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Tema del momento
Las encuestas y el desempleo

Cuando hay una diferencia entre una opinión sobre algo que la gente no puede medir directamente y una realidad, no hay la más mínima duda de dónde está la verdad

Publicada 9 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Manuel Hinds*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Como lo sabe cualquiera que haya estado asociado con encuestas, es muy fácil producir resultados que difieren marcadamente de la realidad al consultar opiniones. Esto sucede aun en consultas con respuestas muy definidas, como cuando se pregunta a las personas por qué partido político van a votar en las próximas elecciones. En esta pregunta hay sólo unas cuantas respuestas posibles y no hay ninguna posibilidad de malentendido entre el encuestador y el encuestado.

Aún así, se dan grandes errores, como el reciente caso de Honduras ha demostrado. Este caso, por supuesto, no es el primero ni el único. Uno de los casos clásicos es el de la elección en la que el republicano Dewey y el demócrata Truman se disputaron la presidencia de los Estados Unidos.

Los periódicos estaban tan convencidos de que las encuestas que favorecían a Dewey por un amplísimo margen estaban correctas, que al día siguiente de las elecciones, sin tener todavía los resultados de éstas, proclamaron el triunfo del republicano. Más tarde en ese día, cuando se proclamó el triunfo de Truman, éste apareció en una famosa fotografía celebrando su elección, mientras mostraba un periódico famoso que le daba el triunfo a su vencido contrincante.

La probabilidad de error aumenta exponencialmente cuando lo que se quiere medir admite muchas o infinitas respuestas. Las fuentes de error son múltiples. Del lado del entrevistador, éste puede (voluntaria o involuntariamente) sugerir respuestas a los entrevistados e interpretar mal sus respuestas.

Del lado del entrevistado, éste puede malinterpretar las preguntas, responder cosas que no cree para presentar una cierta imagen al entrevistador (como por ejemplo al contestar las preguntas: “Cuántas copas de licor tomó el viernes pasado?” o “¿usted se emborracha con frecuencia?”), o contestar lo primero que se le ocurra para salir rápido de la entrevista. Esto, por supuesto, se vuelve peor cuando las preguntas son sobre opiniones.

Hay encuestas que son fácilmente contrastadas con la realidad para determinar su calidad. Las más notorias entre éstas son las de elecciones. Después de una cierta fecha usted sabe si una encuesta determinada fue buena o mala. En las de opiniones, sin embargo, es muy difícil encontrar hechos contra los cuales las opiniones reportadas en encuestas puedan ser contrastadas. Hay, sin embargo, algunos casos, como el del desempleo en El Salvador.

Es ya tradicional que todas las encuestas identifican el desempleo como el peor problema económico del país. Por ejemplo, hace poco se publicó en La Prensa Gráfica una encuesta que, como prácticamente todas, identificó la violencia (25.1%) y el desempleo (14.3%) como los peores problemas del país. Entre los deseos para 2006, el más popular era la generación de empleo (23.6%). Como cualquiera puede notar, esta opinión contrasta dramáticamente con un hecho muy conocido: que el país genera más empleos que gente en busca de ellos. Una manifestación de esto es que hay que importar trabajadores extranjeros para levantar las cosechas. Este es un hecho incontrovertible, reportado en todos los medios de comunicación del país.

Cuando hay una diferencia entre una opinión sobre algo que la gente no puede medir directamente (los entrevistados no tienen manera de saber cual es la tasa nacional de desempleo) y una realidad, no hay la más mínima duda de dónde está la verdad. En este caso, es obvio que el desempleo no es un problema grave en El Salvador. Este diagnóstico coincide con las encuestas de desempleo, que sólo preguntan si la persona tiene empleo y, si no lo tiene, si está buscando trabajo (las personas que no tienen empleo pero no buscan trabajo no son desempleadas de acuerdo a la definición técnica del término).

De acuerdo a estas cifras, el desempleo está entre 6 y 7%, lo cual es una tasa baja. Pero, entonces, ¿por qué dice la gente que hay un gran desempleo? Puede haber muchas explicaciones pero es difícil no pensar en que una de ellas es la inercia publicitaria. Como todas las encuestas dicen que el peor problema es el desempleo, cuando le preguntan a la gente cuál es el peor problema dicen que el desempleo, aunque nunca hayan medido el desempleo en el país y ni siquiera leído las estadísticas de empleo.

De esta forma los mitos se propagan y se mantienen. No es culpa de un medio en especial: todos lo hacemos.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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