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Salarrué un mito desconocido
Es la principal figura de las letras salvadoreñas.
Pese a su valioso legado literario, siempre se consideró “más
un pintor que un escritor”
Publicada 12 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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| Sagatara. Autorretrato hecho
cercano a su época marina, nótese el detalle en la
oreja, así como el tratamiento expresionista. Foto
EDH
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Juan Carlos Rivas
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Tenía 20 años cuando sus primeras prosas aparecieron en
el Diario El Salvador (1909), mismo año que también se inicia
en el estudio de la pintura, el dibujo y la escultura junto a su primo,
el caricaturista Toño Salazar, con quien se inscribe en la escuela
de Spiro Rossolino en 1916.
Primeros años formativos en los cuales, quizás, la principal
influencia la constituyó su madre, María Teresa Arrué,
una costurera de origen vasco y amante de la prosa y la poesía.
Es probable que doña Teresa haya dirigido algunos de los primeros
intentos de Salarrué, ya que ésta escribía y colaboraba
con revistas y periódicos de la época, con temas relacionados
a estilos de vida y sociedad.
El niño mostró -desde siempre- capacidades narrativas y
pictóricas admirables. Las mismas que se reflejarían en
1925, cuando publica una de las mejores historias de la literatura nacional:
O’Yarkandal.
En esta obra Salarrué dibuja todas las ilustraciones. Dibujos que
lo sitúan como un artista plástico sorprendente, por sus
formas, por sus colores.
En ellas no sólo demuestra su creatividad sino que empieza a comunicar
parte de su mundo metafísico, cosmogónico o chamanista al
cual se vio muy ligado a partir de sus constantes encuentros con la población
campesina y la población heredera de la tradición e identidad
maya pipil.
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| En su niñez. Una foto
tomada cuando tenía 6 años. Foto
EDH |
El cuentista
El resultado: “Cuentos de cipotes” y “Cuentos de barro”.
Con el primero, Salarrué se sentía especialmente orgulloso
ya que sabía que había logrado retratar la identidad e inocencia
del niño campesino.
Dichos cuentos comenzaron a publicarse en el periódico Patria entre
1920 y 1930.
Su capacidad intelectual y su conocimiento le valieron para representar
al país como diplomático en los Estados Unidos específicamente,
como un agregado cultural.
En 1926 escribe “El Cristo Negro”. Al año siguiente,
“El señor de la burbuja”, obra que le valió
el 1º premio de ¢200 y medalla de oro otorgado por el Certamen Nacional
de Novela del diario El Salvadoreño.
Ese año ingresa como miembro a la Asociación de Periodistas
de El Salvador.
Fue profesor de mitología y arte decorativo indígena en
la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Obtuvo notoriedad hispanoamericana gracias a su amiga la poeta chilena
Gabriela Mistral. Pero mientras su fecunda pluma seguía produciendo,
su interés se centraba en pintar.
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