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Carlos Balaguer*
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El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Dejar vagar la fantasía es dejar espacio libre a la imaginación. Contemplando la Creación veremos cuán grande fue la fantasía del Creador. Cada cosa que existe ha sido creada ya por las manos del hombre, por la naturaleza o por el cosmos.
El cosmos es el escenario y las fuerzas naturales el instrumento de Dios. Según la física cuántica el universo conocido seguramente nació de una manera espontánea. Esto la volvería creacionista. Todo programa tiene su programador, todo diseño su diseñador, toda obra su autor. Un panal de miel tiene sus autoras: las doradas y laboriosas abejas del poema de la naturaleza. En ese “divino ocio” de dejar volar la imaginación los sabios griegos produjeron hermosas obras de arte y literatura.
La imaginación es la palabra mágica que mueve tanto el arte, la literatura y la historia. Existe pues el arte de hacer la historia, el arte escénico, el arte plástico y el arte literario. En el escénico está el drama, el canto, la comedia. En el plástico la escultura, la pintura y la alfarería. En el literario la prosa, el poema, la oratoria. Pero es la diosa imaginación la que opera en cada uno de ellos para realizar el milagro.
Día a día
Revolución democrática
“Revolución democrática”, la frase que emplea el cabecilla del FMLN José Luis Merino en una entrevista, constituye una contradicción en términos, pero también un escenario y desarrollo políticos. Las revoluciones nunca son o pueden ser democráticas, pues en el momento en que lo sean dejan de ser “revoluciones”.
Pero a través de los procesos propios de las democracias una nación se puede entrampar, o hundir, en una “revolución”, como acaeció en Alemania en los años treinta y está sucediendo en Venezuela hoy en día: dos dictaduras, la de los nacional-socialistas (nazis) de Hitler, y la “bolivariana” de Chávez.
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