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Economía para todos
¡Aló!, ¡click! (... y sin subsidios)

La característica fundamental de Silicon Valley, y que fue su sello distintivo desde un primer momento, es que siempre gozó de un ambiente excelente para el desarrollo de nuevos negocios

Publicada 6 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


En el año 1876 Alexander Graham Bell presentó una máquina a la cual llamó “Electrical Speech Machine”, que es algo así como “máquina del habla eléctrica” (¿!), y que no debería ser confundida con la “Electric Light Orchestra”, banda de música que está por venir a tocar a El Salvador (aunque quizás sí tengan algo que ver, porque ambas son más o menos de la misma época...).

A la invención de Bell, afortunadamente, luego le cambiaron el nombre por uno más descriptivo y amigable, y que a usted seguramente le debe “sonar” bastante, porque me estoy refiriendo al teléfono.

Un tiempo después, exactamente en el año 1900, George Eastman lanzó al mercado la cámara fotográfica Kodak Brow-nie, la cual no sólo solucionó varios inconvenientes que tenía la incipiente técnica fotográfica, sino que además permitió lograr algo mucho más importante.

En efecto, lo que Eastman consiguió con ese modelo (además de dinero, obvio…), fue poner la fotografía al alcance del gran público, ya que hasta ese momento no había pasado de ser una extravagancia de ricos y famosos, por su alto precio.

La nueva máquina Kodak Brownie, por el contrario, pudo ser lanzada al mercado a un precio de apenas un dólar, mientras que el rollo costaba sólo 15 centavos.

Incluso hoy en día, a las invenciones de Bell y de Eastman se las pueden encontrar juntas en un mismo aparato, en versiones incomparablemente más avanzadas que las originales, en las tiendas de cualquier ciudad del mundo: teléfonos celulares con cámara fotográfica incorporada.

Tanto la invención del teléfono como la de la Kodak Brownie son estadounidenses, ya que si bien Bell había nacido en Escocia, la realidad es que hizo toda su carrera profesional en Boston, Esta-dos Unidos. Eastman, por su parte, era neoyorkino, y ninguno de los dos recibió subsidios estatales para alcanzar sus invenciones, pues en aquellos tiempos no existían esas cosas…

También en la actualidad los principales avances en las industrias de la computación y de la alta tecnología se producen en los Estados Unidos, con un relativamente bajo nivel de subsidios estatales, siendo el Silicon Valley (o “valle del silicio”, por la importancia que ese material tiene en la electrónica), de California, el centro mundial de tales actividades.

Su historia comenzó a principios de los años 1950, cuando Frederick Terman, visionario Decano de la Escuela de Inge-niería de Stanford, decidió propiciar la creación de un parque industrial, por entonces modesto, en unos terrenos baldíos cercanos a la Universidad.

La característica fundamental de Silicon Valley, y que fue su sello distintivo desde un primer momento, es que siempre gozó de un ambiente excelente para el desarrollo de nuevos negocios: muy pocos obstáculos para la creación de empresas, gran facilidad para la captación de capitales dispuestos a tomar riesgos empresariales, y amplia disponibilidad de personas con buena formación técnica.

El permanente desarrollo de la tecnología de computación, justamente en ese lugar, no es más que una simple consecuencia de esas tres condiciones, siendo importante destacar que todo ello ocurre con un nivel muy bajo de subsidios estatales.

Europa adoptó siempre el camino opuesto, subsidiando la tecnología, lo cual produce los “arranques seguros” (¿seguros?) que les gustan a los burócratas (¡ooops!), pero no las empresas competitivas que exigen los mercados mundiales.

No casualmente los europeos están lejos de poder mostrar resultados de innovación tecnológica similares a los de Estados Unidos (de rentabilidad ni hablemos…), pese a tener muy altos niveles de inversión en Investigación y Desarrollo (I&D, tal como se suele abreviar en español). La diferencia está en el incentivo empresarial.

A principios de noviembre apareció publicado en el Financial Times un interesante artículo sobre las innovaciones tecnológicas y su relación con las inversiones en I&D, en el cual su autor, un reconocido investigador llamado Michael Schrage, resumía su observación diciendo que “el verdadero desafío de la innovación no es lo que los innovadores producen, sino lo que los clientes finalmente adoptan”.

Mientras que en el Silicon Valley todos los días se hace realidad el sueño de “The Mamas and The Papas”, que era “Cali-fornia dreaming”, en Europa siguen corriendo atrás del “Últi-mo tren a Londres”. No es difícil decidir a quién debemos copiar en Latinoamérica.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires) Columnista de El Diario de Hoy.

 

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