| Carlos
Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
De frágil papel de celofán cualquier lluvia suave las deshace
y cualquier ventarrón los arrastra al otro mundo lejano de las
piscuchas perdidas. Aquel dorado mundo de las ilusiones que quedó
perdido en la lejana niñez. En el tiempo de la inocencia cuando
éramos dichosos: tú, el viento y la birlocha voladora. El
niño creció y se hizo hombre, el viento se fue, buscando
el este de otras lunas y el cometa de papel se perdió entre la
ventisca.
Fue en las alas del amor y del ideal que nuestros dragones de papel cobraron
vuelo. Unos se fueron lejos -en la diáspora emigrante- cuando se
rompió el hilo frágil que los ataba a su tierra. Otros regresaron
con los vientos a volar y se quedaron en su cielo natal. Desapareciendo
en invierno y regresando en primavera austral. Como las florecitas del
campo que después de morir el año que pasó, regresan
en el nuevo albor.
Yo me preguntaba desde niño hacia dónde se iban mis cometas
perdidos. Igual así se fueron los delirios y utopías, arrastradas
por el vendaval. Pero siempre volvieron puntuales las piscuchas de octubre
y de noviembre, como sueños del despertar.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a Día
EL PAPEL DE ENADE
Primordialmente Enade debe cumplir con dos objetivos, como en parte lo
ha venido haciendo: el primero es fijar metas sensatas a los productores
y al gobierno; lo segundo es ocuparse de que se fortalezca y se proteja
el Estado de Derecho, se erradique la lacra de la violencia, se tomen
medidas contra la corrupción y se genere mayor confianza en el
sistema de gobierno, en eso que precisamente compartimos con la Civilización
Occidental.
El desarrollo económico, lo único capaz de superar la pobreza,
demanda que las mejores cabezas de una nación contribuyan con ideas,
críticas, vigilancia y mucha cordura a empujar el carro.
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