El Diario de Hoy
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| Descuido. Presumen que laboraba
en una cohetería. Foto: EDH |
Al pequeño Diego Piche de cuatro años, con la edad y el
tamaño adecuado en los deditos como para fabricar fulminantes,
ésta vez le falló la técnica.
El niño está ingresado en el servicio de oftalmología
luego de que varios fulminantes le explotaran en el rostro, pero la lesión
no se la ganó por jugar, sino por trabajar.
De acuerdo a la versión que proporcionó la madre cuando
lo llevó al hospital Bloom, el niño estaba mojando la pólvora
porque estaba muy seca como para envolverla en el típico papel
de colores, por eso los médicos presumen que estaba en alguna fábrica
clandestina ubicada en la colonia Popotlan de Apopa, al norte del país.
Además de las lesiones oculares, tiene esquirlas en la nariz.
Julio Cardona, primo de Diego también resultó lesionado
en la mano derecha, pero recibió el alta.
En lo que va del año, siete pequeños han ingresado al Bloom
por quemaduras con pólvora.
Uno de los hospitalizados se quemó con un silbador, tres por mortero,
una última niña, Adriana Chávez, es una de las sobrevivientes
de la explosión en una cohetería de El Congo, Santa Ana
Edith Juárez, de 11 años, llegó desde Cojutepeque,
Cuscatlán con quemaduras de segundo grado cuando se incendió
la casa.

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