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Breve análisis
Merkel se presenta al mundo

De hecho, Merkel tiene muy poco que hacer después de su elección para dejar su marca en la política exterior; el cambio visible de estilo será suficiente, al menos al principio

Publicada 4 de Diciembre 2005, El Diario de Hoy


Christoph Bertram*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com


Por fin, Angela Merkel es la nueva --y primera mujer-- Canciller de Alemania. Aunque la continuidad seguirá siendo la marca distintiva de la política exterior, la actuación internacional de Alemania bajo Merkel sonará y se sentirá distinta a la que estuvo bajo el liderazgo de Gerhard Schroeder.

Schroeder llegó al poder hace siete años y representaba a una nueva generación cuyas experiencias formativas no fueron la Guerra Fría, la integración europea y la amistad transatlántica, sino la unificación alemana y el restablecimiento de la soberanía nacional. Para él y el equipo que llegó después de la administración de 16 años de Helmut Kohl, Alemania se había convertido en un país normal, igual a los demás pesos completos europeos como Francia e Inglaterra.

En efecto, una de las primeras experiencias de política exterior de Schroeder fue la cumbre de la UE de 1999, en la que los líderes de Francia e Inglaterra jugaron brusco con el recién llegado de Berlín. La lección que Schroeder aprendió fue que ya no se podía dar por descontada a Alemania y que tenía que exigir un papel acorde con su tamaño y su peso. La autoafirmación se convirtió en la palabra clave de la política exterior alemana.

Así, cuando Schroeder adujo circunstancias especiales, después de que Alemania no cumplió los techos presupuestales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea, parecía estar alegando que las restricciones se debían aplicar sólo a los países pequeños, no a los actores grandes.

Cuando se opuso con razón a la guerra de Estados Unidos contra Iraq, el orgullo de plantarse frente a la única superpotencia del mundo era palpable. Cuando estableció una relación personal y política cercana con el Presidente ruso Vladimir Putin, le envió al mundo --y a los sensibles miembros nuevos de la UE de Europa oriental-- la señal de que la política exterior alemana ya no estaría limitada por el pasado.

Con Merkel el fondo de la política exterior alemana no cambiará mucho, pero la postura afirmativa se moderará. Los líderes estadounidenses verán con agrado su elección como prueba de que el distanciamiento en las relaciones bilaterales ha terminado. Pero esa enajenación ya había acabado en buena medida hace algunos meses, cuando la administración Bush se dio cuenta de que era bueno tener aliados y que Alemania es un aliado importante. Merkel volverá a introducir la calidez que había faltado con Schroeder pero no se convertirá en servidora obediente de los Estados Unidos.

Tampoco abandonará las relaciones especiales con Rusia, a la que todo canciller alemán desde Adenauer ha dado gran importancia. Pero ya dejó en claro que los vecinos del Este de Alemania no tienen motivos para sentirse olvidados.

En cuanto al proyecto europeo, ella está tan comprometida con la integración como sus predecesores. Seguirá poniendo énfasis en las relaciones cercanas con Francia porque no hay alternativa; Inglaterra, ausente de la zona del euro y del régimen fronterizo de Schengen, sigue siendo el miembro diferente de la UE.

De hecho, Merkel tiene muy poco que hacer después de su elección para dejar su marca en la política exterior; el cambio visible de estilo será suficiente, al menos al principio. En cualquier caso, va a estar muy ocupada tratando de que se aprueben las reformas económicas por las que fue electa y que son su máxima prioridad. Hay indicios de que Alemania está saliendo por fin de un estancamiento económico que ha durado años, en parte gracias a las reformas que se dieron bajo Schroeder.

Al exterior, no tiene necesidad de demostrar que Alemania es un país grande de Europa; sus socios están plenamente conscientes de ello. Pero también es más que un país normal: Alemania sigue siendo esencial para mantener unidas las dos instituciones internacionales que le asegurarán su bienestar: la Unión Europea y la alianza atlántica. Hay ciertos indicios de que Merkel está más consciente de esto que Schroeder. Debemos esperar que esa conciencia le sirva de guía cuando haya que tomar decisiones difíciles y los cambios de estilo en sí mismos no sean suficientes.
Copyright: Project Syndicate.

*Director del Instituto Alemán de Estudios Internacionales y de Seguridad (SWP) de Berlín.

 

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