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Sugerencia
Ahogar el mal con el bien

En momentos difíciles los pueblos han salido adelante, destacando las grandezas del presente o de su pasado histórico, como lo hiciera en España la célebre generación del 98.

Publicada 11 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El
Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Lo negativo destaca siempre más que lo positivo y un grito estridente se escucha más que cien voces que guardan respetuoso silencio; una pequeña mancha ensucia un piso que reluce de limpio y una mala expresión o un comentario pesimista, daña un ambiente que hasta entonces había sido agradable.

Algo así nos está ocurriendo y causándonos serios daños en el aspecto emocional, social y político. No se ha destacado que el precio de la gasolina ha descendido considerablemente, pero en el momento en que aumenta un par de centavos se comenta, se critica al Gobierno, y hace bajar drásticamente la calificación de la joven Ministra de Economía, como que ella tuviese la culpa de que los países árabes vendan su crudo al precio que les da la gana.

En un almuerzo con los columnistas de diversos medios de comunicación, el Presidente Saca y la señora vicepresidenta informaban de los esfuerzos que el Gobierno realiza para lograr atraer más inversión extranjera, aprovechando la excelente calificación que en estos momentos gozamos como país solvente. Y ponía como ejemplo una historia que confirma lo anterior.

Se había logrado que un fuerte grupo inversionista extranjero eligiera a El Salvador para establecer sus empresas, por lo que decidieron visitar el país. Los ministerios involucrados se prepararon para lograr que la misión viera que valía la pena poner la confianza en los salvadoreños y que su inversión estaría garantizada. El grupo financiero estaba muy impresionado, no sólo ante la belleza natural de nuestro país, sino por su desarrollo evidente, especialmente después de los daños causados por los terremotos.

Quisieron visitar el centro histórico de la capital, con lo que se cumplió una vez más aquella ley de todos conocida: ese día, unos encapuchados autobautizados con unas cuantas letras, se habían tomado la Catedral, en protesta por cualquier cosa, y el espectáculo fue lamentable.

Los empresarios se atemorizaron, considerando que este tipo de actitudes no correspondía a lo que ellos esperaban; que los conflictos sociales no habían sido superados; que tomarse un templo, allanando un recinto sagrado, que en todos los países del mundo y desde la época medieval ha gozado del derecho de asilo, es una cosa muy seria, que muestra una situación de anarquía e inspira muy poca confianza.

Es posible que los encapuchados no se hayan enterado del daño que causaron, pues desocuparon Catedral cuando se les acabó la cuerda o terminó el tiempo por el que habían sido contratados. Pero tal vez, si estas actitudes no trascendieran, ni se dieran a conocer en los medios de comunicación, pasarían inadvertidas y serían menos frecuentes, ya que los antisociales lo que más buscan es notoriedad. Y esto se dio en la antigüedad cuando aquel pastor, de nombre justamente olvidado, que para ser recordado en la historia, destruyó el Templo de Diana, en Éfeso.

La aventura de 70 antisociales que impidieron la entrada a los miles de alumnos de la UES tuvo amplia difusión, lo que les debe haber causado plena satisfacción, y se hubieran sentido frustrados de no habérseles tomado en cuenta. Todos nos sentiríamos más tranquilos si no se diera tanta publicidad a los crímenes truculentos de decapitados y descuartizados que cada día van en aumento. Además de crear más inseguridad en la población, muchas veces entorpecen las investigaciones y al darle la vuelta al mundo en la Internet, presenta en el extranjero la peor de nuestras caras.

En momentos difíciles los pueblos han salido adelante, destacando las grandezas del presente o de su pasado histórico, como lo hiciera en España la célebre generación del 98. Aquí, los avances en teatro, música y pintura apenas merecen humildes espacios; poco se comenta de los éxitos de compatriotas en el extranjero, y menos, de las muchas iniciativas de tipo social que apoyan a los sectores más necesitados. Intentemos destacar las cosas buenas que realizamos a diario muchos millones de salvadoreños y ayudaremos a elevar la moral de la población.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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