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El cambio climático

Los peligros planteados por el cambio climático nos afectarán, cuando aún estemos hablando, debatiendo y planificando. Para atajar las mayores amenazas, el mundo necesita empezar a actuar pronto

Publicada 10 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Jeffrey Sachs*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Los diez años más calientes registrados ocurrieron a partir de 1990 y es probable que 2005 vaya a ser el más caluroso de todos. Este año, hemos probado muchas de las clases de peligros que nos esperan: huracanes más violentos, sequías pronunciadas, incendios forestales, propagación de enfermedades infecciosas e inundaciones. El clima está cambiando y va a haber más cosas así en el futuro.

Los gobiernos del mundo se reuniron en Montreal al final de noviembre para decidir las próximas medidas que adoptar, si el gobierno de Bush abandonara su deliberada negligencia respecto de esa cuestión fundamental.

Se equipara el cambio climático con el “calentamiento planetario”, pero no se trata sólo de calentamiento. La concentración en aumento de dióxido de carbono y otros gases de invernadero está provocando más tormentas violentas, huracanes más intensos, aumento del nivel de los océanos, fusión de los glaciares y las capas de hielo, sequías, inundaciones y otros cambios climáticos.

Incluso la química de la tierra y del mar está cambiando, pues éste se esta acidificando --con lo que amenaza los arrecifes de coral-- a consecuencia de una mayor cantidad de dióxido de carbono.

No se conocen con precisión las características concretas del cambio, pero se aprecian en gran medida los riesgos de continuar con la actual marcha del mundo. Sin embargo, los Estados Unidos se han negado a firmar el Protocolo de Kyoto,.
Conforme a lo dispuesto en el Tratado de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, los signatarios --prácticamente todo el mundo-- se reunirán todos los años para examinar la aplicación del tratado.

Las acciones necesarias son difíciles de introducir, porque afectan a la esencia del uso mundial de la energía, en particular el uso de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), que, al quemar, despiden dióxido de carbono --la causa fundamental de los gases de invernadero-- a la atmósfera. Sin embargo, la economía mundial depende de los combustibles fósiles y los países en desarrollo necesitan usarlos más --no menos--, al crecer sus economías. Aunque el mundo se quede sin petróleo y gas en los próximos años, el carbón seguirá siendo abundante y se puede convertir el carbón sólido en combustible líquido para los automóviles y otros usos a un costo relativamente bajo.

Lamentablemente, las fuentes energéticas renovables que no emiten dióxido de carbono, como, por ejemplo, la fuerza del viento y la energía geotérmica, no son suficientes aún. Se puede producir energía solar en la cantidad necesaria, pero con las tecnologías actuales resulta demasiado cara. La energía nuclear es relativamente barata y podría ser abundante, pero plantea enormes peligros con una mayor proliferación de materiales que se utilizan en las armas nucleares.

Hay dos clases principales de tecnologías que parecen de lo más prometedoras. La primera es la conservación de la energía mediante vehículos con un gasto de energía más eficiente. Los nuevos automóviles híbridos, lanzados en primer lugar por Toyota, usan gasolina y energía eléctrica para multiplicar por dos, aproximadamente, la eficiencia del uso de la gasolina.

La segunda gran tecnología que podría cambiar la situación en gran medida se llama “captación y almacenamiento del carbono”. La idea es “captar” el dióxido de carbono emitido por las centrales energéticas y otras fábricas, al quemar los combustibles fósiles, lo que impediría que entrara en la atmósfera. Después se bombea el carbono captado hasta emplazamientos subterráneos donde almacenarlo, como, por ejemplo, los yacimientos de petróleo vacíos y otros lugares idóneos.

Ya se ha demostrado la viabilidad de todos los aspectos fundamentales de esa tecnología --captación del dióxido de carbono, su introducción en conductos para transportarlo y después depositarlo en el subsuelo--, pero aún no se han ensayado y demostrado en gran escala. Sin embargo, hay pruebas elocuentes de que emprender la captación y el almacenamiento de carbono en gran escala no costaría cantidades inmensas de fondos.

El problema es el tiempo. La adopción en todo el mundo de vehículos híbridos y otras tecnologías inocuas requerirá decenios, no años, como también el paso de las centrales energéticas a la captación y el almacenamiento del carbono. Si lo aplazamos, los peligros planteados por el cambio climático nos afectarán, cuando aún estemos hablando, debatiendo y planificando.

Copyright: Project Syndicate. *Profesor de Economía y Director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia.


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