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Breve Análisis
Un buen policía
Es cierto que hay muchas otras cosas que
hacer y que se están haciendo, pero mientras no haya certidumbre
de castigo para los delincuentes el problema seguirá creciendo.
Publicada 5 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy
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| José
Luis Trigueros*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Conocí al entonces subcomisionado Menesses, hace aproximadamente
siete años, cuando yo era viceministro de Hacienda. Habíamos
probado cuanta idea pueda ocurrírsele al más ingenioso detective
sin poder mostrar más que insignificantes resultados en la lucha
al contrabando. Después de insistir reiteradamente con el ministro
de Seguridad Pública y con el director de la PNC, en la necesidad
de contar con la persona adecuada en la División de Finanzas, un
buen día me notificaron el nombramiento del subcomisionado Ricardo
Menesses.
Me impresionó de inmediato por su trato directo y franco, su capacidad
de mando, y la forma en que rápida y efectivamente se hizo cargo
de la situación, evaluando el trabajo que se había hecho
hasta la fecha, organizando los recursos disponibles, descartando sin
miramientos las mil excusas que siempre existen para no hacer bien un
trabajo y en fin, imponiendo orden, disciplina y claridad de objetivos
en una operación policial compleja, que enfrentaba adversarios
formidables.
En poco tiempo se asestaron duros golpes al contrabando, ayudando a la
efectividad cambios que el año previo se habían hecho a
la Ley de Contrabando, entre los cuales nos hicimos cargo de que era materialmente
imposible ganar un caso de contrabando por la vía penal, y se estableció
que si alguien no podía documentar la legalidad de la mercancía
en su posesión, se asumía que no era dueño de ella
y que por lo tanto pasaba a subasta.
La idea era, que al no haber otra alternativa realista, por lo menos pegarle
al contrabandista en el bolsillo.
A pocos meses de estar Menesses en la división de finanzas, el
tema de secuestros y el crimen organizado se volvió apremiante
para la sociedad y éste fue ascendido a la subdirección
de la PNC, para colaborar en la operación antisecuestros. El éxito
del esfuerzo se debió fundamentalmente a dos factores: por una
parte contar con la gente adecuada para dirigir la operación, y
por otra el incondicional apoyo que se le prestó por parte del
Gobierno, Poder Judicial, la Asamblea Legislativa y los medios de comunicación
en general. Se puede decir que la sociedad se volcó en apoyo a
los esfuerzos para combatir este terrible flagelo.
No es de extrañar el ascenso de Menesses a director de la Policía
Nacional Civil en el Gobierno del Presidente Saca. En poco tiempo vimos
cómo miles de mareros y delincuentes iban a prisión, abarrotando
la exigua capacidad de las bartolinas de la PNC.
No tardamos, sin embargo, en ver un desfile en sentido contrario. Ante
los ojos atemorizados de la población miles de delincuentes salían
libres. Al contrario de lo sucedido en situaciones anteriores, las opiniones
de los distintos actores en el drama que vivimos estaban divididas: Que
si hubo malos procedimientos, que si la policía es demasiado dura
con los delincuentes, que si el problema es la pobreza y el ambiente en
que se crían… etc.
Presenciamos continuamente revueltas en los penales en rechazo a medidas
de disciplina y numerosos asesinatos de custodios y testigos en una espiral
de violencia, que cada vez se vuelve peor, habiéndose superado
y con creces a estas fechas el número de asesinatos de 2004. Mientras
el país arde, el Poder Judicial no acaba de poner los pies en la
tierra y la oposición política trata de ver cómo
saca ventaja al problema.
Hacen falta cambios profundos en el esquema legal que rodea nuestro sistema
de Seguridad Pública, que está basado en temores al abuso
de poder y restricción de libertades cívicas, que francamente
pertenecen al milenio pasado. Hay dejar la politiquería de lado
y dar tanto a la PNC como a la fiscalía y al órgano judicial
las herramientas para que nuestro sistema funcione y que verdaderamente
penalice a los delincuentes.
*Lic. en Administración de Empresas
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