de poder llevar una vida “física” y otra “inmaterial”,
la notaron todos quienes estudiaron estos temas desde la antigüedad,
en un arco que va desde Adam Smith hasta Karl Marx (y mire que el espectro
es grande, ¿no?….), ya que ambos reconocieron que “la
gallina de los huevos de oro” estaba más allá de la
física.
Y aunque la “Material girl” tiene razón cuando dice
que estamos viviendo en un mundo material, también es cierto que
el capital estará siempre entre lo físico y lo inmaterial,
con su doble vida, en una “Gira mágica y misteriosa”.
Como la de los Beatles.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía
(ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com
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