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Tomando la palabra
La ambición que rompió el saco

La sacudida universal también obligó a desempolvar y sacar de viejos archivos proyectos de largo alcance, para la fabricación de combustible sintético, que datan de la Segunda Guerra Mundial

Publicada 12 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Rodolfo Chang Peña*
El
Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Todavía a principios del año pasado, cuando el galón de gasolina regular no pasaba de los dos dólares con cincuenta centavos, dentro de lo que cabe el ambiente estaba tranquilo y la vida en las ciudades y poblaciones transcurría sin mayores sobresaltos, todo fue que las petroleras transnacionales empezaran a subir los precios a grandes trancos, argumentando la guerra en Iraq, la tensión del Medio Oriente y los mayores gastos de producción, para que se agitaran las aguas y se produjera un nuevo despertar mundial, en materia de combustibles.

Como estos productos son tan determinantes en el quehacer cotidiano, cuando los precios subieron en forma sustantiva, crearon una reacción en cadena, que afectó grandemente a los países pequeños cuyas economías se vieron arrinconadas de la noche a la mañana.

Una amenaza de huelga del transporte surgió en el ambiente y el público dejó de comprar gasolina especial y se refugió en la regular y en el diesel, pero quizá la actitud de mayor peso fue el obligado cambio de hábitos.

Mucha gente acostumbrada a viajar los fines de semana al interior del país y a los balnearios se las ingeniaron para gastar menos y prueba de ello es que el Fovial recaudó siete millones de dólares menos que el año pasado en el mismo período. Los que pudieron hacerlo se cambiaron de la gasolina al diesel y las familias de economías más débiles no tuvieron otra alternativa que deshacerse de sus peroles o guardarlos en espera de mejores tiempos y usar el transporte público.

Los vehículos todoterreno de gran potencia y para algunos símbolo de bonanza y seguridad, rápidamente se volvieron anacrónicos por “gastones” de combustible, y más de algún propietario comentó para sus adentros: “¿Para qué necesito cuatro mil o más centímetros cúbicos de cilindrada con un alto consumo de combustible, si me bastan mil quinientos para realizar mis quehaceres habituales?”

Pero el tiro de gracia fue que la aciaga decisión de subir los precios de los derivados del petróleo se convirtió en un poderoso incentivo para la investigación científica, en busca de sustitutos más baratos y depender cada vez menos del petróleo. Antes de un año surgieron varias opciones, como usar gas propano (incluyendo ofertas razonables para realizar las adaptaciones correspondientes), etanol, biodiesel, combustible de hidrógeno, etc. Brasil dando un gran salto hacia el futuro decidió invertir diez mil millones de dólares para autoabastecerse de alcohol /combustible y no depender de nadie.

Otra mala noticia para las petroleras internacionales es el florecimiento de una nueva línea en la industria automotriz, tal es la fabricación de los llamados vehículos híbridos a gasolina y electricidad, que ya empezaron a llegar al mercado y que seguramente marcará un hito en la historia del ahorro de gasolina. La preferencia mundial de las alternativas se ha fortalecido, porque son menos contaminantes del medio ambiente, emiten menos cantidades de anhídrido carbónico y consecuentemente contribuyen menos con el calentamiento de la tierra.

La sacudida universal también obligó a desempolvar y sacar de viejos archivos proyectos de largo alcance, para la fabricación de combustible sintético, que datan de la Segunda Guerra Mundial, entre cuyos pioneros destacan científicos alemanes que trabajaron en esa materia a principios de los años cuarenta del siglo pasado, y que grandes intereses y poderosas corrientes no permitieron desarrollar en el pasado.

Las petroleras transnacionales prácticamente causaron una inflación que afectó al mundo civilizado sin distinción, encareciendo todos los órdenes de la economía, y como ellas también son consumidoras (equipos, maquinarias, insumos, tecnologías, materias primas especializadas, etc.), la misma alza que provocaron les está afectando también en una magnitud que tal vez nunca pensaron.

Basta citar el ejemplo de General Motors que acaba de cerrar doce plantas de producción (30,000 nuevos desempleados).

¿Será que el plan de subir el precio de los derivados del petróleo se llevó a la práctica sin realizar antes las investigaciones correspondientes, sobre las posibles consecuencias y repercusiones en consumidores, productores y distribuidores?

No creo que los últimos den su brazo a torcer ya que en estos niveles se juegan demasiados intereses, lo cierto es que, para beneficio de todos, los precios están cayendo en picada, quizás desean recuperar un terreno que ya perdieron irremediablemente. ¿Se habrán convencido de que la ambición rompe el saco?.

*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.© www.aipenet.com

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