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Sistema de partidos
Cambios en las elecciones
La Asamblea se mejorará con hombres
más libres, de mejor personalidad y con el apoyo real de los electores,
logrando mejores acuerdos entre sí. Exijamos esto
Publicada 6 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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| Roberto
López-Geissmann*
El
Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Siempre es sano cuestionarse. Revisar nuestro entorno y nuestras reglas.
Discutir, analizar, meditar. El cambio no es bueno porque sí, el
hombre lo convierte realmente en mejora a través de su discurrir,
con su espíritu crítico y buscando lúcidamente aquello
que pueda ser superior.
Pero en algunos temas pareciere que el mundo moderno quisiera que se acabaran
de una vez todas las discusiones, que se dieran por establecidos ciertos
“principios sagrados” de tal forma que el sólo cuestionarlos
sea ya un índice de patología u oligofrenia. Uno de ellos
es el del sistema de partidos y elecciones. Soberbios, inquisidores disfrazados
de todo lo contrario, perversos Fukuyamas que quisieran detener la historia
y el pensar y hacer del hombre, quieren, entre otros, que no se toque
el fondo filosófico del sistema.
Quiero dejar sentado, como punto primero, que en nuestro país y
época es posible encontrar todavía gente preocupada y no
dominada de forma mediática a la que nos hubiese interesado reflexionar
sobre la anterior posibilidad, pero que realistamente admito que es imposible,
dejando sólo anotado el imperativo ideal de discutir hasta la médula
este triste sistema.
Reflexiones dentro de lo posible.
Dejando de lado la metapolítica, adentrémonos en aspectos
más prácticos del fenómeno, así:
-Proporcionalidad en los consejos... Opino de manera negativa, no por
principio, sino por realismo.
Una situación eventualmente positiva en un futuro, siempre que
la cultura de la clase política dirigente se superara. No se puede
poner la carreta delante de los bueyes. Ni siquiera la iniciativa del
Dr. Calderón Sol de que tuvieran “representantes” la
siento valedera, pues para eso están los cabildos abiertos. No
suma nada a la gobernabilidad.
-El voto residencial... No me parece la gran maravilla, pero debiera hacerse
siempre que no vaya a resultar carísimo. A propósito, es
inconcebible que el DUI se cobre en función de cambiar simplemente
la dirección, es onerosísimo para la ciudadanía.
¡Protestemos!
-Voto de los hermanos lejanos... Delicado punto. Para ubicarlo hay que
dejar de lado el cálculo partidista y coyuntural e ir al fondo.
Dicen que tienen derecho porque mandan dinero ¿y si extranjeros
invierten más aún, también tendrían ellos
derecho? No es sólo eso, es que son salvadoreños. Por allí
vamos mejor, pero ¿alguien que se establece en otro Estado con
pretensiones de vivir allí por años o para siempre, incluso
buscando ciudadanía permanente y que además no está
tan al tanto de nuestros problemas... lo será?
-Votar por personas, hasta con sus fotos... La mejor, más importante
y urgente reforma. Así nos podremos liberar de aquellos personajes
cansinos y aburridos que su mayor gracia es ser sumisos y que a menudo
son arrastrados por elementos que van más atrás en la planilla.
Así, el ciudadano podrá escoger (lo más normal) a
una mayoría de su partido preferido, pero posiblemente vote por
alguno de otros partidos, incluso alejados a veces.
La Asamblea se mejorará con hombres más libres, de mejor
personalidad y con el apoyo real de los electores, logrando mejores acuerdos
entre sí. Exijamos esto.
-Circunscripciones electorales... Negativo de mi parte si lleva a la pretensión
de que los diputados representen sólo a los votantes de ese sector
y no a todos los salvadoreños. El espíritu cívico
y filosófico de esto último es superior y más digno
de una verdadera comunidad republicana, que la circunscripción,
copia provincial basada en fundamentos distintos de una nación
con un desarrollo del todo diferente a la nuestra.
-Composición del TSE... Absurdo hablar de “apolíticos”,
pero sí es posible el encontrar a gente honesta y capaz sin compromisos
partidistas.
*Lic. en Ciencias Políticas.
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