|
Óscar
Rodríguez Blanco s.d.b.*
El Diario
de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El pasado 21 de noviembre, fiesta de la Virgen de la Paz, los obispos
de El Salvador, publicaron la Carta Pastoral: “No te dejes vencer
por el mal”, en solidaridad con los salvadoreños que sufren
las consecuencias de los desastres de la naturaleza y la imperante situación
de violencia que azota al pueblo. Inspirados en el evangelio, en la doctrina
social de la iglesia y en el magisterio pontificio, desean iluminar la
conciencia de los salvadoreños frente a las circunstancias que
viven. La evangelización, las diversas expresiones pastoral social
y la educación de la conciencia, son servicios imprescindibles
que no pueden faltar en estos momentos.
Según datos del Fondo de las Naciones Unidas (PNUD) “El Salvador
es uno de los países más violentos de América latina:
“el año pasado hubo más de dos mil setecientos homicidios,
casi todos cometidos con armas de fuego, y este año, de enero a
julio, se cuentan más de dos mil” (Carta Pastoral No. 15).
No se niega en esta Carta que existen zonas que son oasis de paz, pero
en ellas, hay preocupación y angustia. ¿Qué hacer
ante una situación tan grave? Esta es la pregunta que se hacen
los obispos por la inseguridad que se vive a causa de la desorientación
de jóvenes y no jóvenes, que buscan un futuro mejor. Como
hombres de fe, dice la Carta, “estamos convencidos de que esta dramática
realidad puede ser transformada si todos y cada uno asumimos, con lucidez
y valentía, nuestras responsabilidades: las autoridades, las iglesias,
la familia, la escuela, los dirigentes políticos, la sociedad civil,
los medios de comunicación social, etc”. (Carta No.21).
Se reconoce que se hacen laudables esfuerzos de parte de todos los sectores,
hay buena voluntad.
La preocupación por defender el derecho a la vida ha llevado a
los obispos a exhortar a la comunidad cristiana con las palabras del Apóstol
San Pablo: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al
mal con el bien” (Rom.12,21), tema elegido por Juan Pablo II para
la Jornada Mundial de la Paz 2005 y en donde se nos invita a llamar al
mal por su nombre: “El mal no es una fuerza anónima que actúa
en el mundo por mecanismo deterministas e impersonales. El mal pasa por
la libertad humana… el mal tiene siempre un rostro y un nombre:
El rostro y el nombre de los hombres y mujeres que libremente lo eligen”
(Juan Pablo II).
Es necesario, dice el Papa, “que para promover la paz, venciendo
el mal con el bien, hay que tener en cuenta el bien común y sus
consecuencias sociales y políticas” y dicha responsabilidad
compete particularmente a la autoridad política.
Para los obispos “vencer al mal con el bien” es tomar conciencia
de que la violencia es una enfermedad de la sociedad, es analizar el grave
y complejo fenómeno de las pandillas, adoptando un enfoque que
dé prioridad a la prevención, a la rehabilitación
e inserción social, es convencerse de que las armas de fuego son
un factor decisivo en el alto índice de homicidios, es convencerse
de que es necesario hacer reformas estructurales en los centros penales,
es corregir las deficiencias del sistema judicial y hacer que todas las
organizaciones de la sociedad civil se involucren para superar la actitud
cómoda de echar la culpa al Gobierno.
Es necesario el aporte de las familias, de las instituciones educativas,
los medios de comunicación, los cristianos y de los mismos involucrados
en la violencia y en todo esto se debe poner en el centro a la persona
humana. La iglesia, teniendo en cuenta la dignidad del ser humano propone
“un humanismo integral y solidario que pueda animar un nuevo orden
social, económico y político, fundado sobre la dignidad
y la libertad de toda persona .
Frente a la violencia homicida hay que aceptar que sólo Dios es
el que da la posibilidad de superar el mal para alcanzar el bien. El mal
se ataca con las armas del amor, “cuando el amor vence al mal, reina
el amor y donde reina el amor reina la paz” (Juan Pablo II).
Luchar con las armas del amor es el desafío para los cristianos,
pues es la única fuerza capaz de transformar la realidad presente
para que las armas de la guerra se conviertan en instrumentos de paz.
*Párroco de la iglesia María Auxiliadora
(Don Rúa).
 |