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El
Diario de Hoy
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La única forma de garantizar la calidad de las medicinas es a
través de controles realizados por laboratorios independientes.
La mayoría de fábricas de medicamentos mantienen estrictos
controles de calidad sobre lo que producen y cuidan con todo celo su reputación,
pero no es suficiente la palabra de cada productor pues habrá un
número de ellos que no cumple con lo que ofrece.
Aquí en el país, se venden y se dispensan medicamentos inadecuados,
nocivos y peligrosos para las personas que los ingieren. Hace poco tiempo,
el ISSS entregó a pacientes que padecen presión alta, pastillas
que no se disolvían y que sólo Dios sabe los perjuicios
que causaron. Semejante barbaridad quedó impune, lo que sienta
nefastos precedentes.
Nadie fallece por tomar una pastilla de aspirina que no llena las plenas
especificaciones, pero sí pueden morir personas que sufren enfermedades
crónicas o muy graves cuando la medicina es de inferior calidad,
o simplemente hecha con fórmulas e ingredientes distintos a la
norma. No cuesta enumerar dolencias que se deben tratar con medicamentos
que pasen todos los controles necesarios, aplicados por reconocidos laboratorios
internacionales.
No es suficiente, en ningún caso, la garantía de la propia
fábrica, pues “esta sí, la otra no”: es difícil,
o imposible, hacer un listado de productores autorizados en países
pequeños con un historial de violaciones a normas.
Enfermedades y dolencias críticas que requieren medicamentos de
alta calidad son, como ejemplo, las siguientes: problemas cardíacos;
pacientes con trasplantes; dolencias renales; tratamientos de próstata;
enfermedades de tiroides; alta tensión sanguínea; glaucoma
y enfermedades de ojos; enfermos de cáncer bajo tratamiento; pacientes
con tuberculosis; enfermedades gástricas crónicas; cáncer
de la piel; enfermedades de médula.
La lista se puede continuar para incluir dolencias, como decimos, que
al no ser tratadas con las medicinas adecuadas y de norma, pueden volverse
mortales o agravarse.
Anden confesados y comulgados
Incomprensible resulta, a esta luz, la decisión de las autoridades
del ISSS de suprimir requerimientos de control para productos de uso muy
delicado, dejando que sean los mismos fabricantes los que de palabra certifiquen
lo que elaboran, como cuando el auditor de una empresa es el contable
de la misma, o el bodeguero se encarga de avalar los inventarios.
Hay más. De acuerdo con reformas hechas por el ISSS, es suficiente
que un productor haya solicitado autorización para suministrar
medicamentos, para que pueda venderlos a la entidad. Es decir, cualquier
persona hace la solicitud, fabrica pastillas con harina de trigo, y las
vende como tratamiento para cáncer de colon o para pacientes que
han recibido un trasplante de riñón.
A esto se agrega la petición de hacer una compra “de emergencia”
por diez y seis millones dólares de productos medicinales, es decir,
sin pasar ninguna clase de concurso. Se abren las puertas para asignar
“cherocráticamente” compras millonarias de medicinas
que no han pasado controles internacionales y para tratar dolencias de
gran riesgo para los pacientes. Se está jugando con vidas humanas.
Se sospecha desde hace tiempo que en el ISSS los encargados de comprar
medicinas participan, per interpósita mano, en las ventas; las
recomendaciones coinciden con lo que se adquiere. En cuanto a los pacientes,
que anden confesados y comulgados.

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