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¿Por qué se debe enjuiciar a Sadam?

Importancia. Las pruebas de sus masacres serán una verdad histórica que nuevas generaciones no negarán w Al igual que las millares de víctimas del Holocausto


Publicada 5 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy

Imagen del dictador. EDH

The New York Times
Editorial de The Boston Globe
Internacionales
internacionales@elsalvador.com

Ramsey Clark, el ex Procurador General de Estados Unidos que fue contratado para servir como uno de los asesores por la defensa en el juicio de Sadam Hussein, dijo con respecto a los procedimientos legales que se reanudaron este lunes en Bagdad: “Es absolutamente imperativo un juicio justo en este caso para extraer la verdad histórica”. El comentario de Clark va al centro de la cuestión, aunque quizá no en la forma que él se proponía.

Clark, quien también participó en la defensa de Slobodan Milosevic, el ex presidente serbio acusado por un tribunal en La Haya por crímenes en contra de la Humanidad, estaba sugiriendo que ese cliente no sería hallado culpable en un juicio justo. Además, Clark al parecer ha estado insinuando que un juicio justo podría sacar a relucir la historia de colaboración intermitente por parte de los Estados Unidos con el ex dictador iraquí.

Sin embargo, existe otro significado latente en el comentario de Clark. Los impenitentes miembros del Partido Baath, partidarios de Sadam, están financiando y armando a grupos sunitas comprometidos con una guerra de guerrillas en contra de un gobierno electo. Ellos han sido acusados de tratar de organizar el asesinato del juez investigador del proceso y también quieren negar que los asesinatos en masa por parte de Sadam de iraquíes curdos, así como chiitas, árabes de áreas pantanosas, y sus diversos opositores políticos puedan ser juzgados por crímenes en contra de la Humanidad.

El propósito de un juicio justo contra el ex hombre fuerte de Iraq debería ser precisamente lo que Clark invocó: la documentación, ante una corte legal, de una verdad histórica que generaciones posteriores no puedan negar de manera plausible. Tan sólo hace falta considerar los esfuerzos recurrentes de quienes niegan el Holocausto para prever el peligro de que no se logre demostrar más allá de una duda razonable, en un proceso justo, la culpabilidad de Sadam -y la culpabilidad de su régimen- por los asesinatos de cientos de miles de iraquíes.

Idealmente, la búsqueda legal de la verdad histórica también debería incluir las guerras que él llevó a cabo en contra de Irán y Kuwait. Más de un millón de personas perecieron en la guerra de ocho años de duración que él desató en contra de Irán en 1980. No se sabe cuántos miles de iraníes murieron a causa de las armas químicas que usaron las fuerzas de Hussein en dicha guerra.

Justo de la forma en que el futuro de Iraq necesita ser construido sobre los cimientos de la verdad histórica, para que así la minoría de árabes sunitas no puedan negar nunca más las matanzas de curdos y chiitas a manos de baathistas. Es de importancia crucial que, por el futuro de la región, se reconozcan en un juicio justo los crímenes que Sadam perpetró en contra de los vecinos de Iraq y en contra de su propio pueblo.
Si la exposición de esos crímenes significa que instancias de colaboración estadounidense con Sadam en el pasado también sean expuestos, que así sea. Los iraquíes ya conocen esa historia.

Sadam, cuya tercera audiencia está programada para hoy en un tribunal de Bagdad, el ex dictador y otros siete acusados están siendo juzgados por la masacre de chiitas en la aldea de Dujail en 1982, tras un atentado fallido contra el entonces gobernante.
De ser culpables, los procesados podrían ser condenados a la pena de muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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