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Economía para todos
El misterioso capital

A esta característica particular que tienen los bienes de capital, de poder llevar una vida “física” y otra “inmaterial”, la notaron todos quienes estudiaron estos temas desde la antigüedad

Publicada 13 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
E
l Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

¿En qué se parecen un lago de montaña y un terreno? En que ambos tienen el potencial de producir riqueza, siempre y cuando sea posible aprovecharlos de forma adecuada. Con el agua del lago puede generarse algo tan valioso como la energía eléctrica (¡gracias, Maxwell!), mientras que con el terreno puede facilitarse el acceso al financiamiento.

¿Cómo es eso? Ocurre que un terreno, un edificio, o una máquina, de por sí ya son bienes de capital y tienen sus funciones “físicas” naturales: en el terreno se puede construir una fábrica, en el edificio puede funcionar una oficina, y con la máquina pueden producirse mercaderías.

Pero a su vez, cuando las personas pueden demostrar la posesión de un título de propiedad adecuadamente registrado sobre tales bienes, se les facilita la enorme la posibilidad de generar nueva riqueza a partir de ellos, en lo que constituye una especie de función “inmaterial”. Un círculo virtuoso, que suena a David Copperfield, ¿no?

No se trata en verdad de ninguna magia, sino simplemente del hecho que en ciertas sociedades, en algunas más que en otras…, los bienes de capital pueden llevar una “doble vida” (¡ooops!), cosa que les permite desempeñar no sólo sus funciones “físicas” naturales, sino también servir como garantía de las obligaciones que contraiga su dueño (¡Ahh!, era eso…).

¿Dónde podemos ver una manifestación a gran escala de esta doble vida que suelen llevar los bienes de capital? Sólo en los países desarrollados. ¿Y qué es lo que ocurre en las sociedades subdesarrolladas? Hay enormes cantidades de capital “muerto”, porque sus dueños no pueden demostrar títulos de propiedad.

Moraleja: “El capital que no puede llevar una doble vida, está muerto” (no se entusiasme, que esto no aplica para las personas…, no vaya a ser que su esposa lo termine corriendo de la casa).

Quien estudió este tema a profundidad es Hernando de Soto, un investigador peruano que además de escribir un libro llamado “El misterio del capital”, dirige un instituto que colabora con jefes de Estado de todo el mundo, y cuya misión es “apoyar a los países en vías de desarrollo en su tránsito hacia una economía de mercado moderna”.

En el mencionado libro, de Soto destaca algo que en Latino América vemos a cada paso, y es que pese a tratarse de países subdesarrollados, nos encontramos a diario con gente talentosa, entusiasta, y que posee una gran habilidad para aprender con rapidez a utilizar las tecnologías modernas.

Asimismo, hay otro dato que destaca de Soto, y que tampoco debería sorprendernos: en los países subdesarrollados las personas pobres (es decir, la mayoría de la población) poseen una cantidad considerable de bienes, pese a lo cual se les hace muy difícil prosperar.

¿Cuál es el problema? Que por diversas razones, entre ellas la burocracia estatal, esas personas suelen carecer de registros adecuados de sus bienes, lo cual les impide acceder al financiamiento bancario, es decir, a un préstamo formal. Por ejemplo, tienen casas construídas en terrenos cuya propiedad no pueden demostrar, o son propietarios de negocios informales.

¿Y cuando necesitan financiarse? Lo hacen pagando tasas altísimas, en el mercado financiero informal, lo cual les impide salir de la pobreza. Un círculo vicioso, que suena al infierno del Dante, ¿no?

En las sociedades desarrolladas, por el contrario, cada parcela de terreno, cada casa, y cada máquina se encuentra de manera adecuada representada en un documento de propiedad debidamente registrado. Esto es fundamental para el desarrollo económico, en especial de los más pobres, y en ello se basa todo el trabajo de Hernando de Soto.

A esta característica particular que tienen los bienes de capital, de poder llevar una vida “física” y otra “inmaterial”, la notaron todos quienes estudiaron estos temas desde la antigüedad, en un arco que va desde Adam Smith hasta Karl Marx (y mire que el espectro es grande, ¿no?….), ya que ambos reconocieron que “la gallina de los huevos de oro” estaba más allá de la física.

Y aunque la “Material girl” tiene razón cuando dice que estamos viviendo en un mundo material, también es cierto que el capital estará siempre entre lo físico y lo inmaterial, con su doble vida, en una “Gira mágica y misteriosa”. Como la de los Beatles.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com


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