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La Nota del Día
Si no hay controles no son confiables

Nadie fallece por tomar una pastilla de aspirina que no llena las plenas especificaciones, pero sí pueden morir personas que sufren enfermedades crónicas o muy graves

Publicada 6 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La única forma de garantizar la calidad de las medicinas es a través de controles realizados por laboratorios independientes. La mayoría de fábricas de medicamentos mantienen estrictos controles de calidad sobre lo que producen y cuidan con todo celo su reputación, pero no es suficiente la palabra de cada productor pues habrá un número de ellos que no cumple con lo que ofrece.

Aquí en el país, se venden y se dispensan medicamentos inadecuados, nocivos y peligrosos para las personas que los ingieren. Hace poco tiempo, el ISSS entregó a pacientes que padecen presión alta, pastillas que no se disolvían y que sólo Dios sabe los perjuicios que causaron. Semejante barbaridad quedó impune, lo que sienta nefastos precedentes.

Nadie fallece por tomar una pastilla de aspirina que no llena las plenas especificaciones, pero sí pueden morir personas que sufren enfermedades crónicas o muy graves cuando la medicina es de inferior calidad, o simplemente hecha con fórmulas e ingredientes distintos a la norma. No cuesta enumerar dolencias que se deben tratar con medicamentos que pasen todos los controles necesarios, aplicados por reconocidos laboratorios internacionales.

No es suficiente, en ningún caso, la garantía de la propia fábrica, pues “esta sí, la otra no”: es difícil, o imposible, hacer un listado de productores autorizados en países pequeños con un historial de violaciones a normas.

Enfermedades y dolencias críticas que requieren medicamentos de alta calidad son, como ejemplo, las siguientes: problemas cardíacos; pacientes con trasplantes; dolencias renales; tratamientos de próstata; enfermedades de tiroides; alta tensión sanguínea; glaucoma y enfermedades de ojos; enfermos de cáncer bajo tratamiento; pacientes con tuberculosis; enfermedades gástricas crónicas; cáncer de la piel; enfermedades de médula.

La lista se puede continuar para incluir dolencias, como decimos, que al no ser tratadas con las medicinas adecuadas y de norma, pueden volverse mortales o agravarse.

Anden confesados y comulgados

Incomprensible resulta, a esta luz, la decisión de las autoridades del ISSS de suprimir requerimientos de control para productos de uso muy delicado, dejando que sean los mismos fabricantes los que de palabra certifiquen lo que elaboran, como cuando el auditor de una empresa es el contable de la misma, o el bodeguero se encarga de avalar los inventarios.

Hay más. De acuerdo con reformas hechas por el ISSS, es suficiente que un productor haya solicitado autorización para suministrar medicamentos, para que pueda venderlos a la entidad. Es decir, cualquier persona hace la solicitud, fabrica pastillas con harina de trigo, y las vende como tratamiento para cáncer de colon o para pacientes que han recibido un trasplante de riñón.

A esto se agrega la petición de hacer una compra “de emergencia” por diez y seis millones dólares de productos medicinales, es decir, sin pasar ninguna clase de concurso. Se abren las puertas para asignar “cherocráticamente” compras millonarias de medicinas que no han pasado controles internacionales y para tratar dolencias de gran riesgo para los pacientes. Se está jugando con vidas humanas.

Se sospecha desde hace tiempo que en el ISSS los encargados de comprar medicinas participan, per interpósita mano, en las ventas; las recomendaciones coinciden con lo que se adquiere. En cuanto a los pacientes, que anden confesados y comulgados.


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