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Guatemala
El
Diario de Hoy
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La necesidad es la madre del ingenio humano. Los caficultores guatemaltecos
han experimentado esto en carne propia. El crecimiento de las empresas
tostadoras de café es asombroso.
Después de que durante muchos años le dieron la espalda
al mercado nacional, ávidos por hacer negocios con las exportaciones
del grano, se vieron obligados a impulsar el consumo del aromático
entre sus coterráneos.
En una reunión con periodistas, el presidente de la Junta Directiva
del Grupo La Fragua, Fernando Paiz, comentó que antes casi se les
rogaba a los tostadores de café para que vendieran su producto
a la cadena de tiendas Paiz. Ahora, señala el empresario, son cientos
de compañías las que se dedican a esta actividad.
Hoy en día, esas fábricas, entre pequeñas y medianas,
se afanan por colocar su producción en los diferentes supermercados
y tiendas de Guatemala.
En los días precedentes a la crisis mundial del café, los
productores tenían sus ojos puestos en los precios del mercado
internacional.
El grano salía al exterior sin ningún valor agregado, pero
ahora en todo el territorio nacional proliferan las cafeterías
con buen servicio, en las que predomina la comercialización de
cafés gourmet, que sólo eran servidos en los mejores restaurantes
del extranjero.
Este cambio se debe a la puesta en marcha de un Programa de Incremento
de Consumo Local, promovido por la Asociación Nacional del Café.
Los guatemaltecos cuentan ya con un abanico de marcas de cafés
para escoger, en el que existe variedad de precios ajustables a su bolsillo
(Siglo XXI).
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