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“Sex and the Quijote city”

La Fil entró a su recta final. Mujeres dialogaron sobre el tipo de féminas creadas por Cervantes

Publicada 4 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Música. El grupo de rock mestizo La Sarita brindó su espectáculo en el recinto. Foto: EDH

Desde Guadalajara
Carlos Cañas Dinarte
Colaborador
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

El salón cuatro del recinto ferial Expo Guadalajara estaba repleto cuando aquellas cuatro mujeres ingresaron.
Pocos minutos después, la instalación se desbordó, por las carcajadas y reflexiones que aquel grupo hizo surgir de las gargantas y mentes allí reunidas, deseosas de escucharlas dialogar sobre las mujeres reales e imaginarias en “Don Quijote de La Mancha”.

Y es que el grupo era tan disímil y, a la vez, tan integrado, que casi parecía que aquel acto de voces y preguntas estaba ensayado desde varios meses atrás por ese fantástico grupo de mentalidades, quizá surgido de una adaptación local de las series televisivas “Sex and the city” o “Esposas desesperadas”.

Por un lado, la mesa estaba presidida por la madura periodista española Inmaculada de la Cruz, quien condujo las presentaciones y preguntas para la reconocida astrónoma y escritora mexicana Julieta Ferro y, para la intelectual Carmen Boullosa, quienes fueron acompañadas con las lecturas hechas por la bella actriz azteca Ana Colchero.

Con planteamientos jocosos y serios, pero de un feminismo bastante radical, ese grupo de mujeres planteó que Cervantes y Don Quijote eran vivos reflejos del pensamiento masculino de su tiempo, en el que eran comunes la violencia de género y el maltrato intrafamiliar.

Idealizadora


Dentro de esa lógica, las mujeres reales formaban un sector diferente e invisibilizado frente al grupo de damas idealizadas, al estilo de Dulcinea del Toboso, que no tiene nada que ver con Aldonza Lorenzo, la tosca campesina de la que la obra ofrece pocos y contradictorios datos, en contraposición a Teresa Panza.

Así, la poesía cervantina cumplió con su función transformadora de hacer que una mesonera o prostituta luciera, ante los ojos quijotescos, como una fémina de portes imperiales.

Para completar sus palabras, la Dra. Ferro hizo un despliegue de máscaras y otros elementos de su gabinete de física. Incluso, en algún momento abrió un libro y de él salieron volando varias mariposas de papel, que arrancaron aplausos de la concurrencia, que guardó para así esas maravillas artesanales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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