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| Símbolos. El City-Hochhaus, el edificio más alto de Leipzig, muestra imágenes que miden hasta 142 metros de altura y 33 metros de ancho. Los temas van desde Johann Sebastian Bach hasta el fútbol.
Foto: EDH |
El Diario de Hoy
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El Mundial de Alemania ha llegado. Se puede palpar sin dudarlo al observar las banderas naranjas con el logo del evento que cuelgan de los postes de luz de esta Leipzig de colores sucios que recibe a sus visitantes mostrando todas las contradicciones de un país unificado, pero no por ello unido.
Lo primero que hay que tener claro cuando se llega aquí es que esta ciudad, cuna de Johann Sebastian Bach, entre otros grandes de la cultura alemana y mundial, es la sede del sorteo de la fase final del Mundial 2006 para tender una mano fraterna a la antigua República Democrática Alemana, prácticamente olvidada a la hora de decidir las sedes donde se disputará el campeonato.
Leipzig es la única de doce ciudades que representa a la ex RDA en toda la estructura del torneo, hecho que le generó la primera gran controversia al Comité Organizador presidido por Franz Beckenbauer.
Esta es la razón principal por la que la Leipziger Messe, el predio ferial ubicado al norte y tan importante como cualquier otro del país, que es mucho, será el lugar donde mañana a partir de las 20:30 hora local se diga al mundo como se cruzarán los 32 seleccionados más importantes del planeta.
Iniciadora con sus plegarias y manifestaciones pacíficas de la revolución que derivó en la caída del Muro de Berlín, Leipzig es, a dieciséis años de aquello, la fiel muestra de que las dos Alemanias siguen existiendo, aunque las diferencias se acorten cada vez más.
Medios de transporte público que en un buen número recuerdan viejas épocas y edificios ruinosos demasiado cercanos al centro histórico son algunas de las diferencias que pueden establecerse a primera vista con Berlín o Colonia, en las que lo antiguo se funde perfectamente con el progreso.
El Mundial puede que sirva para limar esa separación desde lo estructural, aunque será difícil que los habitantes de occidente dejen de pensar en que la incorporación de sus compatriotas orientales ha sumido al país en su peor crisis económica de la post-guerra.
Luminarias
Por unas horas, esta ciudad de edificios barrocos y renacentistas mezclados con los planos heredados del comunismo, encantadora por su profusa vida cultural a pesar del atraso comparativo, será iluminada por las más importantes estrellas de todas las épocas: Pelé, que arribará hoy, Johann Cruyff, Roger Milla y Lothar Matthäus, entre otros (ver nota aparte).
El gran ausente será Diego Armando Maradona, a quien la FIFA invitó formalmente hace meses para que participara de la fiesta pero que no obtuvo respuesta del astro argentino. Diego prefirió tomarse unos días en Medellín, Colombia, junto a su amigo Mauricio Serna, ex jugador de Boca.
Quien sí confirmó su señorío fue Marco Van Basten. El conductor de Holanda vio pasar con ojos complacientes el despropósito de la FIFA de nombrar cabezas de serie a equipos como España o México antes de a su conjunto, lastrado por su no presencia en 2002: “Era algo esperable porque no estuvimos en el último Mundial. No podemos quejarnos.”
Lo dijo con el lema del torneo haciéndole de guardaespaldas. “A time to make friends”. Un tiempo para hacer amigos, un lema que los ciudadanos de Leipzig, en nombre de todos los alemanes orientales, quieren hacer suyos para estrechar lazos con los de afuera, pero principalmente puertas adentro.
Pelé encabeza a los ocho magníficos
El brasileño Pelé y el holandés Johan Cruyff serán dos de los encargados de extraer las bolas de los bombos en el sorteo para el Mundial de Alemania 2006.
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En movimiento. Goleo VI, la mascota de la Copa del Mundo, llega a la estación de Leipzig. Le esperan niños. Foto: EDH |
Entre los otros que repartirán la suerte entre las 32 selecciones participantes en el Mundial destacan también nombres como el camerunés Roger Milla, el alemán Lothar Mathaeus o el francés Christian Karembeu.
Completan la nómina personalidades menos conocidas internacionalmente como el sudafricano Lucas Radebe, el estadounidense Cobi Jones y el japonés Masashi Nakayama.
Mattheaus, actual seleccionador de Hungría y gran capitán de la Alemania campeona del mundo en Italia 1990, será la estrella local, mientras que Karembeu recordará a la Francia que arrasó a finales de los noventa, liderada por Zinedine Zidane, todavía en activo.
El carismático Milla, que sorprendió al mundo conduciendo a Camerún hasta los cuartos de final en Italia 1990, y Radebe, en el final de su carrera, representarán a Africa, mientras que Nakayama, presente en los Mundiales de Francia 1998 y Corea/Japón 2002, será la imagen de Asia.
Jones, mediocampista de Los Angeles Galaxy, hará promoción de un mercado que el fútbol ansía conquistar:nada menos que los Estados Unidos.

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