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Impunidad
La prueba para la justicia

PRETENSIÓN. La Fiscalía tiene que potenciar las pruebas contra Brian en los cuatro meses que un juzgado le ha dado. El plazo se acaba el 21 de marzo de 2006, cuando sea la audiencia preliminar. Allegados a la víctima y al presunto victimario dicen tener más dudas que respuestas del crimen. Tras el asesinato, Brian cobró dos seguros que su padre le había dejado.

Publicada 4 de Diciembre 2005 , El Diario de Hoy

De resultar culpable, Brian podría regresar dos seguros de vida.

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El asesinato de José Mauricio Cruz Alas no estuvo motivado por el rencor, como lo dijo la policía y la Fiscalía cuando capturaron a Brian Mauricio Cruz López, hijo de la víctima y sospechoso del crimen.

Para familiares de ambos, lo anterior es un hecho muy sutil como para que “el hijo consentido”, haya asesinado bestialmente a su padre, quien le concedía todos los caprichos materiales a pesar del bajo perfil escolar que Brian mostraba en un colegio caro.

Lo que queda en claro es el sentimiento de frustración y confusión entre los parientes de la víctima y del supuesto victimario.

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La frustración es porque el asesinato va camino a ser uno de tantos a cuyos responsables los cobija la impunidad. La confusión es por la maraña de dudas que no han sido despejadas.

Su lógica les dice que si en un año no se pudo fortalecer los indicios que incriminan a Brian, menos ocurrirá en cuatro meses, plazo que un juez ha dado a la Fiscalía para finalizar las pesquisas para esclarecer el crimen.

Familia no ha acusado a nadie

Los Cruz dicen que no han acusado a Brian, pero por supuesto que se sienten agraviados por el asesinato, y piden que quien resulte responsable, quienquiera que sea, reciba su castigo.

En el proceso judicial contra Brian no hay ningún señalamiento de algún familiar hacia el presunto.

Todos los que han declarado ante la Fiscalía se han limitado a decir lo que vieron la mañana del 14 de noviembre, cuando al regresar de una actividad religiosa, hallaron el cuerpo de José con veinte y tantas puñaladas y punzadas.

Todas las declaraciones varían nomás en pequeños detalles.

La víspera del homicidio José Mauricio le negó a Brian permiso de acompañar a su novia Jennifer Gómez, a su fiesta de graduación.

Ese mismo día Brian, antes irse a la cama pidió a su padre que ordenara la salida hacia el culto en el Tabernáculo Bíblico para las siete de la mañana y no más tarde como era costumbre.

Pero antes pidió a una empleada de la casa que le planchara una camisa que resultó ser la misma que hallaron manchada con sangre de José Mauricio, el 17 de enero de este año, cuando aseaban y ordenaban la habitación del presunto.

Ya en la mañana del 14 de noviembre, Brian exigió a una empleada de la casa que le entregara las llaves de la misma. Luego Brian se puso la camisa que había pedido y salieron hacia el Tabernáculo.

Las declaraciones también coinciden en que durante el oficio no vieron a Brian; pensaron que se había sentado en un lugar distante luego de estacionar el auto.

Luego, cuando el oficio acabó, tuvieron que esperar largo rato pues el muchacho no aparecía con el auto. Fue durante la espera que lo vieron llegar, solo, perseguido por un auto policial.

Los agentes dijeron que lo perseguían desde la zona del Estadio Cuscatlán, por conducir a excesiva velocidad e irrespetar un semáforo sobre la calle que pasa frente al referido estadio. Sin embargo, lo disculparon.

Cuando retornaban a casa, Brian pidió que no le comentaran a su padre sobre el incidente que había tenido.

Cuando llegan a la casa, fue Brian quien se bajó a abrir el portón, cuando habitualmente lo hacía una empleada.

Cuando el joven ingresó, desde un lugar donde no era visible el cadáver, gritó: “Han matado a mi papá”. Y eso fue todo. Brian no se acercó a tocar o mover a la víctima.

Luego, viene lo del comportamiento extraño. Brian no parecía dolido por su “pa”, como le decía.

Por el contrario, exigió dinero para ir a comprarse una hamburguesa, pues no se había desayunado y tenía hambre. Durante la velación hizo un berrinche por las llaves de un carro y al momento del sepelio, ni se acercó a echarle un último vistazo a su “pa”.

Otro testigo afirma haber visto a Brian, conduciendo a gran velocidad cerca de su residencia. Lo vio junto a un amigo suyo a quien el testigo sólo conoce con el apodo de “Gemelo”.

Fue la compaginación de todas esas circunstancias, sobre todo de las actitudes de Brian, lo que llevó a que la Fiscalía sospechara del vástago.

Lo que reforzó las dudas fue el hallazgo de la camisa del joven con manchas de sangre de su padre.

Hallaron la aguja mas no la viga

Sin embargo, un sólo defensor controvertió las acusaciones de la fiscal fundados en la falta aparente de conmoción de Brian ante el deceso de su padre. Antes de la audiencia inicial, la Fiscalía y la policía creían tener el sartén por el mango.

Una prueba científica les daba esa confianza: la camisa ensangrentada de Brian.
Sin embrago, el mismo abogado anuló esa prueba. Para el letrado no es posible que la prenda fuera hallada más de dos meses después de cometido el crimen, en la habitación de Brian.

Preguntó a la Fiscalía cómo explicaban el hecho de que los investigadores policiales hallaran un calzón que estaba dentro del bolsillo de un short de la víctima y no encontraron la camisa que estaba junto a otros trapos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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