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La Nota del Día
La consigna es proteger al compinche

Si hay impunidad contra violadores, plagiarios y asaltantes, pues también la habrá para aquellos que han desvalijado a sus comunidades

Publicada 7 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Hace mucho que ha caído en desuso la vieja frase “la mujer del César no sólo tiene que ser honesta sino también parecerlo”; hoy en día además de actuar como sinvergüenzas resulta que muchos, miles de miles, en efecto lo son. Como son los involucrados en el caso de Mides, valga decir un número de alcaldes y concejales efemelenistas del Gran San Salvador.

De descuidarnos, nuestro país puede caer, si no ha caído ya, en una cultura de bandoleros, donde lo que interesa no es la conducta y el comportamiento de un individuo, sino la protección que le brinda el grupo o la banda a la que pertenece. El poder y las influencias de los secuaces es lo que determina la impunidad con que un individuo pueda actuar.

El caso de Mides y los concejales es muy revelador al respecto. Lo que se espera de un partido político, una cofradía o una familia, es que repudien y expulsen de su seno a los miembros cuya conducta y procederes están reñidos con la moral o la ley. Hace pocas semanas, tres jóvenes en Estados Unidos entregaron a la justicia a su padre, a quien identificaron como ladrón de bancos. Su amor filial y el agradecimiento que guardan por su progenitor, no fue impedimento para cumplir con su deber de ciudadanos.

Volvamos a lo de Mides. Si bien la ilegalidad de empresa fue impugnada, lo verdaderamente
grave no es eso, sino que el montaje fue hecho para desplumar a los vecinos del área metropolitana. Los alcances y el descaro del saqueo perpetrado se recogió en una serie de crónicas de EL DIARIO DE HOY, extenso trabajo que fue documentado en cada una de sus facetas. Y en esto hay cosas que no necesitan escarbarse más para demostrar el robo: se pagaron veinte y tantos millones de dólares por asesoría en la construcción de un agujero que costó cinco. Como cuando, ya lo dijimos, un hombre que construye una casa de cien mil dólares, paga un millón por los planos.

Las maras como movimiento social

ARENA ni ningún partido de derecha o de centro hasta donde sepamos, respalda o protege a individuos que en forma pública y abierta violan la ley o son culpables de delitos graves. No lo hace aun cuando el personaje tenga alguna popularidad, partiendo del hecho de que la popularidad no vuelve a nadie impune.

Con los comunistas sucede lo contrario: proteger al compinche es la regla, se trate de un secuestrador, un acusado de violar menores o un ladrón de bienes públicos. Por eso es que tantos mareros salen libres tan pronto los llevan a los tribunales; las maras son parte del “movimiento social” de la extrema izquierda, la carne de cañón de la violencia. Hay violencia porque hay impunidad, y hay impunidad porque esa es la consigna de la izquierda. Y si hay impunidad contra violadores, plagiarios y asaltantes, pues también la habrá para aquellos que han desvalijado a sus comunidades. Un agujero que costó cinco millones de dólares es la excusa para ordeñar sesenta al Gran San Salvador. Y los autores del saqueo van de nuevo como candidatos, como van de candidatos los culpables de la destrucción durante los años de la locura.


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