| Jeffrey
Sachs*
El Diario de Hoy
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Los
diez años más calientes registrados ocurrieron a partir
de 1990 y es probable que 2005 vaya a ser el más caluroso de todos.
Este año, hemos probado muchas de las clases de peligros que nos
esperan: huracanes más violentos, sequías pronunciadas,
incendios forestales, propagación de enfermedades infecciosas e
inundaciones. El clima está cambiando y va a haber más cosas
así en el futuro.
Los gobiernos del mundo se reuniron en Montreal al final de noviembre
para decidir las próximas medidas que adoptar, si el gobierno de
Bush abandonara su deliberada negligencia respecto de esa cuestión
fundamental.
Se equipara el cambio climático con el “calentamiento planetario”,
pero no se trata sólo de calentamiento. La concentración
en aumento de dióxido de carbono y otros gases de invernadero está
provocando más tormentas violentas, huracanes más intensos,
aumento del nivel de los océanos, fusión de los glaciares
y las capas de hielo, sequías, inundaciones y otros cambios climáticos.
Incluso la química de la tierra y del mar está cambiando,
pues éste se esta acidificando --con lo que amenaza los arrecifes
de coral-- a consecuencia de una mayor cantidad de dióxido de carbono.
No se conocen con precisión las características concretas
del cambio, pero se aprecian en gran medida los riesgos de continuar con
la actual marcha del mundo. Sin embargo, los Estados Unidos se han negado
a firmar el Protocolo de Kyoto,.
Conforme a lo dispuesto en el Tratado de las Naciones Unidas sobre el
cambio climático, los signatarios --prácticamente todo el
mundo-- se reunirán todos los años para examinar la aplicación
del tratado.
Las acciones necesarias son difíciles de introducir, porque afectan
a la esencia del uso mundial de la energía, en particular el uso
de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas),
que, al quemar, despiden dióxido de carbono --la causa fundamental
de los gases de invernadero-- a la atmósfera. Sin embargo, la economía
mundial depende de los combustibles fósiles y los países
en desarrollo necesitan usarlos más --no menos--, al crecer sus
economías. Aunque el mundo se quede sin petróleo y gas en
los próximos años, el carbón seguirá siendo
abundante y se puede convertir el carbón sólido en combustible
líquido para los automóviles y otros usos a un costo relativamente
bajo.
Lamentablemente, las fuentes energéticas renovables que no emiten
dióxido de carbono, como, por ejemplo, la fuerza del viento y la
energía geotérmica, no son suficientes aún. Se puede
producir energía solar en la cantidad necesaria, pero con las tecnologías
actuales resulta demasiado cara. La energía nuclear es relativamente
barata y podría ser abundante, pero plantea enormes peligros con
una mayor proliferación de materiales que se utilizan en las armas
nucleares.
Hay dos clases principales de tecnologías que parecen de lo más
prometedoras. La primera es la conservación de la energía
mediante vehículos con un gasto de energía más eficiente.
Los nuevos automóviles híbridos, lanzados en primer lugar
por Toyota, usan gasolina y energía eléctrica para multiplicar
por dos, aproximadamente, la eficiencia del uso de la gasolina.
La segunda gran tecnología que podría cambiar la situación
en gran medida se llama “captación y almacenamiento del carbono”.
La idea es “captar” el dióxido de carbono emitido por
las centrales energéticas y otras fábricas, al quemar los
combustibles fósiles, lo que impediría que entrara en la
atmósfera. Después se bombea el carbono captado hasta emplazamientos
subterráneos donde almacenarlo, como, por ejemplo, los yacimientos
de petróleo vacíos y otros lugares idóneos.
Ya se ha demostrado la viabilidad de todos los aspectos fundamentales
de esa tecnología --captación del dióxido de carbono,
su introducción en conductos para transportarlo y después
depositarlo en el subsuelo--, pero aún no se han ensayado y demostrado
en gran escala. Sin embargo, hay pruebas elocuentes de que emprender la
captación y el almacenamiento de carbono en gran escala no costaría
cantidades inmensas de fondos.
El problema es el tiempo. La adopción en todo el mundo de vehículos
híbridos y otras tecnologías inocuas requerirá decenios,
no años, como también el paso de las centrales energéticas
a la captación y el almacenamiento del carbono. Si lo aplazamos,
los peligros planteados por el cambio climático nos afectarán,
cuando aún estemos hablando, debatiendo y planificando.
Copyright: Project Syndicate. *Profesor de Economía y Director
del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.
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