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Piden acabar con el nuevo genocidio
Darfur. Esta provincia africana en Sudán está sufriendo la misma barbarie que los ruandeses. La película Hotel Ruanda evidencia lo que padeció ese pueblo ante la indiferencia mundial
Publicada 8 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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| Conflicto. Miembros del Ejército Dudanés de Liberación patrullan en el sur de Darfur. Hasta la fecha las negociaciones de paz han fracasado.
Foto EDH/ |
The New York Times
Por NICHOLAS D. KRISTOF
Internacionales
internacionales@elsalvador.com
En 1915, Woodrow Wilson se hizo de la vista gorda ante del genocidio armenio. En la década de los 40, Franklin Roosevelt se negó a bombardear las vías ferroviarias que conducían hasta Auschwitz. En 1994, Bill Clinton desvío la mirada de la matanza en Ruanda.
Y en 2005, el Presidente Bush está aquiesciendo al primer genocidio del siglo XXI, en Darfur.
Bush está paralizado por las misas razones que sus predecesores. No existe ninguna indignación pública en gran escala, no hay soluciones pulcras, y todo da la impresión de ser más bien distante y sin esperanza.
Sin embargo, Darfur no carece de esperanza. A continuación enumero lo que los estadounidenses deberíamos hacer:
– Debemos pagarle lo debido a la fuerza de seguridad de la Unión Africana. El Congreso de EE.UU. los $50 millones del presupuesto actual para ayudar a cubrir los costos de los pacificadores africanos en la región de Darfur. Qué vergüenza del representante de Arizona, Jim Kolbe – y de la Casa Blanca – por facilitar el genocidio.
Bush necesita encontrar ese dinero rápidamente y hacérselos llegar a la fuerza para el mantenimiento de paz.
– En segundo lugar, Estados Unidos necesita pugnar por una expansión de la fuerza de seguridad que está en Darfur. La fuerza de la Unión Africana es un buen comienzo, pero carece de suficiente efectivos y armas. La solución más práctica consiste en “ponerle cascos azules” a dicha fuerza, convirtiéndola así en una fuerza de Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz creada en torno al núcleo de la Unión Africana.
– Nosotros deberíamos imponer una zona de exclusión aérea. Estados Unidos debería advertirle a Sudán que si bombardea a civiles, entonces los estadounidenses destruiremos posteriormente a las aeronaves involucradas.
– La cámara baja de Estados Unidos debería aprobar la Ley de Paz y Rendición de Cuentas en Darfur. Esta legislación, que aplicaría sanciones específicas y ejercería presión sobre Sudán para que detuviera la matanza, fue aprobada en el Senado estadounidense de manera unánime pero actualmente enfrenta una lucha cuesta arriba en la Cámara de Representantes.
– Bush debería hablar acerca de la región de Darfur en sus discursos e invitar a supervivientes a la Oficina Oval. Él puede llamar a Hosni Mubarak (el Presidente egipcio) y otros mandatarios árabes y africanos y pedirles que visiten Darfur. También podría hacer un llamamiento sobre China para que deje de asumir la responsabilidad financiera de este genocidio.
– Bush y Kofi Annan (el secretario general de Naciones Unidas) deberían nombrar de manera conjunta a un enviado especial para que negocie con jeques tribales. Colin Powell o James Baker III serían ideales para trabajar con los jeques y otras partes para extraer un acuerdo de paz. .
Hasta la fecha, las negociaciones de paz han fracasado debido a que se centran en dos grupos que están compuestos parcialmente por maleantes incontrolables: el gobierno y los rebeldes cada vez más divididos. Sin embargo, Darfur tiene un sistema tradicional de resolución de conflictos que se fundamenta en los jeques tribales, y es de importancia crucial llevar a esos jeques al proceso.
Los lectores ordinarios pueden pugnar por todas estas acciones. Antes de su muerte, Paul Simon dijo que si tan sólo 100 personas en cada distrito del Congreso estadounidense hubieran exigido un alto al genocidio en Ruanda, ese esfuerzo habría generado la determinación para detenerlo. Sin embargo, los estadounidenses no escribieron esas cartas a sus miembros del Congreso de Estados Unidos en esa época, y tampoco las están escribiendo actualmente.
Es todo un desafío encontrar las herramientas apropiadas de política para confrontar el genocidio, pero eso no es el mayor problema. El aspecto más difícil de encontrar es la voluntad política.
Pese a todas mis críticas dirigidas a Bush, él ha enviado toneladas de ayuda humanitaria y ha despachado cuatro veces en este año al Subsecretario de Estado, Robert Zoellick, a Darfur. Sin embargo, se necesita hacer mucho más.

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