Eugenia
Velázquez
El Diario de Hoy
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| Ponencia. Otoniel Matías,
vulcanólogo de Guatemala, participó en el foro que
se desarrolló en la Universidad de El Salvador. Foto:
EDH |
Tener líneas bases sobre el comportamiento de un volcán
es de vital importancia en el estudio del mismo, y no sólo eso,
con dicha información, algunos vulcanólogos en el mundo,
han podido pronosticar en cuestión de días, y hasta en horas,
una erupción.
Eduardo Malavassi, fundador del primer Observatorio Vulcanológico
y Sismológico de Costa Rica, uno de los países que a nivel
de Latinoamérica está a la vanguardia en estudio volcánico,
aseveró que tener información documentada sobre lo que se
puede esperar de un volcán depende también del desarrollo
institucional en las diferentes áreas relacionadas con el tema.
Además, la debida comunicación y coordinación con
las entidades de gobierno, responsables de prestar la seguridad ciudadana
y de brindar la capacitación adecuada a los pobladores que viven
en las zonas de influencia volcánica es fundamental para el manejo
del riesgo.
Malavassi puso a manera de ejemplo la experiencia que se tiene en Costa
Rica con el volcán Arenal, el cual, lanza rocas incandescentesdesde
que hizo erupción en 1968.
El experto explica que la naturaleza no mantiene un equilibrio estable,
por lo que no se sabe con exactitud cuándo un volcán entrará
en erupción hasta “que lo hace”, es decir, cuando las
señales de sismicidad, dióxido de azufre (SO2), y de altas
frecuencias comienzan a mostrar parámetros arriba de su línea
base.
Y más preocupante todavía, según dijo, es que no
se sabe tampoco cuándo cesará. Es allí donde radica
la importancia de que las instituciones rectoras en la materia cuenten
con información documentada, aseveró.
Sin embargo, a juicio del especialista, durante los años en que
el volcán Arenal ha permanecido activo, este fenómeno le
ha generado a Costa Rica “la quinta parte del $1 millón 200
mil que ingresan a ese país en concepto de turismo”.
Pero destacó que a partir de 2001, la Comisión Nacional
de Emergencia aprobó un mapa de zonificación de riesgo en
una área de 5.5 kilómetros, donde se establece en qué
lugares no se puede construir ni tampoco se permite el acceso a los turistas.
En México, de 10 volcanes activos que existen en ese país,
dos son vigilados constantemente, el Colima y el Popocatépetl.
Al respecto, Juan Carlos Gavilanes, del Centro de Ciencias del Ambiente
de la Universidad de Colima, México, respaldó lo dicho por
su homólogo de Costa Rica, en cuanto a que la zonificación
del riesgo basada en los estudios geológicos es primordial.
Perfil
Eduardo Malavassi fue el fundador en 1980 del Primer Observatorio Vulcanológico
y Sismológico de Costa Rica, (Obsicori), del cual fue el director
durante 11 años. Actualmente es profesor en la Universidad Nacional
de Heredia. Estudió en Hawaii. Su doctorado en vulcanología
lo realizó en la Universidad de Santa Cruz, California, Estados
Unidos. Ha desempeñado otros cargos, como el de coordinador del
Sistema de Vigilancia de los volcanes. También ha recibido diversas
capacitaciones y becas para maestrías otorgadas por la UNESCO.
Perfil
Juan Carlos Gavilanes es profesor del Centro de Ciencias del Ambiente.
Su mayor experiencia ha sido en el área del manejo del riesgo social
con las comunidades que viven en la zona de influencia de los dos volcanes
más activos que tiene México, El Colima y el Popocatépetl.
Ha participado en masivas evacuaciones de hasta 35 mil personas, las cuales
han durado hasta dos meses debido al Popocatépetl. Destaca la importancia
sobre la forma en que afrontan el riesgo las comunidades, gobierno y las
municipalidades de manera conjunta.
Experiencia en volcanes
En Costa Rica y México existen volcanes que están activos
desde hace muchos años.
Arenal, Costa Rica
Hizo erupción en 1968. Desde ese entonces su actividad no ha parado.
Según los expertos de ese país, aún lanza rocas incandescentes
y también se han observado erupciones freáticas (de ceniza).
El lugar es un destino turístico a nivel mundial.
Popocateptl
Junto al Colima, ambos de México, son estudiados constantemente
por los especialistas. Los flujos de piroclásticos (cenizas, gases,
y fragmentos de rocas a altas temperaturas) que han alcanzado hasta 20
kilómetros son frecuentes.

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